Los periódicos están llenando páginas enteras con el ruidoso escándalo de los sobornos de Odebrecht, los noticieros de televisión y radio abren emisión con anuncios rimbombantes acerca del descubrimiento de un nuevo hecho de corrupción en nuestro maltratado y explotado país, mientras más de un mojigato abre sus ojos en señal de asombro y tapa su boca con las dos manos, exaltados por el hecho.
El escozor generado por los dineros sucios pagados por esta importante firma para cargarse con jugosos contratos de obra civil no solamente en Colombia sino en muchos otros países, es solamente el resultado de un hecho de perversión más de los muchos que carcomen nuestra inmensa y maltrecha nación.
Con seguridad solamente los más pendejos pagarán por estos delitos o seguramente con gruesa chequera lograrán dilatar los procesos, hasta que terminen en polvorientos archivos, como es costumbre en esta tierra macondiana; mientras la ya curtida opinión pública le hace la panela al tema mientras permite que se desvanezca de su memoria, dándole paso a más y más situaciones, algunas más grandes y otras más pequeñas, algunas de impacto nacional y otras de injerencia regional o local.
Por ahora la atención nos la roba Odebrecht, un conglomerado de negocios brasileño dedicado a temas de infraestructura (ingeniería y construcción), quien también participa en la fabricación de productos químicos y petroquímicos.
Este gigantesco pulpo corporativo, como mucho otros de mayor y menor tamaño, logran incursionar en el negocio de la construcción de vías y otras obras civiles por medio del pago de coimas que son recibidas a borbotones en nuestra dolorida patria, en pueblos pequeños y en grandes ciudades, sin que se haga mayor alharaca.
La optimización de los recursos públicos, la eficacia y eficiencia en la inversión de los mismos, y el juego limpio en la gran mayoría de procesos de contratación son solamente sueños que uno sueña, porque la realidad es otra, así se despierten este tipo de aparatosos escándalos que roban por un tiempo la mayoría de espacios noticiosos, permitiendo que los medios ganen más rating y logren vender mayores volúmenes de publicidad comercial.
Esperemos a ver si algún día vemos realmente que las autoridades aplican la ley y hacen verdadera justicia, porque hasta hoy lo que observamos es cómo los corruptos se pasan por la faja los controles y cada día se hacen más ricos.
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Por: Hugo Fernando Cabrera Ochoa – hfco72@gmail.com
Twitter: @Hufercao04


