En camino de hacer el cambio a las energías renovables

92 views
10 mins read

La transición energética debe acelerarse rápida y urgentemente. Sin embargo, el último informe del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) muestra que lo que en realidad se está acelerando es la brecha entre las promesas climáticas y la realidad.

Para alcanzar el límite de 1,5 °C, debemos reducir las emisiones globales en un 45 % en esta década. La realidad es que las emisiones globales de gases de efecto invernadero están en su nivel más alto jamás visto y las promesas actuales significarían un aumento del 14 % en las emisiones, lo que nos colocaría en línea para un calentamiento de alrededor de 3,2 °C.

La preocupación es que las presiones que presenta la situación actual pueden no hacer que una transición limpia sea la opción obvia, para superar las crisis de suministro a corto plazo.

Las energías renovables son la ruta más rápida y económica hacia una mayor independencia energética. La gran ventaja de la energía eólica y solar, particularmente en tierra, es que los proyectos se pueden desarrollar y poner en marcha más rápido y a escala que las alternativas fósiles.

El gobierno del Presidente Gustavo Petro, llega con una importante agenda sobre el cambio climático, esto implica que la entrante administración tiene una gran oportunidad para que el gobierno aborde los obstáculos en una ruta clara hacia la transición energética.

La transición energética global de los combustibles fósiles a las energías renovables, especialmente después de la pandemia del covid-19, ha provocado volatilidad de precios e incertidumbre en la demanda. La reciente crisis energética global ha agravado esto y ha demostrado que el mundo está a merced de la inestabilidad en el precio y suministro de los combustibles fósiles.

Colombia aspira a reducir condicionalmente sus emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en al menos un 30% para el 2030. Las contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN) en el país en virtud del Acuerdo de París incluyen el compromiso de reducir las emisiones fugitivas mediante la desaceleración de la producción de petróleo y carbón.

La nueva Ley de Transición Energética de Colombia, sancionada en julio de 2021, denota el compromiso para alcanzar los objetivos con respecto al cambio climático y lograr una matriz energética nacional con un balance neto de emisiones igual a cero.

Los datos y el diálogo participativo inclusivo serán fundamentales para delinear los caminos hacia una transición sostenible y para mantener un seguimiento de los compromisos climáticos.

En diciembre de 2020, el gobierno colombiano aumentó su Contribución determinada a nivel nacional (CDN) a una ambiciosa reducción de emisiones del 51% para 2030. Para redoblar sus esfuerzos de descarbonización, la Ley de Transición Energética de Colombia, incentivó el desarrollo de proyectos de hidrógeno verde mediante la introducción de recortes de impuestos. La ley también regula otras fuentes de energía, brindando certeza a las empresas que deseen desarrollar este tipo de proyectos.

Colombia todavía está rezagada con respecto a otros países de la región, como Argentina, Brasil y Ecuador, en términos del apoyo del gobierno a las energías renovables. A pesar de los avances, cabe señalar que Colombia sigue dependiendo de los combustibles fósiles para la autosuficiencia energética y de las industrias extractivas para la estabilidad macroeconómica.

Según datos oficiales, sin el desarrollo de proyectos de hidrocarburos no convencionales, Colombia tiene seis años de reservas de petróleo y siete años de gas natural. El próximo gobierno tendrá que equilibrar la importancia macroeconómica de la industria extractiva y el compromiso del país con la transición energética, que se espera aumenten la capacidad de fuentes no convencionales en un 12%.

Con una ley de transición energética que tiene un enfoque de movilidad eléctrica y una hoja de ruta de hidrógeno, los proyectos piloto geotérmicos están en marcha, junto con las metas de cero deforestación y una reducción del 51% en los gases de efecto invernadero para 2030, la transición energética de Colombia avanza a toda máquina y permanecerá sólidamente por el nuevo presidente.

La única pregunta es la velocidad y amplitud de la transición energética dada la importancia vital de las industrias extractivas para las arcas gubernamentales y la economía en general. Se buscará tanto el hidrógeno verde como el azul, este último en gran parte debido a la importante producción y reservas de carbón. Con proyectos piloto de hidrógeno que tanto Ecopetrol como Promigas han iniciado, Colombia está lista para ser líder en la transición energética de la región.

En el norte del país se proyecta la primera gran instalación eólica marina de Colombia, se hace evidente el deseo de iniciar una nueva etapa en la transición energética del país. Pero este no es el único proyecto en desarrollo.

Hay un gran entusiasmo por parte de otras grandes multinacionales por invertir en eólica marina, para lo que el gobierno colombiano ha marcado la política pública en la hoja de ruta que brinda una variedad de escenarios para el crecimiento de las fuentes de energía alternativas: las estimaciones más conservadoras elevan el crecimiento de la generación de energía renovable en tan solo 200 megavatios para 2030 y hasta 1 gigavatio de energía adicional durante el mismo período.

Cuando se trata de energías renovables, la transición debe centrarse en el desarrollo de energías que tengan un menor impacto en el medio ambiente. Existen múltiples opciones renovables que Colombia debería estar explorando, como la energía cinética e incrementando los proyectos de energía solar, porque cuanto más diversa es la matriz de generación, mayor es la confianza en el sistema eléctrico.

El tipo de energía renovable que se vuelva más prominente en Colombia será la que sea más segura, confiable y pueda equilibrar la compensación entre la ganancia económica y el costo ambiental, y también complemente las fuentes de generación convencionales como los hidrocarburos.

La transición debe centrarse en el desarrollo de energías que tengan un menor impacto en el medio ambiente. Colombia enfrenta inmensas decisiones y una importante transición por delante, tal como lo establece en su ambiciosa contribución determinada a nivel nacional (CDN).

Con el impulso del gobierno y todos los actores interesados, así como la voluntad política, el presidente Petro y su nuevo gobierno pueden aprovechar la oportunidad de obtener beneficios socioeconómicos de amplio alcance para el país y un futuro compatible con el clima.

Por: María Fernanda Plazas Bravo – Twitter: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing Político – Comunicación de Gobierno
Universidad Externado de Colombia

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Ir al contenido