Los continuos e impredecibles cambios a los que se enfrentan las organizaciones en el mundo actual exigen retos cada vez más complejos que garanticen resultados para sobrevivir en un mercado altamente competitivo. Esta condición requiere que los gerentes optimicen sus habilidades para liderar equipos, considerando características que antes parecían irrelevantes.
Se apunta sobre la necesidad de que el líder se convierta en facilitador de la transformación de las personas que integran los equipos, a través del desarrollo y crecimiento. La conformación de equipos de alto desempeño ha sido uno de los más importantes retos para las organizaciones en los últimos años, en cuanto se reconoce su importancia no solo para incrementar la productividad de las empresas, organizaciones e incluso del gobierno, sino también para consolidar procesos de gestión humana como estrategia fundamental para el fortalecimiento del talento humano y del desarrollo organizacional.
El liderazgo constituye un fenómeno altamente complejo, que no se limita a las prácticas que establece el líder, ni a las características individuales que este posea; involucra, también, la capacidad de autotrascendencia, su desarrollo integral como persona, sus habilidades para interactuar con los demás y con el ambiente, y su capacidad para liberar las potencialidades de sus colaboradores a través del reconocimiento de sus habilidades; en últimas, observar su diversidad y lograr establecer las sinergias necesarias para alcanzar los objetivos comunes del equipo.
Se han implementado varias estrategias para desarrollar las habilidades de liderazgo en los directivos, entre ellas el coaching, con el propósito de cualificar sus habilidades para dirigir personal, enfrentar adecuadamente los conflictos, favorecer procesos de negociación y lograr establecer comunicaciones efectivas y afectivas con sus colaboradores.
Lo anterior se considera una estrategia fundamental para responder a los cambios ocasionados por la globalización y la competitividad, fundamentada en la formación y desarrollo de competencias en los trabajadores. Estas competencias no solo se relacionan con conocimientos, sino también con el desarrollo de habilidades relativas a la gestión del desempeño, autoconocimiento, integración y compromiso. Cabe aclarar que para desarrollar estas estrategias se hace necesario que exista una flexibilidad individual, grupal y organizacional frente al cambio.
Las habilidades humanas y la visión compartida son predictores fundamentales para los procesos de interacción organizacional esenciales entre directivos y colaboradores. Las prácticas de liderazgo, por su parte, están asociadas a categorías fundamentales en los líderes efectivos, estas son la dirección de futuro, desarrollar a las personas, redireccionar la organización y gestionar las responsabilidades del cargo; esto con el fin de establecer procesos motivacionales, cualificar las competencias individuales y mejorar las condiciones de trabajo, desde este punto de vista, los líderes efectivos son aquellos que logran movilizar condiciones.
Establecer las competencias necesarias para la gestión de equipos de alto desempeño requiere delimitar los conceptos grupo de trabajo y equipo. Un grupo de trabajo es un conjunto de personas donde cada uno busca un resultado ante una tarea u objetivo específico.
El equipo de trabajo es un número más reducido de personas con habilidades complementarias, que se encuentran comprometidas con un propósito, un conjunto de metas de desempeño y un enfoque común, por los cuales son co-responsables.
Esta definición identifica la disciplina como elemento fundamental en el logro de los objetivos, operacionalizado en cuatro elementos que permiten que los equipos funcionen, estos son el compromiso y propósito común, las metas de desempeño, las habilidades complementarias y la responsabilidad mutua. Por tanto, existen diferencias importantes entre un grupo de trabajo y un equipo.
Cuando se habla de equipos de alto desempeño se piensa que todas las personas deben tener un alto nivel intelectual, altas competencias para desarrollar una actividad determinada; aunque estas características facilitarían el logro de objetivos, la clave está en encontrar personas con diferentes conocimientos y competencias para el logro de las metas, ubicar a las personas en función del perfil que se haya establecido para el cargo o las funciones, generar con ellos una dinámica de trabajo en equipo y establecer metas conjuntas que generen satisfacción para todos.
Una característica esencial es que los trabajadores puedan tomar decisiones con relación a la planeación, ejecución y control del trabajo. En este orden de ideas, se puede afirmar que la diversidad de habilidades y competencias fundamentadas en la confianza y la corresponsabilidad del resultado final garantiza el logro del objetivo del equipo.
Un aspecto fundamental en el proceso de desarrollo de equipos de alto desempeño es lograr una diferenciación en el liderazgo. Para liderar equipos es fundamental el compromiso frente a la misión; cada integrante debe responder por sus actividades, basarse en la confianza compartida hacia el éxito común, las diferentes interacciones y la distribución de objetivos, la confrontación constante y de crecimiento individual y grupal.
Por tanto, la función del líder es lograr el cumplimiento de los aspectos antes mencionados. Adicionalmente, el líder de equipos de alto desempeño debe tener una visión mucho más integral, conocer a cada uno de sus integrantes para generar sinergias en función de la organización, facilitar las diferentes estrategias para que la visión esté presente con responsabilidad y redes de apoyo estructurales y funcionales, para la innovación, priorizando el sentido, las relaciones y el trabajo paralelamente.
Un equipo de alto desempeño implica un alto nivel en la calidad de vida de cada uno de sus integrantes. En consecuencia, las exigencias en el ejercicio del liderazgo incluyen competencias humanas, profesionales y administrativas; se trata de generar procesos de calidad, procedimientos claros, estándares de bienestar individual, grupal y organizacional con el fin de reducir la exposición a factores de riesgo psicosocial.
Por tanto, el líder tiene también la responsabilidad de contribuir a la generación de climas laborales óptimos, funcionales y productivos a partir de las prácticas de liderazgo. Las competencias que requieren los actuales directivos involucran una serie de capacidades complementarias a las que tradicionalmente se necesitaban.
En primer lugar, el conocimiento teórico y práctico; en segundo lugar, conocer muy bien el negocio y el mercado, en tercer lugar, las competencias socio-organizativas, las cuales incluyen capacidades para coordinar, motivar y gobernar equipos de trabajo cada vez más heterogéneos. Frente a este último aspecto se destaca la necesidad de ser cada vez más competentes en conocer y manejar la multiculturalidad.
Las competencias para liderar equipos de alto desempeño han ido desplazándose hacia los recursos psicológicos requeridos para lograr relaciones interpersonales fundadas en la confianza, con un auténtico y profundo compromiso con la organización, así como con la generación de entornos laborales en los cuales los trabajadores logren el bienestar no solo como un derecho laboral, sino como un elemento que potencia la creatividad y la productividad.
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Por: María Fernanda Plazas Bravo – Twitter: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing Político – Comunicación de Gobierno
Universidad Externado de Colombia

