Estadio de Neiva, si es así que Dios os premien

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Hablar del estadio de fútbol de Neiva es abrir el expediente del escándalo más grande de corrupción que ha golpeado la infraestructura de la ciudad. Una adjudicación plagada de irregularidades, estudios técnicos incompletos y una ejecución que dejó más preguntas que respuestas.

El resultado: un escenario inseguro, inutilizado y convertido en un doloroso recordatorio de lo que pasa cuando la política se divorcia del interés público.

Soy crítico de la actual administración municipal, especialmente cuando las soluciones se diluyen entre el discurso y la foto oficial. Sin embargo, el caso del estadio no admite más espera.

La tribuna occidental, estructuralmente vulnerable y sin uso real, es un riesgo y una vergüenza. La única salida responsable es encarar su demolición y reconstrucción con un plan legal, técnico y financiero blindado contra cualquier vestigio de corrupción.

La posibilidad de acceder a un crédito para esta obra no solo es viable, sino que puede convertirse en una oportunidad para dinamizar la economía local: generación de empleo, reactivación del sector de la construcción, impulso al comercio circundante y atracción de eventos deportivos y culturales que devuelvan movimiento y vida a Neiva. No es gastar, es invertir con inteligencia y transparencia.

En este sentido, quiero dejar claro que mi posición es aprobatoria del crédito como un mecanismo legal permitido y necesario para dar solución definitiva al estadio. Hago un llamado respetuoso al alcalde Germán Casagua, a los concejales y a toda la ciudadanía para que, más allá de las diferencias políticas e ideológicas, pongamos la voluntad y los recursos al servicio de Neiva. Solo así podremos salvaguardar el patrimonio público y construir un legado que nos enorgullezca.

En este camino, el concejal ponente Sebastián Prieto y la plenaria del Concejo tienen en sus manos una oportunidad histórica: pasar de ser testigos a protagonistas del cierre definitivo del escándalo, convirtiendo un elefante blanco en un monumento al deporte neivano. Ser parte de esta transformación no es solo un acto político, es un legado.

Neiva merece que este capítulo se cierre con dignidad y no con más promesas rotas. El balón está en la cancha del Concejo y de la administración. Jugar limpio es la única estrategia aceptable. Porque de la mano de una ejecución impecable, este estadio puede dejar de ser una herida abierta y convertirse en símbolo de lo que somos capaces de hacer bien.

Y para todos los servidores públicos involucrados en esta decisión, recuerden que juraron cumplir y hacer cumplir la Constitución y la ley. Si es así, que Dios los juzgue.

Por: Andrés Felipe Guerrero
Abogado
Especialista Derecho Constitucional y Administrativo

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