En la Fundación Valle del Lili, profesionales de la salud, personal administrativo y equipos de transporte trabajan simultáneamente para que un órgano llegue en condiciones adecuadas al paciente que lo necesita.
La Unidad de Trasplantes funciona las 24 horas del día, los siete días de la semana, y acompaña a los pacientes desde la preparación para la cirugía hasta su recuperación y seguimiento durante años.
Para una persona que espera un trasplante, una llamada puede representar la posibilidad de recuperar su vida cotidiana. Pero antes de que llegue al quirófano, se activa un trabajo que pocas veces es visible: evaluar al donante, comprobar las condiciones del órgano, preparar al paciente y organizar un traslado en el que el tiempo y el cuidado son fundamentales.
La importancia de este proceso se refleja en las cifras nacionales. Según el Instituto Nacional de Salud (INS), durante 2025 se realizaron 1.361 trasplantes de órganos en Colombia. Sin embargo, en su publicación de febrero de 2026, la entidad reportó que 4.123 personas necesitaban un trasplante¹. Detrás de esta espera hay pacientes y familias para quienes la donación puede abrir una nueva oportunidad de vida.
En el marco del Día Mundial de la Donación de Órganos, Tejidos y Trasplantes, que se conmemora el 14 de octubre, la Fundación Valle del Lili comparte cómo funciona esta carrera contrarreloj y por qué un trasplante requiere mucho más que una cirugía.
Una cadena de cuidado que se activa en pocas horas
Cuando se recibe la notificación de un posible donante, varios equipos comienzan a trabajar al mismo tiempo. Mientras unos evalúan las condiciones del donante y de sus órganos, otros coordinan con la Red Nacional de Donación y Trasplantes su asignación y verifican que el paciente que los recibirá esté en condiciones de ingresar a cirugía.
En paralelo, se prepara la sala de operaciones, se organizan los equipos necesarios y se coordina la extracción, conservación y transporte del órgano. En la experiencia de la Fundación, este proceso puede involucrar a alrededor de 150 profesionales y colaboradores, entre personal asistencial, administrativo y operativo.
“Por eso un trasplante no puede entenderse como una cirugía aislada. Es el resultado de un sistema completo trabajando de manera sincronizada”, explica Jhon Bernardo Ortiz Micolta, coordinador operativo de Trasplante de la Fundación Valle del Lili.
El corazón es uno de los órganos que mejor ilustra esta exigencia. Su tiempo de conservación es limitado y obliga a coordinar el transporte en pocas horas, manteniendo condiciones de temperatura controladas. La Fundación ha documentado operativos de traslado de órganos desde ciudades como Bogotá y Cartagena hacia Cali.
“La prioridad, sin embargo, no consiste únicamente en llegar rápido. Cada decisión debe proteger la seguridad del paciente: comprobar que el órgano pueda ser trasplantado, evaluar la compatibilidad y garantizar su conservación durante todo el recorrido. Cada minuto importa, pero también es fundamental no tomar decisiones apresuradas que comprometan la seguridad del receptor”, señala Ortiz Micolta.
Una experiencia que permite atender casos cada vez más complejos
La historia de los trasplantes en la Fundación Valle del Lili comenzó en 1996. Desde entonces, la institución ha desarrollado programas para niños y adultos, con donantes vivos y fallecidos, así como procedimientos que permiten trasplantar varios órganos a un mismo paciente.
Durante 2026, con corte a septiembre, la Fundación Valle del Lili realizó 133 trasplantes de órganos sólidos. Esta actividad incluyó 59 trasplantes de riñón, 23 de hígado, 6 de corazón y 7 de pulmón, además de 11 trasplantes combinados de riñón y páncreas y 2 de riñón e hígado. Dentro de los programas de donante vivo se realizaron otros 16 trasplantes de riñón y 9 de hígado, incluidos en el total. Detrás de cada procedimiento hay un paciente, una familia y un equipo que trabaja de manera coordinada para ofrecer una nueva oportunidad de vida.
La evolución de la Unidad también se refleja en su capacidad para atender situaciones de mayor complejidad. En 2026, la Fundación realizó su primer trasplante de hígado de adulto con donante vivo, después de un proceso de preparación y entrenamiento especializado iniciado años atrás.
Estos avances requieren que los equipos de cirugía, anestesia, cuidados intensivos, laboratorio y coordinación estén preparados en el momento preciso. En los procedimientos pediátricos y en aquellos que involucran varios órganos, esa articulación resulta especialmente exigente.
La oportunidad de volver a la vida cotidiana
El impacto de un trasplante continúa mucho después de la cirugía. Además de evaluar la supervivencia del paciente y el funcionamiento del órgano recibido, el seguimiento permite conocer cómo avanza su recuperación y si puede retomar actividades como estudiar, trabajar o compartir con su familia.
Entre las experiencias recogidas por la Unidad está la de un paciente pediátrico que recibió un trasplante de varios órganos después de siete años de espera. Posteriormente, pudo regresar a su finca, retomar el contacto con sus animales y continuar sus controles médicos.
Su historia muestra lo que puede significar un trasplante más allá de los resultados de una operación.
“Una de nuestras grandes fortalezas es la experiencia acumulada y el seguimiento de los pacientes a lo largo de los años, que nos permite conocer su evolución mucho después del trasplante. Esa trayectoria respalda la calidad de nuestro trabajo, comparable con la de referentes internacionales en trasplantes, lo que brinda confianza y seguridad a los pacientes y sus familias”, señala el doctor Jorge Iván Villegas Otálora, cirujano de trasplantes de la Fundación Valle del Lili.
Comprender todo lo que ocurre detrás de estos procedimientos también permite reconocer la generosidad de los donantes y sus familias, así como el trabajo de quienes hacen posible que esa decisión se convierta en una oportunidad para otra persona.
En esta conmemoración, la Fundación Valle del Lili invita a reconocer la importancia de la donación y el esfuerzo que conecta al donante con quien espera un trasplante. Su Unidad mantiene una operación permanente para acompañar ese proceso y ayudar a que más pacientes puedan recuperar su autonomía y sus proyectos de vida.




