El olvido de los niños y niñas en Colombia

TSM Noticias
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Siempre me he cuestionado: ¿por qué traen nuevos seres al mundo si no les van a garantizar todas las condiciones para ser felices y convertirse en personas íntegras en el futuro? Dependemos de la niñez para construir una nación, ¿por qué no vemos ello?

Resulta indignante ver cómo se nos ha olvidado lo que representan los niños y niñas en nuestro país. Muchos los ven como una «carga», otros como seres sin importancia, y algunos incluso los agreden, torturan o atentan contra sus vidas. ¿Qué clase de sociedad somos? ¿Por qué no valoramos lo que significan, no solo para el futuro, sino para el presente?

Cuando conocí el caso de la pequeña Antonella, quien falleció a causa de las heridas provocadas por su propia madre, no pude evitar conmoverme profundamente y cuestionar lo bajo que hemos caído como sociedad. Colombia, un país tan rico en biodiversidad, pero tan pobre en humanidad. Aún no puedo recuperarme del impacto, es devastador perder vidas inocentes de formas tan atroces.

En lo que va de 2025 hemos presenciado casos aterradores, como el de Freddy Arley Castellanos Velasco, docente del ICBF con más de 10 años de servicio, acusado de abusar sexualmente de al menos ocho niños de tres años en Bogotá. O el reciente caso de la menor de dos años en Manizales. Lamentablemente no son casos aislados, y no existen palabras que describan el horror que se vive en un país tan violento, en el que no se respeta ni siquiera el derecho a la vida.

Las cifras hablan por sí solas:  entre el 1 de enero y el 31 de marzo de 2025, el ICBF abrió 4.375 investigaciones por presunto abuso infantil, un promedio de 50 casos diarios. El 85 % de las víctimas fueron niñas entre los 12 y 18 años, seguidas por pequeños entre los 6 y 12 años. Hasta mayo, se han presentado 6.846 atenciones por la misma causa, siendo los hogares y las escuelas los sitios más recurrentes. Es increíble que los espacios donde más deben estar a salvo sean en los que más corren peligro. Es absurdo e injusto.

Además, durante el año pasado, en 31 de los 32 departamentos del país, 44.784 niños, niñas y adolescentes se vieron directamente afectados por el conflicto armado: desplazamientos, reclutamientos, asesinatos y violencia sexual. Está claro que no hemos superado la época del horror; vivimos en una espiral que sube y baja, pero que no se disuelve ni se termina. Seguimos atrapados en el mismo círculo vicioso, y mientras eso no cambie, jamás seremos una sociedad distinta, con menos desigualdad, menos pobreza y una economía más sólida. ¿Cómo podríamos serlo, si estamos destruyendo continuamente el futuro del país? Al atacar a los más inocentes, les arrebatamos todo tipo de esperanza.

¿Cuánto más tendremos que esperar para reaccionar y sacar a nuestra niñez del olvido? Como Estado, como ciudadanos, como sociedad, somos responsables. Basta ya de relegarlos. Ellos y ellas son el verdadero camino hacia ese país que tanto anhelamos.

Debemos reforzar las políticas de prevención del embarazo adolescente y hablar con claridad con los hijos sobre los diferentes métodos anticonceptivos. En pleno siglo XXI no podemos seguir recurriendo a mitos como que los bebés los trae la cigüeña o que nacen solo del amor de un beso, como en las películas infantiles, aclaro, para cada etapa de la vida se necesita una conversación.

PD: Si usted no está preparado o preparada para ser madre o padre, actúe con responsabilidad. La vida no es un juego, y traer hijos al mundo no puede ser el resultado del descuido o de una necesidad emocional no resuelta. La única razón válida para traer vida debe ser la voluntad de ofrecerles lo mejor de nosotros, no nuestras carencias.

Por: Daniela Muriel Trujillo
X (Twitter): @danielamuriel25 

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