Evolución: del zumbido al algoritmo

TSM Noticias
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Formo parte de una de las generaciones que vivió su infancia y juventud sin emojis, pero sí con las cejas levantadas. Las conversaciones se daban en persona o por teléfono fijo, y uno sabía que debía colgar cuando gritaban porque la línea estaba ocupada. Nadie necesitaba actualizar un estado para que el mundo supiera cómo se sentía, y el silencio no era incómodo, era un aprendizaje cotidiano. El tiempo se compartía.

Después llegó Internet y una revolución que entró por el módem y nunca más se fue. Empezamos con joyas casi arqueológicas como ICQ, que nació en 1996 y fuimos afortunados de experimentar al pionero de la mensajería instantánea. Su “ruidito” era la notificación más temida y amada de la época.

Aún no hablábamos de redes sociales como hoy: ICQ, MSN Messenger o Yahoo! Chat permitían interacción en tiempo real, pero sin perfiles públicos ni comunidades organizadas. Fue con SixDegrees.com en 1997 (la primera red social formal) que comenzó la idea de crear redes de contactos con perfiles, listas de amigos y conexiones. Ahí nació el concepto moderno que luego evolucionaría con Friendster, MySpace y más tarde con la amada innovación Facebook.

Hoy, casi el 64 % de la población mundial (más de 5.2 mil millones de personas) usa y también abusa de alguna o varias redes sociales. Facebook, Instagram, WhatsApp, TikTok, Threads, Snapchat… todos nombres que hoy parecen tan naturales como decir “buenos días”. La evolución ha sido muy acelerada.

Nos informan, brindan primicias, fuentes directas, acceso a infinidad de cosas impensadas antes. El que las ignora se pierde algo más potente y productivo de lo que, al desconocerlas, critica. Ya son un mundo imposible de ignorar.

Se dice que las redes sociales están arruinando a los jóvenes (entre muchas otras acusaciones). También que nos distraen y aíslan. Pero los datos son más matizados. Un estudio reciente indica que el 93 % de los adolescentes usa YouTube, pero también que muchos se sienten menos solos gracias a las comunidades digitales. TikTok, con más de 1.7 mil millones de usuarios, es acusado de absorber la atención, pero también ha democratizado la creatividad. Cada red tiene su luz y su sombra, como casi todo en la vida.

Las redes no son enemigas del tiempo, sino herramientas que requieren entrenamiento emocional. Son el cuchillo que puede cocinar o cortar, según cómo lo uses. También pusieron al alcance de clics gratuitos conocimiento, tutoriales didácticos, nos permiten aprender, emprender, reír, denunciar, encontrar tribus afines y construir carreras sin salir de casa. Podemos seguir culpándolas por nuestra distracción o aprender a usarlas con criterio. El problema no es que existan, sino que olvidemos que el tiempo sigue siendo nuestro.

Nota: Si alguna vez te preguntaste por qué tantos logos de redes sociales comparten colores (como el azul de Facebook, antes Twitter, LinkedIn; el verde de WhatsApp; o los tonos rojos y naranjas de YouTube, Instagram o Snapchat) no es casualidad. El azul transmite confianza y seguridad (por eso lo usan bancos y aerolíneas), además de ser visible y poco agresivo para la vista.

El verde se asocia a disponibilidad y frescura, mientras que los tonos cálidos como rojo o naranja captan atención y estimulan acción. En un mundo donde miles de íconos compiten por tu dedo, el color puede ser la primera batalla ganada por una red para quedarse en tu pantalla. Hoy incluso el color negro, antes casi ausente en logos de las redes sociales, se impone como nuevo símbolo de poder digital. TikTok lo transformó en estética cool y vibrante. X (exTwitter) lo convirtió en su bandera para mostrarse disruptivo y dominante.

La paradoja es que, aunque nunca estuvimos tan conectados, también es cierto que hace falta volver a mirarnos a los ojos y recuperar las pequeñas cosas. La mejor red, vale aclarar, sigue siendo la humana. Esa que no necesita wifi, pero sí atención. La que no se actualiza por algoritmo, sino por voluntad.

Y sí, lo reconozco: esta columna la leíste gracias a una red social. Bien usada. Muchas de las personas que me leyeron hasta acá conocieron al amor de su vida, al mejor trabajo de su currículum y muchas vivencias fundamentales más a través de ellas: “Uno no solo es lo que es SINO lo que elige” y agregaría CÓMO elige hacer su tiempo productivo.

¡SALUD!

Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional

Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X – Twitter: @Calytoxxx

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