Tuve la suerte y el sueño cumplido de llevar hace poco a mi esposa colombiana al estadio de mi amado club, el Rey de Copas Independiente de Avellaneda en Argentina. Cancha repleta solo con la hinchada local.
Cerca de 40 mil personas cantando y alentando al mismo tiempo. “Se me herizó la piel”, diría Amparito. Ganamos, y en el gol no solo me abracé con ella, sino con personas que no tengo idea quiénes eran. La emotiva sensación de reencuentro es inexplicable.
Hay momentos que se sienten más de lo que se entienden. Y hay vibraciones que, sin importar edad, credo o ideología, nos atraviesan por completo. La música es una de ellas. que une, que nos cose cuando todo lo demás parece rompernos.
Hace unos días, Neiva fue otra vez la capital del jolgorio, de los encuentros, de las nostalgias envueltas en alegría: las fiestas de San Pedro. Cada año se centra la discusión si se celebran bien o mal, si hay excesos, si se aprovechan, pero hay algo que permanece inalterable: el efecto de la música sobre todos.
Cuando la tambora marca el paso y las voces cantan al Huila, algo ocurre. La gente se detiene. Algunos bailan. Otros se emocionan. Todos se sienten parte. Así debe pasar en cada rincón del mundo donde suena algún ritmo característico.
“Para gustos, los ritmos”, adaptaría esa reconocida frase. En Colombia, donde el fútbol a veces separa y la política casi siempre divide, la música tiene un raro privilegio: unifica espíritus, momentos y pacífica. Acá nadie discute el tono de un sanjuanero. Nadie pelea porque un grupo de desconocidos se ponga a cantar a la vez en una parranda. Nadie pregunta por quién votaste si entonás una letra que todos conocen. En ese instante, cuando el bombo suena y las voces cantan inspiradas, no hay grieta. Hay pertenencia.
Es algo que se siente y que vibra en el pecho. Que transforma una multitud desordenada en una sola voz. Que vuelve familia a quienes hasta hace un segundo eran solo desconocidos. Cuando todos cantamos lo mismo, por un instante somos lo mismo. La música no pide pasaporte, no exige antecedentes, no pregunta por tu procedencia ni estrato. Solo entra. Y ahí hace lo suyo.
¿Por qué no se aprovecha más? Por qué no se piensa a la música local como estrategia de pertenencia, de memoria, de amor propio colectivo. El Huila tiene canciones que podrían ser himnos de identidad, de orgullo, de belleza cultural. Y, sin embargo, se celebran solo en junio, como si esa emoción tuviera fecha de vencimiento. Como si lo que sentimos cuando suenan los tiples y los requintos no pudiera servir para unirnos también el resto del año.
La música está en todos los rituales importantes de la vida, y no por casualidad. En conciertos, estadios, templos, cumpleaños y hasta entierros. Nos prepara, nos acompaña, nos eleva. Hay una razón por la que en la guerra se usaron tambores y en las iglesias se usan coros. Una razón por la que los himnos suenan antes de eventos importantes y por la que los pueblos tienen canciones que los definen más que cualquier decreto.
Incluso la ciencia lo dice: cuando cantamos en grupo, nuestros cerebros liberan sustancias que nos hacen sentir más cercanos. Nuestros cuerpos sincronizan su ritmo, como si nos alineara por dentro. Basta estar ahí. Basta escuchar. Basta animarse a cantar.
En tiempos donde todo divide, donde la opinión es trinchera y la diferencia se convierte en sospecha, necesitamos más espacios para unirnos. Y la música está ahí, lista, disponible, generosa, dispuesta a recordarnos que todavía hay cosas que nos abrazan sin pedir nada a cambio.
Tal vez solo haga falta darle el volumen que merece a ese instante musicoterapéutico que todos necesitamos. Que el bambuco suene fuera del calendario. Donde todo se rompe, la música nos cose. Y en esa costura invisible puede estar la clave para sentirnos, de nuevo, parte del mismo lugar.
Cuantas veces sea necesario voy a honrarla. Ahí está, dale PLAY, encendé la radio o abrí tu app de música, que ahí te está esperando para abrazarte en cualquier momento y alegrarte el día.
—
Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional
Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X – Twitter: @Calytoxxx

