Dormir bien dejó de depender únicamente del cansancio físico. Al día de hoy, factores emocionales y hábitos cotidianos están impactando directamente la calidad del descanso.
Según datos publicados por la Sleep Foundation, más del 50% de los adultos señala el estrés y la ansiedad como las principales razones para tener dificultades para dormir, evidenciando cómo las presiones laborales, económicas y digitales se han convertido en un obstáculo para el sueño reparador.
El panorama también se refleja en Colombia. Cerca del 45% de la población tiene algún tipo de trastorno del sueño, siendo el insomnio uno de los más frecuentes, de acuerdo con la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño. Además, un alto porcentaje de colombianos duerme menos de las horas recomendadas, lo que afecta no solo la salud mental y al bienestar, sino también la productividad.
Para Daniela Escalona, experta en sueño de la compañía Emma Colchón, cuando estamos estresados, el cuerpo entra en modo alerta y libera cortisol, una hormona que nos mantiene despiertos y activos. “El problema es que nuestro cerebro no distingue entre un peligro real y una preocupación cotidiana como el trabajo o las deudas, por lo que reacciona de la misma manera, dificultando la capacidad de relajarse al final del día”, explican especialistas en sueño”, comentó.
A esto hay que sumarle el uso intensivo de dispositivos digitales. La exposición constante a pantallas, con notificaciones todo el día y la sensación de que siempre hay algo pendiente por resolver. Ese estado de tensión antes de dormir prolonga el estado de alerta mental, haciendo cada vez más difícil desconectarse. De hecho, el hábito de usar el celular hasta el último momento es uno de los errores más comunes, ya que la luz que emiten estas pantallas le indica al cerebro que todavía es de día.
Otros factores que afectan los problemas de insomnio incluyen el no tener un horario fijo para dormir, ya que acostarse a una hora distinta cada noche desordena el reloj interno del cuerpo y hace que cada vez cueste más dormir de forma natural. Así mismo, el consumo de cafeína en la tarde o alcohol en la noche, utilizar la cama para trabajar, comer o ver series, que aunque parezca que relaja, en realidad interrumpe las fases más profundas del sueño, desajustando el reloj biológico y afectando la calidad del sueño a largo plazo.
En esa línea, Escalona menciona que el entorno de descanso tiene un rol cada vez más importante; el cuerpo humano necesita de un ambiente fresco. Elementos como la temperatura, la iluminación y el nivel de ruido pueden tener un impacto significativo. Por eso es recomendable mantener el dormitorio entre 18 y 21 °C, que esté oscuro sin luces que puedan interrumpir y, por último, dormir en silencio o con algún sonido constante de fondo, como el ruido blanco; evita que el cerebro se sobresalte con cualquier sonido, agregó la experta.
Finalmente, contar con un colchón y una almohada cómoda no es un lujo, sino una necesidad. Un espacio incómodo puede aumentar la tensión física y dificultar aún más que el cuerpo logre relajarse, especialmente en personas con altos niveles de estrés.
En resumen, cuidar los hábitos y el espacio de descanso se transforma en uno de los métodos más efectivos para mejorar la calidad del sueño y, con ello, la salud integral.

