Neiva se acostumbró a convivir con una realidad incómoda: miles de personas sobreviven en las calles mientras la clase política los mira únicamente cuando necesitan votos. Los vendedores informales dejaron de ser un problema social para convertirse en parte del paisaje urbano, invisibles para muchos, útiles para algunos y estorbos para otros.
Detrás de cada carretilla, cada puesto improvisado y cada venta ambulante hay una historia de necesidad, desempleo y abandono estatal. No son delincuentes ni invasores; son padres y madres de familia que encontraron en el rebusque la única alternativa para no morirse de hambre en una ciudad donde conseguir empleo formal parece un privilegio reservado para unos pocos.
La cifra oficial habla de aproximadamente 1.000 vendedores informales carnetizados en Neiva según medios oficiales y periodísticos, pero todos sabemos que esa cifra no refleja la realidad, fácilmente podría duplicarse o triplicarse, basta caminar por el microcentro, las comunas, alrededor de los centros comerciales o plazas de mercado para entender que la informalidad dejó de ser una minoría y se convirtió en la consecuencia directa del fracaso económico y social de la ciudad.
Y, mientras el número de vendedores informales crece, a su vez crece la hipocresía institucional. Durante años, las administraciones municipales han prometido soluciones “integrales”, procesos de formalización, reubicaciones dignas y oportunidades económicas; promesas bonitas para los discursos y las campañas políticas, pero vacías en la práctica, porque la verdad es incómoda: en Neiva los vendedores informales solo son importantes en época electoral, ahí sí aparecen los candidatos a estrechar manos, tomarse fotos y hablar de inclusión, pero después de las elecciones vuelven a la persecución y el abandono.
Entre el año 2021 y 2023 hubo avances importantes, se organizaron 12 asociaciones de vendedores informales en el microcentro y se construyó una ruta de diálogo con este sector históricamente olvidado. Además, se aprobó el Acuerdo Municipal 007 de 2021, que estableció los lineamientos de la Política Pública para Vendedores Informales, una herramienta que buscaba garantizar derechos, organización y alternativas reales para que muchas familias pudieran pasar de la informalidad a la formalidad. Pero hoy esa política pública parece otro documento archivado y olvidado en algún escritorio de la Alcaldía.
La mesa técnica, que debía ser el principal espacio de participación y seguimiento, prácticamente desapareció. Los líderes de las asociaciones llevan meses exigiendo su reactivación, pidiendo algo tan básico como ser escuchados, Sin embargo, la respuesta institucional ha sido el silencio, la indiferencia y la falta de voluntad política.
Y, ahí está el verdadero problema: en Neiva no existe una estrategia seria para enfrentar la informalidad porque es más fácil perseguir al pobre que resolver las causas de la pobreza. Resulta más cómodo y más sencillo culpar al vendedor informal del desorden de la ciudad que reconocer el fracaso de los gobiernos frente al desempleo, la desigualdad y la falta de desarrollo económico.
Lo más grave es que muchos ciudadanos terminaron comprando ese discurso elitista que criminaliza la pobreza, se indignan por una carretilla en el espacio público, pero guardan silencio frente a la corrupción, el abandono institucional y la falta de oportunidades que empujan a miles de personas a la calle.
Quien aspire a gobernar Neiva tiene que entender que hoy la prioridad no puede ser otra que la reactivación económica, el fortalecimiento del empresario, del microempresario, y la generación de empleo digno. Pero también debe tener la capacidad y la voluntad política de echarse al hombro la Política Pública de Vendedores Informales, entendiendo que la informalidad no se combate persiguiendo al pobre, sino creando oportunidades reales para que miles de familias puedan salir del rebusque, el abandono, el olvido y avanzar hacia la formalidad.
Por eso resulta esperanzador ver un liderazgo coherente que decida poner el desarrollo económico en el centro del debate y hablarle a la ciudad con propuestas serias para recuperar la confianza, dinamizar la economía y abrir oportunidades para todos.
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Por: Hugo Arciniegas


