La capital del departamento definitivamente posee una deficiente línea de conducción del agua potable que lleva a nuestros hogares. Los cortes reiterativos que se han venido presentando durante el presente año, han sido provocados por un lado por las fuertes precipitaciones que se han venido presentando en la cuenca alta del rio las Ceibas.
La alta turbiedad supera las siete mil unidades. Genera la suspensión desde la planta de tratamiento del Jardín, que se colapsa por la cantidad de lodo que presenta el agua de este afluente del río Magdalena.
La gerencia de las Ceibas con todo su equipo de trabajo dispone de un equipo permanente para atender estas emergencias que privan del preciado líquido a los hogares neivanos.
Pero otro ingrediente entra a formar parte de este viacrucis que están padeciendo las comunidades en los últimos días, es la fragilidad de las líneas de conducción que se estallan en cualquier sitio de la ciudad. La emergencia ocurrida hace tres días, frente al sector de Reindustrias, demuestra lo afirmado en el presente comentario.
Una docena de vehículos resultados averiados por la fuerte explosión que provocó la rotura del tubo madre que conduce el agua al más del 50% de los sectores residenciales de la zona urbana de la ciudad.
Todos sabemos que muchas líneas han venido siendo restauradas, pero ha sido insuficiente, dada la antigüedad de éstas que se construyeron para una ciudad que solo tenía la cuarta parte de la densidad población que posee actualmente.
Por un lado, el intenso invierno, que estamos soportando por el cambio climático y por otro lado, la deficiente infraestructura que poseen las líneas de conducción del preciado líquido a los sectores residenciales.
Estas suspensiones transitorias en algunas horas del día, ha generado que se vuelva a repensar, cuál podría ser la solución expedita de las muchas alternativas que se deben emprender en el corto y mediano plazo, para evitar estas crisis, a la cual estamos sometidos los neivanos cuando se presentan grandes crecientes de éste.
Es indispensable que los próximos candidatos que aspiren a llegar al primer cargo administrativo de la ciudad planteen algunas estrategias que conduzcan a generar sinergias para superar esta clase emergencias.
Hay que estructurar un plan a largo plazo, para buscar nuevas fuentes de suministro de este preciado líquido, y renovar la totalidad de las redes de conducción, con el fin de atender la creciente demanda durante las próximas décadas.
Paralelo a lo anterior, también esta crisis que vivimos los neivanos, es producto, de la sumatoria de todo el daño y degradación ambiental, que de manera sucesiva y sistemática ha venido soportando la cuenca alta del río Las Ceibas.
Todos hemos sido cómplices de la desforestación implacable que en otrora se presentó. Los asentamientos humanos han desestabilizado las laderas que las han talado, con el fin de cultivar productos agrícolas, de manera antitécnica e inadecuada.
Cuando es alta la intensidad de las lluvias, en esta zona, se desprenden con facilidad, sedimentos y material vegetal que es lo que afecta las bocatomas de nuestro acueducto municipal. Así lo reiteran los dieciséis estudios técnicos que las anteriores administraciones municipales y las autoridades ambientales han contratado.

