Los humedales son sistemas muy productivos y biológicamente diversos que mejoran la calidad del agua, controlan la erosión, mantienen los flujos de los arroyos, capturan o retiran a largo plazo dióxido de carbono de la atmósfera para retrasar o disminuir la contaminación de CO2 atmosférico con el fin de mitigar el calentamiento global y brindan un hogar a al menos un tercio de todas las especies amenazadas y en peligro de extinción.
En un pasado no muy lejano, los humedales se consideraban terrenos baldíos. La mayoría de la gente sentía que eran lugares que debían evitarse y que era una práctica común drenarlos, llenarlos o tratarlos como vertederos. Hoy sabemos que los humedales brindan servicios muy importantes al medio ambiente y al público.
Ofrecen un hábitat para los peces, las aves acuáticas y otros animales salvajes, purifican las aguas contaminadas y ayudan a controlar el poder destructivo de las inundaciones y las tormentas, también brindan una amplia variedad de oportunidades recreativas, así como la observación de la vida silvestre.
A medida que estas y muchas otras funciones de los humedales se han hecho más conocidos, los humedales se consideran cada vez más como recursos productivos y valiosos que merecen protección y restauración.
A pesar de su importancia, la situación de los humedales en el mundo es bastante compleja. El aumento de los usos agrarios, el pastoreo, el desarrollo de infraestructura o la contaminación del aire y el agua son los principales impulsores de esta pérdida.
Según el último informe de la Convención Ramsar (entidad que se dedica al estudio de estos ecosistemas), ha dado a conocer, que el 35 % de estos ecosistemas han desaparecido desde 1970, debido a que no se han tomado las medidas necesarias para protegerlos, a pesar de ser tan importantes para la vida del planeta.
De acuerdo con el mismo análisis, los humedales representan 12,1 millones de kilómetros cuadrados en el planeta y, sin embargo, solamente el 18 por ciento de estos está protegido. La destrucción de los humedales se ha acelerado desde el año 2000 y actualmente se estima que los humedales están desapareciendo tres veces más rápido que los bosques.
Los beneficios de los humedales son innegables. Los humedales no solo recargan acuíferos que riegan a miles de millones de personas, sino que son indispensables para nuestra sociedad y para nuestro planeta como proveedores de servicios ecosistémicos.
En Colombia hay más de 30 millones de hectáreas en humedales; sin embargo, no hay una política pública clara y definida en torno a su protección y conservación. Hace unos años se realizó un mapa científico y se determinó que en el país hay más de 70 tipos de humedales, según su morfología de ingreso y salida de agua.
El valor de los humedales en Colombia se ha ido construyendo en los últimos años, pero no se ha tomado conciencia de su importancia. Miles de personas derivan su sustento de estos ecosistemas, además de la importancia que tiene para el ambiente, pero no se les presta atención. En el pasado hubo una mesa nacional de humedales, pero ahora no existe.
En el país, hasta los años 80 hubo una política agraria en la que se promovía el relleno de humedales, lo que generó una herencia en la que grandes sectores económicos han generado una tensión que no se ha logrado resolver y menos si no hay una política pública para hacerlo.
Existe una debilidad en la protección de los humedales y es necesario involucrar a toda la sociedad y a los países para que no solo dimensionen la importancia de los humedales, sino para que promuevan su protección para enfrentar los riesgos de las crisis climáticas.
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Por: María Fernanda Plazas Bravo
Twitter: @mafeplazasbravo


