¿Por qué fracasó el Socialismo del siglo XXI?

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Los modelos económicos prósperos son plenamente respetuosos de la economía liberal, el libre mercado, la creación de empresas y la propiedad privada. Estos son los baluartes inherentes de una economía saludable en cualquier Estado desarrollado o en vía de desarrollo, pues no existen otras formas de crecimiento continuado.

La política económica de los países debe madurar de forma ostensible para cumplir con las necesidades que abundan en los conglomerados. Pero, esto se obtiene únicamente cuando un gobierno determinado incentiva la generación de riqueza a través de la consolidación de un aparato productivo vigoroso para las finanzas del Estado.

El compromiso de los gobiernos radica en promover la libre empresa dentro del marco de la legalidad y la institucionalidad, toda vez que es esta la que genera mayores condiciones de riqueza, empleo y estabilidad en una sociedad determinada. Por tanto, encontramos que las empresas son instituciones que, obligatoriamente debemos proteger dado que sin aquellas la carencia de bienestar ocasionaría un caos enorme.

Un país sin compañías sólidas o apabulladas por consecuencia del excesivo intervencionismo estatal está condenado a la miseria, al hambre y a la pobreza extrema en dimensiones exorbitantes. He ahí el fracaso del sistema socialista latinoamericano que, por fortuna está decayendo como el que más.

Dirigentes como Lula Da Silva, Cristina Fernández de Kirchner, Evo Morales, Los Castro, y Maduro, fueron, han sido y son peligrosamente nocivos para sus países. Todos han tenido un común denominador y es el estatismo desmesurado, destructor del desarrollo y de la libre inversión de las compañías sostenibles. En resumidas cuentas, lo de los personajes arriba mencionados es un claro atentado contra la política social de los Estados.

Verbigracia, en Brasil la corrupción y la ilegalidad pelecharon abruptamente; en Argentina la devaluación del peso fue vulgar y soterrado; en Bolivia la ignorancia económica de su presidente ha relucido de manera espantosa; en Cuba palabras sobran para exponer el degradante régimen totalitario y opresor del patrimonio social de los ciudadanos, y en Venezuela ni se diga… el dictador Nicolás Maduro representa ‘la antología de la perversión y de la miseria’, convirtiéndose así en un representante del hambre y de la escasez mundial.

Es por esto, por lo que nos alegra sobremanera el giro positivo. En Brasil triunfó un candidato sumamente racional en materia económica y fiscal, pues uno de los planes de Jair Bolsonaro será incentivar el emprendimiento, disminuir la carga tributaria y defender la economía de libre mercado dado que considera la misma como un instrumento efectivo de generación de renta, empleo, prosperidad e inclusión social.

En Chile, el empresario Sebastián Piñera se ha trazado importantes retos para acelerar su sistema económico- productivo de cara a la generación de rentabilidad y desarrollo sostenible. En Argentina, Mauricio Macri ha emprendido importantes medidas para sacar al país del hoyo monetario en el que lo dejó Cristina Fernández.

En Perú, Martín Vizcarra ha llegado al poder garantizando estabilidad institucional, además de respeto hacia la empresa privada. En Paraguay, el presidente y empresario Mario Abdo Benítez, cuenta con la visión apropiada para invertir y administrar los recursos de su Estado idóneamente. En Uruguay, el presidente Tabaré Vásquez, ha sido un dirigente que se ha caracterizado por la eficiencia y la probidad en el manejo de los recursos públicos y las finanzas estatales.

Finalmente, el presidente Iván Duque ha llegado a dirigir a Colombia con las mejores intenciones, con el objetivo específico de materializar y ejecutar un programa de gobierno acertado, ambicioso, y coherente con la coyuntura de los territorios. De sumo, es importante decir que su plan de gobierno estuvo- desde el inicio- basado en el respeto y en la observancia de la política social, dado que, sin aquella es claro que no existiría nunca progreso ni armonía en la sociedad.

La aspiración de este Gobierno radica en incentivar la generación de empleo, el emprendimiento, la productividad del campo, las industrias creativas, la conectividad de las regiones y el bienestar de las empresas; ello por vía de un sistema tributario más simple y efectivo, que esté encaminado a beneficiar el desarrollo empresarial, en tanto se van corrigiendo las inequidades y el nefando odio de clases que generalmente surge entre trabajadores y empresarios.

La idea es consolidar garantías para ambos: tanto para los trabajadores como para los empresarios. Es a esto a lo que se le llama Economía Fraterna; ese concepto que explicamos en una columna pasada y que tanto ha mencionado el expresidente Uribe para impulsar una acertada reforma laboral.

Ahora bien, ¿Por qué fracasó el socialismo en Latinoamérica? Por una razón muy sencilla: porque quienes representaban y representan ese régimen opresor se encargaron de condenar a la inversión privada con bastos dramas y limitaciones que impidieron hacer sostenibles a mediano y largo plazo la ejecución de las políticas sociales.

Bien sabemos que la relación entre la inversión privada y las políticas sociales es recíproca, pues una depende de la otra. El mandatario que no lo reconozca está condenando a su nación al absoluto fracaso.

Por: Juan David Escobar Cubides – juanda30juanda30@hotmail.com
@JuanDaEscobarC

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