El mejor regalo de Navidad para tus hijos en la pandemia: comer, jugar y amar

El mejor regalo de Navidad para tus hijos en la pandemia: comer, jugar y amar

Son las 8 de la noche en una establecimiento de comercio nos preparábamos con la familia a tener una cena al aire libre, cuando de manera estrepitosa un padre que estaba a nuestro lado golpea violentamente a su pequeño hijo de no más de 3 años, por que dejó caer la carta encima de la mesa, el pequeño irrumpe en llanto y le pide a su madre que lo abrace y esta lo rechaza, confirmando que su padre tenía razón y su llanto es irresistible y su dolor a un más, pues se ha quedado solo en un mundo en donde sus padres son lo único que él tiene, pero estos de manera absurda, a pesar de que muy seguramente aman a su hijo, consideran que la violencia es una forma de educarlo.

Como padre de tres hijos, reconozco que estoy lleno de defectos, que incluso en algunas ocasiones por el desespero, por la inmadurez, por mi falta de control de las emociones, he actuado de manera indebida con mis hijos, pero confieso que nunca me he sentido tan mal como cuando esto ocurre, y por ello, siempre me he preocupado de pregonar y practicar el diálogo con ellos y mi esposa, para dirimir los conflictos, de orar y pedirle a Dios que nos ayude, de tomarnos el tiempo para que luego de lo ocurrido se genere una reflexión y se establezcan actos de reparación de los hechos.

Por supuesto somos personas imperfectas, en algunas situaciones débiles de carácter, tenemos dificultades, pues tener a un adolescente, de 17 años, Santiago y dos pequeños de 3, Emanuel  y 5, Simón, es un verdadero reto, en una sociedad confinada, llena de miedos y el desespero que nos ha sometido a todos esta pandemia.

Pero ¿Por qué acudimos a la violencia como un mecanismo para solucionar nuestros conflictos? son muchas las razones y existe varios teóricos que lo explican señalando, por ejemplo, que en algunos casos puede ser un conflicto interno  (intraindividual),  visto desde el psicoanálisis y ampliamente tratado a través de otras escuelas como la estructuralista de Kurt Lewin, quien se refiere a la esfera de los sentimientos y la contraposición de éstos: como el odio que  choca con el temor o el deseo sexual, con  la culpa o la vergüenza.

Para otros autores, como Marc Howard Ross, el conflicto surge por “las diferencias culturales que pueden dar razón de por qué la gente en un determinado marco siente que sus intereses se encuentran amenazados  por una cierta circunstancia, mientras que en otro lugar, los individuos enfrentados a lo que parece ser una circunstancia idéntica, no creen ni por asomo, que sus intereses estén en  peligro”.

Desde esta perspectiva, el conflicto puede surgir por razones individuales o por una cultura de la violencia, pero lo que también hay que tener claro es que esta se gesta en el hogar y es allí en donde, por des fortuna, dicha cultura está arraigada en nuestras familias y es fundamental intervenir en ella para que esta situación cambien.

Debemos tener claro que para el caso de nuestros hijos, esa cultura violenta es producto de la estimulación que realizamos a ellos en el seno de la familia, las conexiones neuronales de los niños, en la primera infancia determinan lo que este va a hacer para toda la vida, de acuerdo UNICEF “Durante los primeros años de vida, y en particular desde el embarazo hasta los 3 años, los niños necesitan nutrición, protección y estimulación para que su cerebro se desarrolle correctamente. Los progresos recientes en el campo de la neurociencia aportan nuevos datos sobre el desarrollo cerebral durante esta etapa de la vida. Gracias a ellos, sabemos que en los primeros años, el cerebro de los bebés forma nuevas conexiones a una velocidad asombrosa, según el Centro para el Niño en Desarrollo de la Universidad de Harvard, más de 1 millón cada segundo, un ritmo que nunca más se repite”.

Continúa el informe sustentando de acuerdo a la Dra. Pia Rebello Britto, neuróloga, asesora superior de UNICEF para la primera infancia que “Cada vez que un padre o una madre se dirige a su hijo pequeño, éste recibe un estímulo y reacciona. Se forman conexiones cerebrales”, igualmente señala que “Los métodos disciplinarios violentos están generalizados en numerosos países; casi el 70% de los niños de 2 a 4 años fueron reprendidos mediante gritos o chillidos en el último mes”. Por desgracia, “Más de 300 millones de niños menores de 5 años han sufrido violencia social”. Sumado a esto “demasiados niños y niñas se ven privados de tres elementos esenciales para el desarrollo cerebral: “comer, jugar y amar”. En pocas palabras, no cuidamos del cerebro de los niños de la misma manera en que cuidamos de sus cuerpos”.

Mis dos últimos hijos Simón y Emanuel, son producto de dos embarazos prematuros el último, duró 40 días en la UCI, los 40 días más largo de mi vida, en donde la oración y la fe puesta en Dios me permite hoy verlos correr, jugar y vivir cada día como si fuera el último, no creo que exista alguna felicidad similar de ver crecer los hijos y ayudarlos a crecer, arroparlos con nuestros brazos, compartir con ellos, jugar, reír, llorar, vestirlos, alimentarlos, enseñarles las grandes cosas de la vida, compartirla la navidad, el año nuevo, ver como con su dulce voz nos animan a salir de la rutina, a imaginarnos todos los mundos posibles, a creer que el mejor héroe son ellos o nosotros.

Considero que si nuestros hijos son la verdadera felicidad, es fundamental que nos tomemos en serio nuestro papel de ser padres y admitir de una vez por todas nuestros defectos y trabajar para mejorar en ellos, si lo hacemos estaremos aportando de la mejor forma a la transformación de esos seres que muy seguramente con nuestro amor podrán asumir de manera distinta los conflictos y ser personas de bien, con ellos, sus hijos que serán nuestros nietos y con la sociedad en general.

De esta forma, debemos educar nuestras emociones, el Yoga y la meditación, la oración juntos, los grupos de ayuda, el trabajar de manera permanente en el manejo del diálogo intensificado, la escucha activa, el compartir, el hacer cosas simples como leerles un cuento, cantarles, jugar con ellos, abrazarlos y crear todo tipo de mundos con ellos, serán importantes fórmulas para mejorar. El reto de ser padres es maravilloso, es la mejor aventura que podamos realizar con ellos y para ellos, es la mejor bendición hecha cuerpo y una verdadera felicidad que debemos disfrutar hasta agotar nuestras últimas fuerzas.

Por ello, el mejor regalo para nuestros hijos, no lo constituyen aparatos electrónicos, juguetes sofisticados, ni mucho menos ropa nueva, con ellos debemos comer para nutrir su cuerpo, jugar para crear relaciones y que aprenda a interrelacionarse y sobre todo amarlos para que crezcan seguros y puedan dar lo que han recibido, tal vez, si esto lo hiciéramos todos los Colombianos acabaríamos, en parte, con una porción significativa de la violencia que pulula en las relaciones familiares y sociales y que hoy nos cobran la vida de miles de personas cada año.

Por: Alfredo Vargas Ortiz[1]alfredo.vargas@usco.edu.co
Twitter: @Alfredovargaso

[1] PhD, MD, Universidad Nacional de Colombia, Abogado U. Surcolombiana, Docente de Planta USCO, Director grupo de Investigación Derecho Internacional y paz. Director Ejecutivo Centro de Estudios Internacionales World`S Key www.worldskey.com.  #queparelaguerraquevivalapaz.



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