“La solidaridad es la ternura de los pueblos” escribió Gioconda Belli, poeta y novelista nicaragüense. Es también el lenguaje de la sensibilidad moral con la que afortunadamente, aún muchos en nuestro planeta nos expresamos. Existen muchos grupos de WhatsApp y usted lo sabe mejor que yo. En la mayoría, la gente todavía se ofende si alguien escribe fuera del horario laboral o comparte cosas ajenas al motivo convocante.
Hoy te quiero contar que hay algunos chats en donde nadie se enoja y el que está, tiene los sentidos alerta de ver en qué puede colaborar con la persona que escribe hasta en horarios incómodos: existe un aire fresco de confianza de equipo, untado de una sabiduría y predisposición fáctica que nace en lo digital, pero se confirma con acciones en el plano real.
Esto se repite en Neiva, Medellín o cualquier parte del mundo donde haya presencia “dulce” (como nos autodenominamos las personas a las que nuestro páncreas se declaró en paro o, “a reglamento”). Se trata de procurar el bien del prójimo de manera desinteresada y es una tendencia que me enorgullece tener la suerte de formar parte.
Todas estas genialidades pasan en los grupos de personas con Diabetes que dan siempre ejemplo de solidaridad y generosidad 24/7 digna de premiar. Inclusive, se genera un intercambio constante de experiencias y estrategias, se comparten recursos y secretos, se despejan dudas sin pena, hasta una compasión emocional. Se fomenta la conexión humana y la comprensión mutua. Todo esto, se los aseguro, motiva ante cualquier adversidad.
Esta defensa colectiva se da también gracias al compromiso y la flexibilidad de algunos profesionales de la salud y otras excepciones que comprenden y se ponen en el lugar nuestro, junto con contados empleados de las EPS que siguen siendo humanos a pesar de toda la tóxica realidad generalizada desde el entorno.
No hay diferencias mezquinas de ideologías ni géneros, no hay discriminación ni prejuicios. Ahí estamos todos tirando para el mismo lado ¡Cómo no tener ganas de cambiar el mundo si diariamente uno ve estos ejemplos y acciones concretadas y solucionadas! ¡Ah! ¿Y lo mejor? Sin quejas.
420 millones de personas vivimos con Diabetes en el mundo. Si todas nos juntáramos, representaríamos el tercer país con mayor población del mundo. Cada 14 de noviembre, la ONU lo estableció como el “Día Mundial de la Diabetes” para llamar la atención de los Estados y generar una verdadera conciencia y prevención acerca de esta Pandemia. Dentro de un mes se festeja el “Día Internacional de la Solidaridad Humana” también y esta colectividad mundial debería recibir una condecoración.
A pesar de todos los IMPOSIBLES que se presentan y que a muchos le hacen sentir que la solución es rendirse, en esta “colectividad dulce” parece como si nos hubieran sacado el chip egoísta y la vocación solidaria abunda con una potencia que hace lo inabarcable, abarcable. Se transforma en una filosofía de vida, una vibra grupal que colabora con las personas pares que, por alguna injusticia o imprevisto, nos necesitan. Esta energía gracias a todo esto, perdura y reconforta.
Pequeños gestos que se necesitan para sobrellevar una condición que no se eligió. Esta asociación mundial no inscripta ni formal de “personas dulces” es gigante porque no solo incluye a las estadísticas de quienes la tenemos, sino que agrupa con mucho amor y pertenencia, a todas las personas afectadas directa e indirectamente.
Las mentalidades miserables del paradójicamente agresivo, pero a la vez generoso y descontrolado sistema de salud aún subsisten, donde muchos se olvidan de la prevención y solo se interesan en presentar correctos balances anuales financieros.
La persona que elige ser generosa confía y está mucho más cerca de ser feliz renunciando a lo efímero y superficial. Brindo por el despertar de la cohesión social solidaria desde donde a cada uno se le abra la posibilidad. Y si no encuentras inspiración, te recomiendo hables con alguna persona con Diabetes que forme parte de algún grupo.
Compartiendo, toda la maquinaria positiva se activa y te sentirás plena/o y con esa predisposición constante, más cerca de cualquier meta. Ahora sí: ¿Cuán solidario estás dispuesto a ser por tu Ciudad, Departamento y Patria y las personas con las que convives? Hay que tener coraje para ser altruista, es salir de tu zona de confort y una vez te animas, todo vuelve y te mejora.
En un país marcado por la adversidad, la comunidad de personas con Diabetes, demuestra que juntos, somos más fuertes. La ayuda mutua, la interacción, la colaboración y el servicio que ese conjunto de relaciones promueve y también alienta se destaca como un faro de esperanza en medio de los desafíos que enfrentamos.
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Por: Caly Monteverdi
Twitter @Calytoxxx

