La forma, el fondo y el poder

TSM Noticias
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Hace unos días se conocieron los resultados de la elección presidencial en Francia: Con un 65.1% el candidato de En Marche, Emmanuel Macron venció a Marine Le Pen, 34.9%, candidata del Front National.

Enseguida, los medios de comunicación de diferentes países dieron cuenta de todo tipo de noticias asociadas a estas elecciones. Vale la pena indagar qué tipo de noticias derivaron de la victoria de Macron y cuáles lograron mayor tipo de audiencia en redes sociales, televisión y radio.

Una de ellas es la “increíble historia de amor“ entre el alumno Macron y su profesora de drama en el colegio y su evidente diferencia de edad. Hay dos grandes protagonistas en estas historias y anécdotas: 1) Las personas que reaccionan frente a este tipo de noticias que no suponen ningún tipo de ejercicio crítico de las consecuencias políticas del resultado de las votaciones en Francia, y 2) los medios de comunicación quienes son conscientes que venden más con noticias de la vida personal de los políticos que con el análisis del poder.

Este no es un fenómeno que se dé exclusivamente en Francia. En las elecciones de noviembre pasado en Estados Unidos, abundaron las noticias sobre la elegancia de la hija del actual presidente republicano, Ivanka Trump.

En efecto, la tendencia es global: importa más la forma (el carisma, el sex-appeal y el discurso políticamente correcto de Justin Trudeau, primer ministro canadiense) que el fondo (la continuidad de las multinacionales canadienses que contaminan sin escrúpulos en territorios del sur a pesar del discurso ambiental de Trudeau).

Por lo demás, esta tendencia global es preocupante ya que reemplaza el fondo por la forma. La misma desafección política genera que la información que más consumo tiene (y por ende, que más réditos económicos da) sea la que menos suscita debate y que por el contrario, abunde información que aborde anécdotas sin relevancia alguna para entender los fenómenos políticos.

En consecuencia, nos encontramos ante una paradoja: el exceso de información tan común en nuestra época, no significa que seamos sujetos más informados, críticos y autónomos, sino más bien sujetos alienados sin posiciones definidas sobre asuntos de importancia capital.

Evidentemente, algunos hechos deberían ser más importantes para la sociedad y no son necesariamente la increíble historia de amor de Macron, los tatuajes de Trudeau, ni el escote de Ivanka Trump.

Corremos el riesgo de convertirnos en la sociedad del espectáculo que privilegia lo banal sobre lo fundamental.

Por: Juan Corredor García – juan.corredor@urosario.edu.co
Twitter: @thuandavid10

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