Caballos, maltrato animal y zorreros, el sufrimiento que Neiva normalizó

TSM Noticias
1k Views

En pleno 2026 todavía es normal ver en las calles de Neiva caballos agotados, desnutridos, heridos y arrastrando carretas bajo un sol fuerte, como el que nos tiene acostumbrado esta ciudad, la escena se volvió paisaje y quizás ahí está el problema más grave, nos acostumbramos y lo normalizamos, nos acostumbramos al sufrimiento animal, pero también nos acostumbramos a la pobreza humana porque detrás de cada carreta no solo hay un caballo explotado, también hay una familia sobreviviendo del rebusque, una persona atrapada entre la necesidad y el abandono estatal, y  mientras la discusión se divide entre  estas dos grandes tragedias, defender el trabajo o defender a los animales, Neiva lleva años guardando silencio

El problema es que este debate no puede reducirse a una pelea entre “animalistas” y “zorreros”, esa visión simplista únicamente sirve para generar odio, likes y discursos vacíos en redes sociales, la realidad es mucho más incómoda, mucho más profunda y exige una discusión seria, porque sí, hay que decirlo con firmeza, existe maltrato animal y Negarlo sería una completa hipocresía.

Ahora bien, es necesario mencionar la Ley 1774 de 2016 que reconoció a los animales como seres sintientes y estableció sanciones contra el maltrato animal en Colombia, por eso, ver caballos trabajando en condiciones deplorables, cargando toneladas de escombros, muchas veces enfermos, deshidratados y golpeados, no puede seguir siendo normal en una ciudad que pretende hablar de progreso y modernidad.

Sin embargo, detrás de cada carreta también existe una realidad que muchos prefieren ignorar desde la comodidad de un discurso moral, hay familias enteras intentando sobrevivir y ahí es donde esta discusión deja de ser únicamente animalista para convertirse en un problema profundamente social.

Pocos hablan de la miseria, pocos hablan de la falta de oportunidades, pocos hablan del abandono estatal que obliga a muchas personas a seguir dependiendo de un caballo para conseguir el sustento diario, es muy fácil posar de defensor animal cuando no se tiene hambre; lo verdaderamente difícil es construir soluciones reales que protejan al animal sin condenar aún más a la pobreza a quienes viven de esa actividad.

Porque si el debate se limita solamente a quitar caballos de las calles, sin garantizar alternativas dignas, lo único que se hace es trasladar el sufrimiento del animal al ser humano y una sociedad que enfrenta una tragedia social creando otra tragedia, realmente no está resolviendo nada.

En medio de esta discusión también hay que decir algo con absoluta sinceridad, algunos sectores han convertido la defensa animal en una bandera política temporal, publican una foto, hacen un video indignado, aparecen en campaña hablando de “amor por los animales”, pero desaparecen cuando llega el momento de discutir pobreza, exclusión y responsabilidad estatal, aunque también es justo reconocer que existen animalistas de corazón, personas que realizan su labor en silencio, sin populismo ni protagonismo político, personas que verdaderamente trabajan por el bienestar animal desde la empatía, el compromiso social, los cual  merece respeto y admiración.

Durante el gobierno de Rodrigo Lara Sánchez se impulsó un proceso de sustitución de vehículos de tracción animal, la idea era correcta, buscaba  reemplazar las carretas por motocarros y ofrecer alternativas labórale, sin embargo, el proceso quedó incompleto, sin continuidad real y sin una transformación profunda, hoy Neiva quedó atrapada en el peor escenario posible: los animales siguen sufriendo y muchas familias continúan sobreviviendo en condiciones indignas, ese es el verdadero fracaso de la ciudad.

Por otro lado, Seamos sinceros, una política pública seria no puede consistir únicamente en decomisar caballos, hacer operativos o publicar campañas emotivas en redes sociales, se necesita inversión social, capacitación, formalización laboral y acompañamiento real a las familias, Pero también se necesita franqueza, voluntad política y humanidad.

Defender a los animales no puede convertirse en un espectáculo moral ni en una herramienta política selectiva, debe convertirse en una causa seria y una causa seria entiende que la protección animal y la dignidad humana no son enemigos; por el contrario, son una lucha que deben ir de la mano, porque cuando un caballo es explotado hasta el agotamiento, fracasa la sociedad, pero cuando una persona necesita explotar un caballo para poder comer, también fracasa el Estado y  Neiva ya no puede seguir fingiendo que no ve ninguna de las dos cosas.

Por: Hugo Arciniegas

Share This Article
Ir al contenido