27 – 05

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La primera vez que escuché “René” de Residente, entendí que no era solo una canción sobre tristeza o depresión; era  una canción sobre el cansancio de ser adulto y el deseo brutal de volver a casa, de volver a ser niño, de recordar el número del teléfono fijo de la casa y llamar esperando que conteste la mamá.

Desde entonces hay dos números que me persiguen: 42392 y 27-05

El primero era el teléfono fijo de mi casa; el segundo, la nomenclatura de la casa de mi mamá en Los Cámbulos. Hay cosas que uno olvida con facilidad, pero jamás olvida el número de la casa donde creció.

Hace unos días que regresé a Neiva; volví, como de costumbre, a caminar por las calles del barrio. Lo hice despacio, como quien entra a un lugar sagrado. Porque los barrios guardan versiones antiguas de uno mismo: el niño, el adolescente, el joven que creía que la vida era infinita.

Los Cámbulos ya no es lo mismo; las rejas crecieron; las puertas se cerraron; ya casi nadie saca las sillas a la calle para espantar el bochorno por las tardes. Antes, el barrio entero vivía afuera: las mamás conversando, los niños jugando, los vecinos gritando de una esquina a otra; hoy, el silencio pesa más. Pasé frente al parque donde alguna vez estuve con varias galladas. La de los amigos de la cuadra con los que salíamos a bailar, rumbear o pelear con los del otro barrio. Y también la de los malosos y marihuaneros del palo, esos que uno miraba con miedo y admiración a la vez. El barrio también era eso, aprender códigos, lealtades y a sobrevivir.

Finalmente llegué al 27-05 y ahí sigue mi mamá. Eso cambia todo. Porque mientras la mamá siga viviendo en la casa donde uno creció, siempre habrá la sensación de que todavía se puede volver. Entré y, por unos segundos, desaparecieron los años, las responsabilidades y las preocupaciones. Volví a ser simplemente hijo.

Después salí otra vez a caminar. Algunos vecinos todavía me reconocen. Otros ya no están. El barrio también es un mapa de ausencias.

Mientras caía la tarde, pensé nuevamente en “René”. Y entendí por qué duele tanto esa canción, uno no extraña solo el barrio, sino la versión de sí mismo que alguna vez fue feliz allí.

Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar
adonistupac@gmail.com
X: @saludempatica 

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