Experiencia maravillosa, altísima, única y sagrada

TSM Noticias
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Como seres humanos que somos, habitamos en un mundo que nos colma de múltiples experiencias que vivimos de acuerdo al carácter o la madurez que poseemos; nos dejamos llevar por lo terrenal o mundano, o simplemente nos amarramos a esto y nos olvidamos de otros elementos fundamentales que tienen relación con lo espiritual y sagrado.

El fin de semana pasado viví lo que calificaría como una “Experiencia Maravillosa, Altísima, Única y Sagrada”, porque pude compartir con seres humanos como yo, frágiles o débiles frente a lo que el mundo nos presenta y que se convierte en brillante atractivo a los ojos del cuerpo, pero opaco realmente para los ojos del alma.

Maravillosa en la medida en que fue absolutamente extraordinaria, al punto que piensa uno, cambiaría cualquier otra experiencia ya fuera de diversión, fiesta o paseo por volverla a vivir.

Altísima porque fue un acercamiento con Dios increíblemente hermoso, algo que tal vez jamás había experimentado, pues a partir del sufrimiento, la tristeza y el dolor nacen  la felicidad, la tranquilidad y la paz verdadera.

Única debido a que realmente hay que vivirla para describirla, pues se vuelve inconfesable en la medida en que surgen una cantidad infinita de sentimientos, de fuerzas y de emociones que invaden a quienes están coexistiendo en dicha experiencia.

Y sagrada porque realmente es sacra, santa, pura, de entrega, de unión, de oración, de reflexión, de entrega a Dios, de acogimiento y de aceptación; algo que para un ser humano del común como yo o como muchos de los que tal vez están leyendo esta columna, se constituye en uno de los momentos más edificantes en este paso por el mundo terrenal.

Muchos piensan que la felicidad únicamente está en todo cuanto se puede conseguir, construir materialmente, comprar o adquirir a través del dinero, y no niego que hace parte de una satisfacción material que genera estatus, alimenta el ego, enaltece la vanidad y fortalece de alguna manera el autoestima, no obstante la riqueza espiritual unida a este otro deseo de progresar, prosperar y crecer, permite que la felicidad humana sea realmente sólida y estable.

Les estoy hablando de la experiencia de Emaús, un retiro espiritual al que muchos evaden porque no se consideran capaces de abstraerse del mundo de confort en que seguramente habitan, porque temen apagar su celular y renunciar a tener el control del tiempo por cerca de cuarenta y ocho horas, porque solamente pensar en que posiblemente van a estar durante extensos espacios de tiempo sumidos en apasionada oración les parece exagerado, sin saber realmente lo hermoso que les espera.

He querido escribir este artículo de opinión sobre este tema porque quiero compartir con todas las personas que pueda esta experiencia vivida por mí, para que si a bien lo tienen, se den la oportunidad y el regalo de experimentarla, con seguridad saldrán a decirme gracias por haber despertado mi interés y haberme conducido a compartir con otros seres humanos como yo, momentos sublimes de encuentro cercano con Dios.

Adenda:

“Hasta que quienes ocupan puestos de responsabilidad no acepten cuestionarse con valentía su modo de administrar el poder y de procurar el bienestar de sus pueblos, será difícil imaginar que se pueda progresar verdaderamente hacia la paz” San Juan Pablo II.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04

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