Aquellos que piensan, que este país es el epítome del neoliberalismo y del capitalismo salvaje, en realidad no conocen nuestra historia económica.
Este país, como pocos de América Latina, se ha caracterizado por promover, desde el ámbito reglamentario y regulatorio, las prácticas oligopólicas. Desde la producción de útiles escolares hasta la telefonía móvil celular, desde los medios de comunicación a la producción de medicamentos, desde el cemento hasta el sector financiero, se han convertido en Colombia en oligopolios, que han influido en las pobres y mediocres cifras económicas de este país.
Avianca, fue una empresa colombiana que tenía el prestigio de ser una de las primeras aerolíneas comerciales del Mundo. Pero hoy de colombiana, esa empresa solo tiene un buen recuerdo.
A pesar de esa realidad, en medio de la pandemia, y de un ambiente crispado políticamente, el gobierno de Iván Duque ha cometido el grave pecado de hacerle un préstamo de más de trescientos cincuenta millones de dólares a esa empresa, utilizando el silogismo (práctica muy común para mantener los oligopolios) que lo que está tratando de hacer, no es salvar una empresa extranjera, sino garantizar, el muy necesario servicio público de transporte aéreo y de pasajeros en el país.
No es la primera vez, que los colombianos salvamos un sector particular de la economía.
En la crisis financiera de 1999 el Gobierno de Colombia, encarnado en muy mediocre Andrés Pastrana y en el muy diligente Juan Camilo Restrepo, le prestó a la banca particular colombiana una multimillonaria cifra con el objetivo de salvar ese sector de la economía. Dicha maniobra, efectivamente salvo la Banca Colombiana, la cual devolvió el préstamo y sus intereses.
Pero en esa época, muchos analistas le criticaron al gobierno que no tenía presentación que se diera prelación a la banca particular, en vez de salvar la banca pública, que en ese momento tenía un considerable peso en el mercado. En esa época el BCH, el Banco del Estado, la Caja Agraria, el Banco Cafetero, y varias corporaciones de ahorro y vivienda, eran, o empresas comerciales del estado, o el estado colombiano tenía gran parte accionaria de esos bancos.
Y varios analistas económicos, en esa época criticaron ese préstamo, pues en el marco de la situación económica vivida por el país, ese salvavidas dado a la banca particular, podría acarrear el grave problema de que desapareciera la banca pública de Colombia, lo cual a la postre podría tener el efecto de desacelerar el sector agrícola e industrial del país.
Es simple. En un país que no hay una banca pública de primer nivel, los bancos, que son particulares, solo le prestan a aquellos que tienen propiedades o garantías para pagar, lo que a la postre se convierte en peligroso factor de desigualdad social y de concentración de riqueza.
Veinte años después, y vista nuestra realidad, debemos reconocer que todos esos analistas, sin excepción tenían la razón. La banca pública prácticamente desapareció (solo “sobrevivió” el Banco Agrario que renació de las cenizas de la Caja Agraria) y nada más complicado que un emprendedor o pequeño empresario consiga un crédito en Colombia.
Ahora bien. Volviendo al préstamo de Avianca, el argumento de que en realidad lo que está haciendo el gobierno no es salvando una empresa sino garantizando el servicio de transporte de pasajeros y carga en el país, no es del todo ajustado a la verdad, y definitivamente es un argumento grosero con varios empresarios que han tratado de fundar o ampliar las empresas aéreas de capital colombiano.
Esos empresarios no han hecho cosa diferente a denunciar la cantidad de trabas, la demora en el otorgamiento de licencias y permisos en Aerocivil y otras autoridades, y la falta de financiamiento interno, que no han permitido que esas empresas de capital colombiano tengan la posibilidad de ampliar su participación en el mercado, si quiera de funcionar competitivamente. Y esas, fueron denuncias que se hicieron en los gobiernos de Álvaro Uribe, de Juan Manuel Santos y de Iván Duque antes de la pandemia.
¿Por qué esos empresarios son víctimas de esas prácticas? Simple. El transporte aéreo de carga y de pasajeros en Colombia, también es un oligopolio. Y el dueño de ese oligopolio es Avianca que según estudios controla más del 65% del mercado aéreo doméstico de Colombia.
Porque hay algo en lo cual el gobierno miente descaradamente; en las rutas internacionales, Avianca comité principalmente con LATAM y COPA, empresas que ya han anunciado medidas contra Colombia, precisamente por favorecer la posición del mercado de una empresa particular, algo, que además, no gusta en los círculos de la inversión extranjera. De modo que, para el transporte aéreo y de carga internacional, la posible desaparición de Avianca será fácilmente sustituida.
Entonces, si el gobierno se preocupa por el transporte aéreo domestico se puede apoyar con créditos a empresas Colombianas, que además de no tener los graves problemas financieros de Avianca, desde hace años han pedido el apoyo a los sucesivos gobiernos para que se corrija una grave distorsión del mercado que nos afecta a todos.
Y para terminar de aderezar el amargo coctel, la grave situación económica que dejará en el mundo la pandemia, que tiene en el piso el consumo interno de los países, hace predecir por muchos expertos que el último rubro que se reactivará después de este trágico 2020 será el turismo.
Ningún economista medianamente sensato y responsable puede predecir, que el efecto del fin de la pandemia, sea que todo el mundo se vaya de vacaciones. No se trata de ser pesimista. Es sencillamente entender que eso, no va a suceder.
¿Qué puede pasar entonces con el préstamo? Solo dos cosas.
Primera opción. Avianca, que está en ley de quiebras ante un juez estadunidense desde antes de la pandemia no sobrevive a la crisis económica, y este préstamo se convierte en otro de los cientos de errores cometidos por nuestro mega estadista de turno.
Para tranquilizarnos, nos dicen, que en caso de quiebra definitiva, el primer crédito que pagará Avianca dentro del procedimiento judicial estadunidense será el del estado colombiano.
Si es que se cumple esa etérea promesa y no se embolata el dinero, se perderá la posibilidad de apoyar a empresas nacionales que puedan mejorar su posición en el mercado nacional e internacional aéreo, algo que beneficiara directa o indirectamente a todos los colombianos.
Segunda opción. Avianca, se salva. Lo que quiere decir, que no se pierde la plática de los colombianos, pero se salva un oligopolio.
En consecuencia, el ciudadano de a pie, que es víctima de una empresa que cobra tiquetes a precios estrafalarios (Neiva – Bogotá es el más claro ejemplo), que cancela itinerarios sin ninguna compasión ni respeto por el usuario, que hace esperar a sus usuarios en ocasiones hasta nueve horas para tomar un vuelo, tendrá la frustración, no solo de verse atropellado por un mal servicio, sino por saber que ese atropello, se sigue cometiendo, porque su gobierno, en vez de favorecer el libre mercado, la libre empresa y la libre economía, que es lo que manda la Constitución Política, ha ayudado a rescatar con dineros públicos una empresa extranjera que en muy poco lo beneficia.
Y que no nos vengan a decir, que para que se otorgara ese préstamo, Avianca se comprometió a prestarles un mejor servicio a los colombianos, o a vender tiquetes a precios justos.
Por favor, no nos crean estúpidos.
Y que ojalá, Duque, el ministro Carrasquilla, el viceministro Londoño Martínez o algún otro alto funcionario de este gobierno, o alguno de sus familiares, después del 07 de agosto de 2022 no terminen siendo asesores de Synergy Group, de Kingsland Holding Limited o de Pacific Stratus Energy, Ltd., verdaderos dueños de Avianca.
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Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com
Twitter: @jpmurciadelgado


