María Lucía Villalba no se presenta al Huila como una candidata que habla desde el poder. Llega como una mujer que entiende lo que significa defender un territorio en escenarios donde pocos lo hacen. Su historia no es la de una política fabricada, es la de una profesional que decidió poner su conocimiento al servicio de la gente.
Desde la psicología del votante, esto es clave. Las personas no votan solo por programas, votan por quién las hace sentir comprendidas, seguras y respetadas. María Lucía no ofrece discursos grandilocuentes, ofrece algo más poderoso: coherencia entre lo que sabe, lo que ha hecho y lo que propone.
En un país cansado de promesas, la credibilidad se ha convertido en el bien político más escaso. María Lucía ha trabajado donde se toman decisiones reales, en la Presidencia, en una de las alcaldías más complejas del país (Bogotá D.C.), en escenarios internacionales donde Colombia se juega su prestigio. Sin embargo, nunca perdió el vínculo con su origen. Esa combinación es rara y por eso es valiosa: visión global con raíces locales.
Quien ha estado en espacios donde se diseñan políticas públicas aprende algo que muchos políticos nunca entienden: que una mala decisión no es un error técnico, es una vida afectada. Esa conciencia atraviesa toda la propuesta de María Lucía. Su apuesta por un Estado que funcione no es una consigna, es una necesidad para las familias que esperan meses un trámite, para el productor que pierde oportunidades por la burocracia, para el joven que quiere emprender sin que el sistema le cierre las puertas.
La joven huilense ha venido haciendo una invitación directa, firme y profundamente responsable a los votantes del departamento. No es un llamado emocional ni una consigna vacía. Es una advertencia política clara: “el Huila no puede darse el lujo de quedar sin voz propia en el Senado de la República en un momento en el que Colombia redefine sus reglas, sus prioridades y su rumbo institucional”.
Hoy, cuando las grandes decisiones se toman en Bogotá y afectan de manera directa a los territorios, no tener una curul huilense en el Senado significa quedar relegados a la fila de los que piden favores en lugar de sentarse en la mesa donde se decide. Significa depender de la buena voluntad de otros departamentos para que nuestras necesidades entren en la agenda nacional. Eso no es representación, es subordinación.
La candidata lo ha dicho sin rodeos: “perder el Senado sería nefasto para el Huila”. No por una persona, sino por lo que representa en términos de poder político, de capacidad de incidencia, de acceso a recursos y de defensa real de los intereses regionales. En un país que atraviesa transformaciones profundas en lo económico, lo social y lo institucional, quien no está presente en los escenarios de decisión simplemente no existe políticamente.
El problema es que el Huila hoy no cuenta con una oferta amplia ni sólida de aspirantes al Senado. La baraja es corta. Los nombres son pocos. Las trayectorias verdaderamente preparadas son aún más escasas. En ese contexto, dejar pasar una candidatura huilense con estructura, discurso y capacidad de llegar sería un error estratégico que el departamento pagaría durante cuatro años.
Aquí aparece un elemento que no es menor: votar por una mujer huilense al Senado no es un gesto simbólico, es una decisión política inteligente. Las mujeres que llegan a estos escenarios no solo rompen barreras, también cambian la forma en la que se defienden los territorios. Suelen construir con más escucha, con más conexión social y con una visión menos clientelista y más orientada al bienestar colectivo.
El Huila necesita una senadora que entienda la realidad de su gente, que no vea al departamento como un botín electoral sino como una región que debe ser defendida con argumentos, con trabajo técnico y con presencia política permanente. Una mujer huilense en el Senado no solo representa equidad, representa conocimiento del territorio, sensibilidad frente a sus problemas y compromiso con su desarrollo.
Esta no es una elección más. Es una decisión sobre si el Huila quiere seguir teniendo voz propia o resignarse a que otros hablen por él. Votar por una mujer huilense al Senado es apostar por una representación digna, con identidad regional y con la capacidad real de sentarse frente al alto gobierno a defender lo que nos pertenece.
El llamado es claro: el Huila no puede quedarse sin senadora. No puede regalar su poder político. No puede renunciar a su lugar en la discusión nacional. Esta es una elección donde el voto no es solo una preferencia, es una estrategia de supervivencia regional.
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Por: María Fernanda Plazas Bravo – X: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing Político – Comunicación de Gobierno



