Entre el fuego y la esperanza

TSM Noticias
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«Si existiera un ranking para los países más incendiarios del mundo, Colombia estaría, sin duda, en los primeros lugares». Somos expertos en la indignación, pero en esa que no busca soluciones, sino que aviva el fuego y la devastación.

Me sorprende la facilidad con la que, como sociedad, preferimos incendiarlo todo antes de construir algo nuevo. Amamos sumirnos en la desesperación y nos motiva la desesperanza. Mostramos una cara feliz, pero por dentro nos ahogan los pesares y no logramos vislumbrar salidas distintas. Es comprensible, sí, pero también cuestionable.

Es comprensible porque nos acostumbramos a que nuestros políticos no solo manejen el rumbo del país, sino también nuestros estados de ánimo. Les entregamos incluso emociones, dejando que sus intereses personales se filtren en cada discurso: faltas de respeto, provocaciones, instigaciones. No conocemos otro lenguaje. Además, se suma una profunda desigualdad social y educativa, que nos empuja aún más hacia el abismo del negativismo. Continuamente estamos esperando al salvador de turno, al redentor, mientras se repite el mismo guion.

Pero es cuestionable, porque podemos ser más. Podemos promover nuevos caminos, nuevas oportunidades, solo pensando un poco más en positivo y saliendo de los mismos patrones que nos tienen así. El asesinato de un candidato político no puede ser la bandera para incendiar más, para hacer campaña política o apropiarse de un sentir que debe ser doloroso y no electoral. Y están los otros bandos, como los quiero llamar, porque aunque dicen ser “diferentes”, cada día se parecen más, con trinos fuera de lugar, promesas vacías y avivando el fuego.

Duele ver cómo crímenes atroces nos vuelven a unir, pero no para transformar, sino para seguir culpándonos mutuamente. Cada bando se declara portador de la solución y señala al otro como el problema. ¿Y si ambos son el dolor de cabeza? Necesitamos una medicina inmediatamente, personas con verdadera visión, pero como todo es un negocio y el mundo se mueve con el poder, ¿Qué podemos esperar nosotros, los simples mortales?

Sabemos cómo será la próxima contienda electoral. Predominará el eslogan trillado de “recuperar la seguridad”. Pero no dejo de preguntarme: ¿Cómo planean lograrlo? ¿Con más muertos, más desaparecidos, más pobreza? No vemos nuevos liderazgos ni ideas frescas que puedan motivar a quienes no nos sentimos parte de ningún bando. Porque mientras tanto, seguimos siendo el brazo que sostiene a los mismos de siempre, esos zancudos que solo buscan sangre para nutrirse y continuar el ciclo de malestar.

Independiente de esto, creo que podemos cambiar, dejar de ser una Colombia llena de odio, en la que las deudas pendientes por tantos años de conflicto se cierren con una paz verdadera, que nos permita dejar de mirar atrás y avanzar. No más campañas basadas en el dolor, ni votos impulsados por la rabia.

Soy una soñadora, sí. Y sueño con un país distinto: con transporte público gratuito, con niños y niñas en las escuelas, con las calles sin animales abandonados, sin pobreza, donde podamos caminar sin miedo alguno y a cualquier hora. Con una Colombia próspera, llena de ideales genuinos, que la mueva más lo positivo que lo negativo, en la que la paz no solo dependa de un gobierno, también de nosotros, y dejar de vernos como competencia entre nosotros. ¿Es mucho pedir?

P.D.: Lo del Estadio Guillermo Plazas Alcid fue literalmente un golazo. Resulta insólito que concejales que presumen de transparencia aprueben un crédito por 28.000 millones de pesos, en un gobierno que no ha ejecutado una sola obra visible y que ya tiene 80.000 millones de pesos cuyo destino desconocemos. Señores concejales, ustedes nos han decepcionado profundamente. Las fotos no mienten. Ya sabemos quiénes votaron a favor, para que les respondan en contra cuando llegue el momento. Basta de lo mismo.

Por: Daniela Muriel Trujillo
X (Twitter): @danielamuriel25 

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