Matiz merece más, Neiva también

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En los 413 años que está por cumplir mi amada Neiva, honrar a sus héroes no debería ser un lujo, es un deber. Y cuando los héroes no sobran, ignorar a uno como Reynaldo Matiz duele y empobrece nuestra memoria colectiva.

Matiz tiene su tumba abandonada en el cementerio de Neiva. Nunca hubo una estatua ni un monumento en su honor (teléfono y oportunidad para el alcalde Casagua). Es hora de reivindicarlo como merece, más allá de un colegio o de esos barrios que repetimos sin saber a quién se refieren.

Eliminar la categoría de “mejor columna de opinión” del Premio de Periodismo Reynaldo Matiz no fue un simple ajuste técnico. Fue una omisión simbólica grave. Se está olvidando a quien dio nombre al premio, que dio su vida por la opinión y la verdad.

Matiz fue asesinado por no callarse. ¿Cómo puede un premio que lo honra excluir la categoría que más lo representa? Una columna no es solo un texto firmado: es una posición frente a los hechos. Disolverla en categorías genéricas como “prensa escrita” o “periodismo digital” borra su esencia. Lo sabe cualquier periodista riguroso.

Hace años intento aportar a este premio. Con Juan Diego Amaya compartimos cafés y vino Malbec argentino donde le insistí que no eliminaran las columnas. ¿Por qué mantener la caricatura —donde se opina sin periodistas y que muchas veces llega desde Bogotá sin conocer Neiva— y borrar la columna, donde se opina con argumentos y compromiso local?

El periodismo local necesita estímulos que premien la opinión, el pensamiento, la creatividad y la investigación. No que todo de lo mismo. Que reconozcan a quienes escriben desde Neiva con compromiso, no desde el copy-paste. Por eso propuse cambios aparte de mantener la sagrada columna, baluarte del buen periodismo: que la mejor columna se llame “La Pluma Matiz”, lo mejor de radio “La Voz Matiz”, y crear un nuevo galardón al mejor periodismo sobre Neiva, venga de donde venga, si investiga y aporta.

No confundamos premios distintos: que el Salamanca que otorga la Asamblea no tenga categoría de opinión no justifica que el Matiz la elimine (e invito a los diputados a incluirla honrando la valiente opinión de los colegas huilenses). Aplaudo a concejales firmes como Miller Osorio, o como Roberto Escobar y Serna, que reconocieron el error y mostraron apertura para corregir.

Como dijo el filósofo Alain, los premios no son solo para celebrar logros, sino para estimular valores. Y uno esencial es la opinión libre y fundamentada. Hoy el Premio Matiz está estancado: ni el aumento de recursos despertó eco. Quizás porque no ha evolucionado.

Tienen la oportunidad histórica de revertir esta decisión y honrar verdaderamente a una de las pocas figuras que pueden generar el sentido de pertenencia que Neiva pide a gritos. ¡Fue el primer periodista asesinado en Colombia en 1924! Porque Matiz merece más. Y Neiva también.

Hace cinco años, Albatros Moro entrevistó al historiador Pedro Pablo Tinjacá, quien recordó que Matiz yace en la sección del cementerio destinada a “ateos, masones, impíos y suicidas” ¿increíble o no? La conocedora del tema, la antropóloga Eloísa Lamilla lo llamó “el Gaitán del Huila”.

Y me despido con una frase de Gaitán: “El que sentencia una causa sin oír la parte opuesta, aunque sentencie lo justo, es injusta esa sentencia”. Fundamentos sobran. Reconocer debe ser, de verdad, RECONOCER. ¡Coraje, concejales! Honrar no es repetir actos. Es intentar mejorarlos siempre.

Por: Caly Monteverdi
Conferencista internacional

Comunicador argentino, asesor estratégico y creativo
X – Twitter: @Calytoxxx

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