En este medio, y en una columna anterior había señalado, que el problema que plantea el populismo a la democracia es que el mismo es una forma irresponsable de conseguir votos. No de solucionar problemas.
Neiva, que tiene un Alcalde que llegó al poder con un discurso populista, al cumplirse su tercera semana de gobierno no hay luces sobre su plan de desarrollo (algo que debía tener listo desde su elección), ni declaraciones serias respecto de varios de los problemas que padece la ciudad.
En los pasillos de la alcaldía y en las calles de la ciudad, en un tono muy bajito eso sí, solo se habla del rampante clientelismo, y en los medios de comunicación, que hasta ahora han sido excesivamente obsecuentes con el actual Alcalde de Neiva y con su administración, solo se hace referencia a notas sociales y reuniones insustanciales, que a anuncios sobre la visión de ciudad del burgomaestre.
Pero creo hay un tema, que por las declaraciones hechas hasta el momento, parece que Gorki Muñoz a fin de mantener sus propuestas, actúa aun en contra de las más elementales reglas de la buena administración, y estaría a punto de cometer un error inexcusable en un tema sensible para la administración de la ciudad. Y no me refiero al tema del parrillero en el microcentro de Neiva.
El Alcalde ha manifestado públicamente que es su intención que todo lo referente al manejo de Mercaneiva se haría a través de la constructora del proyecto, la sociedad Mercasur Limitada En Reestructuración, sociedad privada, al borde de liquidación obligatoria en la Superintendencia de Sociedades.
Desde que desapareció la plaza de mercado del centro de la ciudad de Neiva, hace ya más de 20 años, es decir, en el momento en que los neivanos entendieron que esta ciudad no era un pueblo cualquiera, sino la capital de un Departamento, nació en el sur de la ciudad un proyecto inmobiliario, Mercaneiva, que se concibió como una copropiedad sometida a régimen de propiedad horizontal para comerciantes minoristas y para comerciantes de productos alimenticios y perecederos.
Ese proyecto inmobiliario se sustentó en una apuesta ambiciosa e imposible de controlar: que Neiva se desarrollaría urbanísticamente hacia el sur de la ciudad. Aunque era una buena idea, para infortunio de ese proyecto inmobiliario, Neiva creció sí, pero hacia el norte, hacia el oriente y hacia el sur oriente. No hacía el sur.
Y como el proyecto se concibió para pequeños comerciantes, tal vez de buena fe, pero en mi concepto en forma equivocada, todas las administraciones de Neiva, a excepción de la administración Lara Sánchez, empezaron a comprometerse en medidas de imposible materialización con el ánimo que los neivanos acogieran dicho proyecto inmobiliario como la nueva plaza de mercado de la ciudad.
Y creo que fue una decisión errada, porque no creo que los neivanos de ayer, ni los de hoy, demanden como una necesidad esencial de la ciudad la existencia de una plaza de mercado. Demandan un mejor servicio de agua, una mejor movilidad, inversiones en educación, mejores vías, mejor control urbano y urbanístico, mejor infraestructura, y por supuesto, transparencia administrativa.
Y como es una ley del mercado, que cuando los proyectos empresariales tienen problemas se avizora la quiebra, desde el año 2004 se inició un proceso reestructuración empresarial competencia de la Superintendencia de Sociedades, que en vez de cumplir con el objetivo de verificar si el proyecto empresarial de Mercaneiva tenía futuro económico y podía pagar sus obligaciones dinerarias, se ha vendido a la ciudad, también en forma errónea, como un proceso en el cual se pretende salvar la plaza de mercado de la Ciudad de Neiva.
Esa cadena de errores llevó a que la ciudad se comprometiera con adoptar medidas administrativas de imposible cumplimiento, como por ejemplo que las empresas de transporte tuvieran rutas de transporte urbano hacía Mercaneiva, las cuales fueron en su mayoría desistidas, no porque las empresas de transporte no hayan puesto a disposición del Municipio vehículos de transporte para tal fin, sino porque sencillamente las personas no se desplazan hasta ese punto de la ciudad a hacer mercado.
Existe un documento en el que consta que el Municipio llegó a comprometerse a combatir las ventas de frutas en el centro de Neiva, a hacer control de pesos y medidas, a obligar que el cargue de alimentos de la ciudad solo se hiciera en ese complejo inmobiliario, y hasta se adquirieron compromisos de restringir el comercio de viandas en tiendas y micro mercados, obligaciones abiertamente ilegales y de imposible cumplimiento para el Municipio, contrariando muchos de esos supuestos compromisos prohibiciones legales y hasta constitucionales.
En el año 2016, cuando se posesionó el anterior Alcalde, existía la recomendación de la administración de Pedro Suárez de celebrar un acuerdo conciliatorio en beneficio del constructor, es decir de la sociedad Mercasur Limitada, por casi seis mil millones de pesos, por el supuesto incumplimiento a esas inexistentes obligaciones. La administración Lara Sánchez tomó la acertada decisión de no celebrar dicha conciliación por cuanto no podían reconocerse como ciertos los mencionados incumplimientos, aspecto que luego fue reconocido y corroborado en una providencia judicial dictada por la misma Superintendencia de Sociedades.
Pero hay un detalle que los medios de comunicación, y muchos columnistas y periodistas han callado, y es que la anterior administración evidenció que la sociedad Mercasur Limitada En Reestructuración como constructora del proyecto empezó a recibir cuotas de administración de los pequeños copropietarios, comerciantes y del Municipio de Neiva, y que dichas cuotas de administración no fueron puestas a disposición de inversiones necesarias en dicha copropiedad. Dichos recursos fueron gastados en el pago de las obligaciones particulares de la empresa constructora.
No sé si dicha disposición de dineros públicos en esas condiciones sea un delito, pues eso corresponde a las autoridades judiciales dilucidarlo, pues existen denuncias penales sobre la materia.
Pero sí puedo afirmar que disponer de ese modo de recursos que eran de la copropiedad, entre los cuales se suman dineros públicos del Municipio de Neiva, no es un acto razonable, ni mucho menos transparente, y por supuesto, está alejado de los más elementales cánones de la ética empresarial.
Ante dicha realidad el anterior Alcalde dio una adecuada batalla jurídica y judicial en contra de la constructora para constituir la persona jurídica que es la administradora de la copropiedad, la cual es la encargada por mandato legal de administrar ese complejo inmobiliario, además de tomar la valiente decisión de no seguir entregando los recursos públicos de Neiva a un particular que no invertía en la copropiedad, sino que se repite, utilizaba esos recursos para el pago de sus obligaciones dinerarias.
Piensa infantilmente Gorki Muñoz, que volviendo a pagar las cuotas de administración al constructor, Mercasur Limitada En Reestructuración, ¿esa empresa utilizará esos dineros para invertirlos en el proyecto inmobiliario?
Si así lo piensa, es prudente recordar al Alcalde de Neiva que la administración pública no puede estar concebida para salvar y financiar empresarios. Ese es un elemento esencial del derecho a la libre empresa e iniciativa privada garantizado en nuestra Constitución Política.
Los dineros públicos, que son muy escasos, deben ser invertidos adecuadamente, y con más celo, las cuotas de administración de un complejo inmobiliario en el cual los neivanos son propietarios de aproximadamente más de 1500 locales comerciales que pueden estar avaluados en más de trece mil millones de pesos.
Es hora que Mercaneiva tenga mayoría de edad, se administre sola, y que sus copropietarios, a través del órgano de copropiedad que ordena la Ley, administren dicho complejo de modo que se vuelva atractivo para los neivanos.
Nada tiene que hacer el Municipio de Neiva en ese tema diferente a pagar las cuotas de administración a la copropiedad que le corresponden como copropietario, y velar porque los recursos de la administración se inviertan adecuadamente en la copropiedad, y no en beneficio del constructor.
¿Y los constructores? Recordar que en este mundo, a veces los proyectos empresariales fracasan. Y otras veces esos proyectos comerciales tienen éxito. Eso pasa, aquí en Colombia, en Estados Unidos, en Europa, en la China y en la Conchinchina.
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Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com

