El Fenómeno del Niño se está fortaleciendo. En el Huila ya hay señales que obligan a prestarle atención: fuentes hídricas bajo presión, riesgo de desabastecimiento, altas temperaturas, incendios de cobertura vegetal. No estamos frente a una sorpresa climática; estamos frente a un fenómeno anunciado.
Por eso me preocupa que sigamos entendiendo la prevención como una lista de recomendaciones: ahorrar agua, evitar quemas, hidratarse. Todo eso importa, claro, pero resulta insuficiente. Si El Niño se intensifica, el Huila necesita pasar de los mensajes a las decisiones.
La primera debe ser proteger el agua antes de que escasee, cada municipio necesita identificar sus fuentes más vulnerables, reducir fugas, recuperar nacimientos, mantener reservorios, preparar sistemas alternos de abastecimiento. En las zonas rurales debemos impulsar la cosecha de aguas lluvias, almacenamiento seguro, protección de microcuencas; esperar un carrotanque es llegar tarde.
El campo merece una estrategia especial. No podemos pedirle al productor que soporte solo una temporada difícil, es momento de promover riegos más eficientes, conservar humedad mediante coberturas del suelo, ajustar calendarios de siembra, preparar reservas de alimento para el ganado, garantizar puntos de agua, acompañar los cultivos más sensibles al calor. Anticiparse puede salvar una cosecha, proteger ingresos, evitar que una familia rural termine endeudada por una sequía que era previsible.
También debemos declarar una guerra seria contra las quemas, un incendio no comienza cuando vemos la montaña cubierta de humo; empieza con una práctica irresponsable, un lote seco, una comunidad sin capacidad de reacción. Se necesitan brigadas locales preparadas, herramientas disponibles, vigilancia en zonas críticas, rutas claras para reportar cualquier conato, cada hectárea que protegemos conserva suelo, biodiversidad, agua.
Hay otra decisión que pocas veces ponemos sobre la mesa: priorizar el presupuesto. Si sabemos que pueden venir meses más secos, algunas inversiones tendrán que adelantarse. Mantener sistemas de abastecimiento, apoyar pequeños reservorios, fortalecer la respuesta ante incendios, proteger fuentes hídricas estratégicas no debería esperar a que se declare una calamidad.
Tampoco podemos olvidar escuelas, centros de salud, hogares rurales dispersos, adultos mayores. La seguridad hídrica también es una forma de proteger la vida.
El Niño no se puede detener, pero sus consecuencias sí pueden reducirse. El verdadero riesgo no es que llueva menos. Es saber lo que puede ocurrir, tener tiempo para prepararnos y aun así esperar a que falte el agua para comenzar a actuar.
En el Huila todavía estamos a tiempo.
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Por: María Fernanda Plazas Bravo – X: @mafeplazasbravo
Ingeniera en Recursos Hídricos y Gestión Ambiental
Especialista en Marketing Político – Comunicación de Gobierno



