Estamos a tiempo

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Un adagio popular dice: “cuando el río suena, piedras trae”, es un poco lo que ocurre con la campaña electoral que elegirá el próximo presidente de Colombia. Las campañas de los candidatos que las firmas encuestadoras ponen como favoritos se han dedicado entre verdades y mentiras a sacar los trapitos al sol. No recordamos una contienda electoral más virulenta en los últimos 35 años.

Aunque las evidencias no logran probar los nexos de los candidatos con estructuras violentas, lo que sí es innegable, son sus simpatías por una u otra organización armada, criminales todas así se quieran pintar de defensoras de derechos.

Los nexos con los clanes electorales que promueven la corrupción son otro elemento característico de esas campañas, abundan los Benedetti, Euclides Torres, los Char, los Ciro Ramírez.

El país que queremos y necesitamos requiere de la colaboración de las gentes buenas y honradas y ellas están en todas las orillas, así tengamos maneras diferentes de ver cómo construimos la nación. Quien gobierne tiene la tarea de conciliar esas diferencias, no de profundizarlas, debe encontrar propósitos comunes que nos fortalezcan como sociedad y nos permitan arañar el progreso.

Las necesidades no se resuelven con decretos ni discursos, se atienden con recursos, con dinero contante y sonante, pero no con crédito a tasas escandalosas que desangran las escuálidas arcas oficiales e hipotecan nuestro futuro.

El empleo digno y bien remunerado únicamente lo pueden ofrecer empresas viables, con mercado seguro, sean del campo o la ciudad, vigiladas por el estado.

Acceso a educación de calidad, sólo es factible en aulas bien dotadas, sin hambre, con las herramientas de la tecnología de punta, con maestros capacitados y bien pagos.

Salud para todos requiere instalaciones hospitalarias, equipos médicos de última generación, personal médico contratado en condiciones y retribución acordes con su responsabilidad, suministro oportuno de medicamentos y con ingredientes activos.

Infraestructura de vías, redes eléctricas, acueductos de agua potable, vivienda, en general dotación necesaria para la vida y el crecimiento económico, todo es posible si existen los recursos para hacerlo, si la población tiene ingresos para contribuir con impuestos que alimenten el fondo común de la sociedad para avanzar; no valen decretos, leyes o normas que parlotean sobre la igualdad cuando no hay forma de materializarla.

Que no nos ocurra lo de Santiago Nassar en la crónica de una muerte anunciada: todo el pueblo sabía que lo iban a asesinar, pero nadie le avisó. Todos estamos advertidos de lo que nos va a ocurrir si gana alguno de los candidatos de los extremos, unos contra otros continuarán desangrando la nación, culpando a sus contradictores y terminaremos todos en el peor de los mundos.

Aún estamos a tiempo de elegir una opción seria y segura, ya probada como gobernante regional, a quienes sus adversarios para descalificar lo tildan de tibio, ese es el mayor crimen que le endilgan, nunca comparable con los que ellos o sus promotores exhiben.

Por: Libardo Gómez Sánchez – libardogomez@gmail.com
X: @libardogomezs

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