Bajemos el tono y tomemos una decisión

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A pocos días de las elecciones para la segunda vuelta, el tono cada vez es más alto y agresivo. ¿En dónde quedó el respeto a la diferencia? ¿Y los debates desde los argumentos? ¿Por qué ser tan agresivos y atacar incluso inmiscuyéndose en la vida privada de las personas o sus familias? ¿Creen acaso que así vamos a poder lograr la paz y una mejor convivencia como sociedad?

La ilusión de vivir en una mejor Colombia se fundamenta en la consecución de mayor calidad de vida para toda la población. Esa calidad de vida pasa por la salud, la vivienda, la educación, las oportunidades, un empleo digno y bien remunerado y la garantía de los derechos como ciudadanos.

Pero así mismo, la calidad de vida también toca con la tranquilidad, la tranquilidad para vivir y expresarnos. Esa tranquilidad la brinda el entendernos como seres humanos para materializar una buena convivencia; una convivencia desde la alegría y no la tristeza, desde la solidaridad y no los ataques. Es la sana convivencia, la garantía de los derechos y la calidad de vida lo que permitirá realmente la paz.

Claro que las elecciones generan pasiones. La polarización aguda nacional se mezcla con las emociones, opacando las razones, donde lamentablemente ha degradado el debate a su nivel más bajo, primando las ofensas, la intolerancia, incluso la fractura de familias o perder amistades. Las redes sociales se han convertido en la vitrina de los insultos y no de los argumentos y civismo.

La política debe dignificarse. La renovación y dignificación de la política inicia con el respeto hacia el otro y la exaltación argumentativa. ¿Por qué ofender a alguien que piense diferente o desee votar por un candidato distinto? ¿Acaso no es mejor intentar convencer con razones? En últimas, los insultos alejan de una causa, pero las razones convincentes y buenas maneras acercan.

El momento del país, los candidatos y el futuro de todos obliga a tomar decisiones. El ambiente general parece enredarse entre el miedo y la incertidumbre; entre el mejor o el menos peor, entre la ilusión del cambio y las dudas del tipo de cambio, entre el voto a favor por alguien o la conclusión de votar en contra de una persona.

Aunque el voto en blanco es una expresión democrática totalmente válida y respetable para quienes desean participar ejerciendo su derecho, pero no se sienten representados por ninguna de las dos candidaturas, el presente y el futuro, los sueños y los riesgos para nuestra Nación empujan a tomar una decisión, la mejor decisión entre las dos posibilidades actuales.

En mi caso personal, después de haber votado en primera vuelta siguiendo la línea del partido y por un sentimiento de región, y ahora que el Partido de la U dejó en libertad para la segunda vuelta, como lo solicité en mi calidad de diputado, y entendiendo que muchos amigos votarán por un candidato y otros por el otro, en los próximos días tomaré mi decisión íntima del voto por alguna de las dos candidaturas. No me haré a un lado, Colombia necesita de todos.

Por: Jorge Andrés Géchem
Twitter: @JorgeAGechem

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