12 de octubre y las sombras del eurocentrismo

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Aquellos que amamos la historia sabemos que sin lugar a dudas lo que hoy se conoce como globalización empezó con un viaje capitaneado por Cristóbal Colon que culminó el 12 de octubre de 1942 con el “descubrimiento” de lo que después sería el continente americano.

Esa globalización que está siendo amenazada, no por guerras o conflictos políticos, sino por la destrucción del medio ambiente y la evidente imposibilidad de mantener un modelo económico que puede terminar destruyendo la humanidad por el agotamiento de los recursos naturales.

Porque todos los pueblos de la tierra y todos los seres humanos son conscientes de los beneficios de la globalización, pero poco se habla de los problemas que engendró. Uno de ellos es el eurocentrismo.

Lo que en Colombia, y en muchas partes de Latinoamérica, se celebra cada 12 de octubre es para vergüenza nuestra una fiesta netamente colonial y eurocéntrica.

A excepción de los latinoamericanos y particularmente nosotros los colombianos, los pueblos al analizar sus procesos históricos suelen preferir su identidad nacional.

Y para no inundar de ejemplos  lo que debe ser un escrito corto, en el centro de Francia cerca de un pueblo llamado Alise-Sainte-Reine se ubica la excavación arqueológica de la batalla de Alesia, donde tuvo lugar uno de los encuentros bélicos más importantes de la historia, que significó la inclusión de lo que es hoy Francia, Bélgica y Suiza al imperio romano.

Esa batalla logró la consolidación en occidente de ese imperio, y por tanto, es considerada uno de los puntos de inflexión de la historia de la humanidad.

En ese emplazamiento arqueológico francés, usted no ve una gigantesca estatua del general romano Cayo Julio Cesar, vencedor de esa batalla.  Los franceses, muy celosos de su historia y de su identidad, en ese sitio tienen emplazada una gigantesca estatua de Vercigétorix, el líder Galo que se opuso a la conquista romana.

¿Eso significa que los franceses estén en conflicto con la herencia del imperio romano?  Todo lo contrario.  Francia, fue, y sigue siendo, continuadora y promotora del impresionante legado de la cultura grecoromana.

Pero ello no quiere decir que los franceses olviden que ellos eran pueblos celtas, y que los celtas fueron conquistados y exterminados física y culturalmente por los romanos.

Sobre el 12 de octubre y nuestra conquista, creo que para nosotros lo importante no es entrar en debates intrascendentes sobre la herencia de España y Europa en nuestra cultura;  es innegable, que el idioma, nuestro mestizaje, nuestra estructura social, nuestras instituciones legales y republicanas, son herencias y consecuencia de nuestro ancestro europeo.

Pero pedir que se revise un hecho histórico, o mejor, si ese hecho histórico debe ser una de nuestras fiestas nacionales, no quiere decir, que dejemos de hablar español, o dejemos de ser hinchas de los equipos de futbol españoles, o que abandonemos nuestras estructuras políticas democráticas.

Nadie está pidiendo que el idioma oficial de Colombia o los países de Latinoamérica sea el Quechua, ni que caminemos por el centro de Bogotá o de Neiva con taparrabos y lanzas; nadie está pidiendo que nos aislemos del mundo.

Pero sí tenemos que entender que hasta que no aceptemos que somos los hijos mestizos de un exterminio físico y cultural, y de la explotación económica inmisericorde de indios y negros que engendró la globalización económica, no tendremos una identidad común como nación y como pueblo.

Por eso, por ejemplo, resulta ridículo e insulso criticar a unos indígenas, por tumbar en Popayán la estatua de un conquistador español.

En realidad, lo cuestionable y ridículo, es que se haya emplazado una estatua de un conquistador español, en pleno siglo XX, cuando Colombia era ya una nación independiente, en la  ciudad Popayán que tiene el privilegio de contar con decenas de nativos como héroes de la independencia, escritores, presidentes, militares, artistas e indígenas que han impactado positivamente en nuestra historia.

Esa estatua tumbada hace poco, no fue una herencia de los españoles, ni fue instalada antes de la independencia y resulta poco creíble argumentar que la instalaron para que Popayán fuera un destino turístico.

Volviendo al ejemplo del caso Francés, ¿Qué creen ustedes que opinarían los franceses de emplazar en el emplazamiento arqueológico de Alesia una estatua de Cayo Julio Cesar?, ¿Se atrevería algún incauto político francés siquiera a proponerlo?  Ni la instalarían, ni ningún político francés se atrevería a proponer semejante barbaridad.  Y esa negativa, ni cambia la historia, ni mucho menos la niega.

Es descarriado y grosero, que en nuestra identidad cultural, aún identifique el 12 de octubre como el Día del Descubrimiento de América.  Eso no es otra cosa que repetir una visión  colonialista de nuestra historia, porque lo primero debemos empezar a repetir hasta el cansancio que los europeos en América no descubrieron nada.

Es negar que la globalización como fenómeno económico nació del exterminio de los aborígenes americanos y el esclavismo africano promovido por todas las potencias europeas sin excepción, pero además sobre una base eurocéntrica, cultural, histórica, económica y lo más aberrante, de raza, que minimiza o niega la historia de otras civilizaciones o culturas, y ha terminado por discriminar en este mundo diverso todo lo que no sea europeo y de piel de color blanca.

Ahora que están de moda los virus, hay que reconocer que es cierto que parte de la población aborigen desapareció por las enfermedades traídas por los españoles, pero no se puede olvidar que gran parte de esos aborígenes murieron (los historiadores modernos hablan de cientos de miles), por la forma en que los encomenderos de la corona española los obligaron a trabajar.

Sería prudente para ello recordar los escritos y denuncias de Bartolomé de las Casas, que defendió los indios, claro, pero para mantener el modelo económico monstruoso que engendró Europa en el siglo XVI recomendó el comercio de esclavos negros de África a América.

Los españoles modernos, posteriores a las dictadura de Francisco Franco, para tratar de enmendar semejante pecado histórico, entendieron que no se podía seguir promocionando y celebrando el 12 de octubre como el “Día del Descubrimiento de América”, así que se inventaron el “Día de la Hispanidad”; la verdad creo que ni los españoles saben en el fondo que significa eso, pero hay que abonar que ese cambio de denominación marca un camino de discusión de nuestra historia común.

En Brasil, a principios del siglo XX fueron aún más radicales y audaces, y se transformó la celebración de una fecha histórica, en una celebración religiosa;  allá el 12 de octubre celebran el día de “Nuestra Señora de la Concepción Aparecida”, patrona católica de Brasil.

De modo que en Colombia, al menos estamos en mora de hacer una discusión, ojala no violenta, sobre lo que significa realmente para nuestra sociedad el 12 de octubre, pues es excluyente y grosero con esa parte indígena y negra de nuestra población, con nuestra historia, con nuestro mestizaje y con nuestra cultura, que sigamos repitiendo una denominación eurocentrista, de “Día de descubrimiento de América”, ni mucho menos, de “Día de la Raza”.

Como tampoco “el encuentro de dos culturas”;  ¿Creen ustedes que los europeos, y en particular los españoles valoran a nuestros aborígenes y su cultura? Sí parte de nosotros no los valoramos. ¿Lo harán ellos?

Y sí no llegamos a un acuerdo, pues entonces dejemos de celebrar ese hecho histórico, o hagamos algo parecido a lo que hicieron los pragmáticos brasileros, y celebremos otra cosa.

La discusión no es de poca monta, y debemos darla, para que no nos aterremos que unos indios, tumben una estatua de un conquistador español erigida cuando Colombia ya no era una colonia española.

Debemos promoverla porque muchos de nosotros vemos con recelo y miedo que esos pueblos indígenas hagan una protesta para exigir acuerdos por costumbre incumplidos por gobiernos nacionales y locales.

A propósito, ese recelo, ese miedo, también son sombras del eurocentrismo.

Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com
Twitter: @jpmurciadelgado

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