Este fin de semana llegó a mi correo electrónico una reflexión que me pareció muy propicia, dados los infinitos brotes de corrupción que carcomen nuestra nación y la conducen al total deterior, originados en cada uno de los niveles y poderes que la conforman, lo cual se ha convertido en la gran cultura que cobija las actuaciones públicas, que ahora políticos sin moral y con un cinismo sin frontera endilgan también a las empresas privadas.
El documento del que hago mención dice así:
“El profesor João Alberto Guimarães, brasileño, en un intercambio con Europa, entró en una estación del metro de Estocolmo, capital de Suecia. Allí notó que había, entre muchos torniquetes normales y comunes, uno que daba paso libre gratuito. Entonces le preguntó a la vendedora de tiquetes el porqué de aquel torniquete, permanentemente libre para pasar y sin ningún agente de seguridad en las cercanías. La dama, entonces, le explicó que ese paso estaba destinado a las personas que, por cualquier motivo, no tuviesen dinero para pagar su pasaje.
Incrédulo, acostumbrado a la manera brasilera de pensar, no pudo evitar hacerle la pregunta que, para él era obvia: ¿Y si la persona tuviese dinero, pero simplemente no quisiese pagar?
La vendedora entrecerró sus límpidos ojos azules y con una sonrisa de pureza sobrecogedora, le respondió: ¿Pero por qué haría eso?
Sin poder acertar una respuesta, el profe pagó su pasaje y pasó por el torniquete, seguido de una multitud que también había pagado por sus tiquetes.
El paso libre continuó vacío.
La honestidad es uno de los valores más liberadores que un pueblo puede tener. Una sociedad que ha logrado transformar ese valor en algo natural, está en un estadio de desarrollo, sin duda, superior. Eso es educación también y antes que nada debemos cultivar este valor y transmitírselo a nuestros hijos, a nietos y alumnos, aun cuando no sea probable esperar lo mismo de la sociedad.
Su mundo cambia cuando uno cambia.
En contraste con esta sabia reflexión escuché también las declaraciones hechas por el Concejal de Neiva Carlos Posada en donde acepta que ha sido corrupto, que ha recibido coimas, dádivas y sobornos y me parece que debemos hacer un alto en el camino para evaluar nuestras actuaciones particulares y revisar en qué tipo de actos sucios hemos participado, haciendo un mea culpa y asumiendo un compromiso verdadero de cambio, es la única manera de modificar el destino de nuestra ciudad, departamento, región y país, de lo contrario estamos condenados a vivir y a morir bajo el yugo de la inmoralidad pública.
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Por: René Cantillo Álvarez – renedcantillo1@hotmail.com

