El último logro del Gobierno Petro y los efectos del salario mínimo

TSM Noticias
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El Artículo 302 del Código Penal tipifica el pánico económico y sanciona a quien difunda información falsa o exagerada para alterar el mercado, desestabilizar la moneda o espantar el capital de los inversionistas; sin embargo, más allá del tipo penal, existe un indicador infalible para medir la salud real de un país: la inflación.

Si se dispara sin control, el consumo colapsa, como bien lo demuestran los espejos de Venezuela o Argentina; pero si cae al terreno de la deflación, la economía sencillamente se congela. El verdadero logro de un gobierno no radica en silenciar las alarmas, sino en mantener ese delicado equilibrio económico, que refleja el estado de una economía.

Para evaluar con rigor técnico la gestión económica del gobierno de Gustavo Petro, es indispensable revisar el punto de partida. En julio de 2022 (último mes completo de la administración de Iván Duque), la inflación mensual se ubicó en 0,81%, mientras que el acumulado entre enero y julio de ese año ya ascendía al 7,96% (un incremento de más del 129% en comparación con el 3,47% registrado en el mismo periodo del año 2021), demostrando que la Inflación venia en una tendencia alcista.

Por su parte, la inflación interanual a julio de 2022 (midiendo los últimos doce meses del gobierno Duque) alcanzaba un 10,21%, sin embargo, el cierre del año la inflación no paro de subir y se ubicó en un 13,12%: la cifra más alta en los últimos 23 años de historia de Colombia; Siendo leales con las causas de esa crisis, dicho comportamiento derivó del manejo, bueno o malo, de la pandemia del COVID-19 por parte del gobierno anterior.

Al asumir la presidencia Gustavo Petro, es necesario hacer una claridad técnica: los primeros cinco meses de un nuevo mandato (entre agosto y diciembre) no impactan de forma sustancial la tendencia económica de un país, ni positiva ni negativamente; Inclusive, el presupuesto del nuevo gobierno en ese tramo, sigue siendo el mismo que le fue aprobado por el Congreso al gobierno saliente, panorama que debe tenerse claro, para esta etapa del nuevo gobierno.

Frente a este panorama, cabe hacer una primera reflexión: ¿escucharon ustedes durante la campaña presidencial de 2022 o a lo largo de ese cuatrienio, titular a los medios masivos de comunicación sobre una «crisis financiera», una «deuda desbordada» o un «déficit fiscal histórico»? Absolutamente nada; Por el contrario, el gobierno de Iván Duque gozó de un blindaje mediático sistemático a pesar de la gravedad de sus indicadores.

A finales del año 2025, el gobierno Petro estableció por decreto un incremento del 23% al salario mínimo en Colombia, planteando enormes retos del sector productivo; tras la expedición de los decretos, se escuchó al unísono a sectores políticos de oposición, medios de comunicación, analistas financieros y gremios empresariales anunciar una hecatombe: aseguraban que la inflación se dispararía a niveles donde la crisis de Venezuela o Argentina “quedaría en pañales” a lo que viviríamos en Colombia.

El mes de Enero, siempre se ha categorizado como el de mayor impacto inflacionario, derivado de las nuevas tarifas, surgidas del aumento del salario mínimo, que siendo justos, fue increíblemente alto para el año 2026, pero si a este natural ajuste económico le sumamos el ambiente de catastrofismo fomentado desde los micrófonos, que llevó a que muchos comerciantes e intermediarios elevaran de forma preventiva los precios de sus productos, tuvimos como consecuencia un mes de  enero con la inflación mensual de 1,18%, momento en que los titulares tradicionales exclamaron un complacido y casi burlesco “se los dijimos”.

Sin embargo, el gobierno inició la ejecución de su estrategia económica (con muchos errores comunicacionales) logrando encauzar la senda inflacionaria, como lo demostraron sus resultados mes a mes, demostrando la tendencia bajista de la inflación: febrero (1,08%), marzo (0,78%), abril (0,78%), mayo (0,47%), junio (0,39%) y finalmente julio de 2026, el último mes completo de la era Petro, con apenas un (0,17%) (Por debajo del 0,81% que Duque le entregó a Petro).

Hace un tiempo publicamos en este medio la columna titulada “Los pros y los contras del salario mínimo de Petro para el 2026” (https://tsmnoticias.com/los-pros-y-los-contras-del-salario-minimo-de-petro-para-el-2026/), en la cual vaticinábamos que, si la inflación se mantenía en un rango de un solo dígito, se consolidaría un triunfo histórico, que nunca otro gobernante se había atrevido a realizar, elevar el salario real de los trabajadores y mejorar su poder adquisitivo sin desatar una espiral hiperinflacionaria, lo que sería un éxito rotundo.

Y esta realidad, se puede observar en los datos oficiales del DANE a julio de 2026 donde se empieza a confirmar esta tendencia:

Inflación acumulada: entre enero y julio 2026 (4,85%) (un -39,1% inferior al 7,96% al del gobierno Duque en el mismo periodo de 2022).

Inflación interanual: entre julio 2025 y julio 2026 (6,03%) (un -40,9 % inferior al 10,21% del 2022).

Proyección al cierre de 2026: Se estima entre el (6,1%) y el (6,3%).

¿Y entonces, qué hacemos hoy con la avalancha de titulares, entrevistas, editoriales y discursos políticos que pronosticaban la quiebra del sector empresarial, la desinversión y la miseria absoluta? Si fuéramos a encuadrar formalmente la conducta de quienes promovieron activamente esta zozobra bajo la tipicidad del artículo 302 del Código Penal sobre pánico económico, desbordando los límites del derecho a la libre expresión, no alcanzarían las cárceles del país para castigar por este delito a quienes incitaron una crisis inexistente.

¿Cuántos inversionistas nacionales y extranjeros se dejaron llevar por estos titulares? Basta recordar narrativas como la del dólar a $10.000 pesos, la fuga masiva de capitales, las olas migratorias, las expropiaciones y el control estatal de las empresas como el supuesto comunismo que veríamos durante este cuatrienio, pero que jamás sucedió.

Solo basta observar cómo hoy titulan el dato de la inflación de manera estratégica para sus intereses, destacando únicamente la variación interanual del (6,03%) por ser la cifra más alta y de mayor impacto negativo, mientras omiten deliberadamente el (0,17%) de julio o la constante tendencia a la baja registrada entre enero y julio. Asimismo, omiten nombrar el bajo impacto real que tuvo el salario mínimo sobre la inflación, un tema que durante meses usaron como caballo de batalla mediática y del que hoy ni se acuerdan.

Es increíble que, en plena era de la modernidad y con la facilidad de acceso a la información que existe hoy, aún haya millones de colombianos (desde los menos capacitados hasta aquellos que han contado con el privilegio de acceder a los más altos grados de educación formal) cayendo en la manipulación y la tergiversación mediática articulada por un grupo de actores que, de manera evidente, actuaron bajo un cálculo y un objetivo político preestablecido.

Lastimosamente, los medios masivos han dejado de ser guardianes de la verdad para convertirse en bastiones de poder; es claro que no tiene el mismo alcance la opinión expresada entre dos ciudadanos de a pie en cualquier esquina, que la difusión sistemática de guiones estratégicos por parte de comunicadores que, a través de un micrófono con audiencia de millones de personas, logran manipular la percepción pública según sus intereses, demostrando la facilidad con la que el cuarto poder, cataloga a cualquiera de bueno o malo cuando tiene el altavoz adecuado, confirmando así la trágica máxima de que una mentira repetida mil veces, tarde o temprano, se convierte en verdad.

Por: Óscar Eduardo Mazorra Otálora
Abogado y analista político e Internacional
Correo: osmazorra@gmail.com

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