Hace varios años dejé de escribir mi columna opinión, y a pesar de la invitación de algunos medios de comunicación me he resistido a escribir por dos razones, la primera es que no tengo el tiempo para hacerlo, y la segunda, y más importante, es que no quiero caer en lugares comunes.
Pero lo sucedido a Miguel Uribe Turbay, despierta en mí la necesidad de escribir estas frases, porque me parece absurdo e inadmisible que ya ciertas personas, en particular miembros del pacto histórico, comienzan a romantizar el hecho de que el victimario sea un menor de edad.
Uno de los principales problemas que tiene este país es la falsa compasión que sentimos hacia los delincuentes. Falsa compasión que termina convirtiéndose en admiración.
Es aterrador lo fácil que esta sociedad enferma perdona a los corruptos, es desilusionador ver cómo los gobernantes que se caracterizan por ejercer su mandato con robos y peculados tienen miles de seguidores. Es desesperanzador ver como este país no supera el discurso barato de que la violencia tiene como génesis la pobreza.
Eso no es cierto; esa una mentira; es un sofisma, pero eso es sobre todo un insulto a las víctimas. En este mundo hay países mucho más pobres que Colombia en los cuales no se registran los niveles de violencia que vivimos nosotros.
Un asesino es un asesino, y no importa la edad que tenga, no por ser niño o adolescente deja de ser asesino.
Se me vienen a la mente, tantos casos de niños asesinos menores registrados en países más avanzados que el nuestro como Estados Unidos, Reino Unido, Japón, Alemania, Francia, casos que han sido estudiados por profesionales de los cuales han concluido que aún los infantes de 8 o 7 años ya tienen conciencia de lo que es el bien y lo que es el mal.
Y en esos países, absolutamente nadie, entiéndase, ABSOLUTAMENTE NADIE, se atreve a señalar públicamente que esos niños malvados, se convirtieron en asesinos por culpa de la situación social, de factores económicos, o de la desigualdad de clases sociales.
Porque esas sociedades saben que hacer eso, no es otra cosa que justificar el crimen.
Decir que parte de la tragedia es que contra la vida de Miguel Uribe hubiera tentado un joven de 15 años, no es otra cosa que romantizar al victimario.
Porque la pregunta importante aquí no es quién disparó contra Miguel Uribe Turbay; la pregunta esencial es por qué dispararon contra Miguel Uribe.
Cuando una sociedad romantiza a los criminales, sus jóvenes saben quién es el bandido (Pablo Escobar), pero no conocen a sus faros morales (Luis Carlos Galán).
Y esto último, solo para dar un ejemplo.
Definitivamente, no avanzamos.
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Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com
X (Twitter): @jpmurciadelgado

