Que dolor de cabeza tan grande para los padres de familia y para esta sociedad; hace algún tiempo venimos trabajando con un grupo de Psicólogas Especialistas en Neuropsicología Infantil, Psicología Clínica y Psicología social, sobre el impacto real a nivel emocional debido al mal uso y además, a muy temprana edad de las redes sociales.
Esta situación está marcando un concepto de valores supremamente inadecuado en nuestros adorados niños, niñas y adolescentes; ya no es suficiente brindarles todo el amor y la compañía en la casa y en el colegio, dejar de trabajar, cosa que no todas las familias pueden hacerlo para dedicarse a cuidarlos y guiarlos, vivir como un policía 24/7 vigilando y reorientando sus acciones, todo esto se ha convertido en un trabajo desgastante de todo un sistema “las personas y sus instituciones”.
Los profesionales en salud mental aún tenemos mucho por investigar, intervenciones por diseñar, porque nos estamos enfrentando a niños, niñas y adolescentes con una incapacidad ya identificada para socializar.
Revisando y analizando todo el contenido de las redes sociales encontramos algo que nos llamó mucho la atención, cuentas en Instagram creadas por menores de edad con el nombre de base “Confesiones”, de esa palabra se desprende: Confesiones-Neiva, Confesiones Colegio Tal, Confesiones2023, en fin, toda una oportunidad que nuestros menores crearon para confesarse, una red completa en donde la mayoría de los colegios de Neiva están involucrados; lo grave de todo esto es esa capacidad para expresar su odio, su ira, sus más sentidas emociones hacia compañeros, maestros y demás figuras representativas en su vida cotidiana.
Estas oportunidades que ellos crean para expresarse desde el anonimato, deja claro la imposibilidad para afrontar sus emociones; crean cuentas con datos falsos, tienen acceso 24/7 a estas redes sociales, no es limitante siquiera estar en clase porque de una u otra manera buscan los medios para logar expresar su sentir de modo casi inmediato, mensajes escritos, con leguaje obsceno, desafiante y cruel.
Se requiere de manera urgente, que los padres de familia nos pongamos los pantalones como decían nuestras abuelas, que nuestros menores sientan que estamos ahí para controlar y proteger, también necesitamos que nuestros menores perciban que no les tenemos miedo, si, así como lo leen, no les tenemos miedo a su críticas y cuestionamientos, porque en estos casos lo que sirve como impulso, es estar seguros de nuestro rol como padres, cuidadores y actores garantes en su salud mental, ¡el trabajo no es fácil!, el daño que se hacen y hacen a los demás es inimaginable; iniciemos este labor en equipo con las instituciones educativas, con los profesionales en salud mental, formemos una red solidaria que nos permita iniciar un cambio en nuestra sociedad.
¡Pilas, hace mucho, nuestros menores se nos salieron de las manos!
Pdta.: Revisémosle el celular, sin miedo…
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Por: Angela Osorio – angelaosorio201132@hotmail.com
Psicóloga Especialista en Gestión de Procesos Psicosociales y Terapias de Tercera Generación en Psicología Clínica.

