Luego de la consulta del pasado domingo, en la cual votamos once millones seiscientos setenta y un mil cuatrocientos veinte colombianos, cifra con la cual no alcanzamos a llegar a la meta indicada debido a que faltaron cerca de quinientos mil votos para que ésta fuera aprobada; podemos concluir que en este país nos quejamos de la corrupción, pero nos la aguantamos, como la vecina que se queja del marido todo el tiempo, pero le aguanta las borracheras y los cuernos permanentes.
Los escándalos por este tipo de comportamientos antiéticos en el ejercicio de la función pública de quienes tienen acceso al manejo de los recursos oficiales es algo que se presenta constantemente y ya los señalados por este tipo de actos ni se sonrojan cuando son descubiertos o hallados responsables de algún hecho delictivo en contra del estado. Pero la sociedad en general o en su mayoría si señala a quienes ocuparon cargos importantes y no aprovecharon la oportunidad, por eso es que la corrupción es un cáncer que no tiene cura en este país.
Es muy común ver a políticos y altos funcionarios pavoneándose en flamantes vehículos comprados con dineros ilícitos y en distinguidos clubes tomando licores finos rodeados de contratistas aduladores que veneran sus acciones y buscan la manera de sacar el mejor provecho de cada situación, en un cuadro macabro que atenta contra los intereses del pueblo, principal víctima de la corruptela y la delincuencia de cuello blanco.
Ah! Pero cuando llegan las elecciones salimos como borregos mansos detrás de los mismos rufianes a depositarles el voto, a apoyar sus falsarias propuestas con las que le llenan a la gente el rabo de viento, sin tener el más mínimo interés de castigarles la picardía votando por propuestas nuevas, sanas y bien intencionadas.
Pero además nuestra pésima memoria no nos ayuda, pues padecemos de una amnesia crónica que nos impide recordar cada mentira, cada acto de corrupción, cada desplante, etc. Eso lo vemos cada dos años en las contiendas electorales, porque eso sí, somos un país de elecciones. Somos felices siendo víctimas de las marrullas de quienes se doctoraron en engatusar y engañar.
Ahora, cuando comienzan a saltar nuevamente hechos de corrupción todo el mundo sale a decir que votó siete veces sí en la consulta del 26 de agosto, porque les da vergüenza aceptar públicamente que les faltó verraquera para sacar tiempo y castigar moralmente a los infames corruptos, porque más que bajar el suelto a los congresistas y esas otras propuestas, lo que se quería era lograr generar una sanción moral a quienes se enriquecen abruptamente y de manera despiadada con los recursos públicos; esa era la esencia de la consulta. Por eso tal vez sus promotores, aunque no alcanzaron la meta se sienten contentos con los resultados, pero son conscientes que les faltó un cuarto pal peso.
Tomemos atenta nota de eso y abramos los ojos, yo sé que no es fácil dar el paso y generar el cambio, porque hablar es fácil, pero actuar es muy difícil.
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Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
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