En Estados Unidos, Inglaterra, Japón, Rusia y China, que son países serios, las imprudencias de los diplomáticos se pagan con cárcel. En Colombia, esas imprudencias son noticias de farándula y se subsanan con palmaditas en la espalda, o con cambios de carteras Ministeriales.
A lo sumo, se vuelven chismes y remembranzas en los clubes bogotanos, en donde recuerdan que tal o cual embajador o canciller, eran pintorescos personajes.
Los colombianos no somos ajenos a historias de imprudencias diplomáticas. No podemos olvidar que en 1952 un canciller de apellidos Uribe Holguín, después de una noche de farra, enguayabado o a media caña, y dicen las malas lenguas, en medio de las piernas de una despampanante venezolana, cedió con una nota diplomática el Archipiélago los Monjes a la hermana República de Venezuela.
La nota diplomática fue declarada nula por el Consejo de Estado Colombiano, pero Venezuela no devolvió Los Monjes y es un asunto pendiente y semilla de conflicto entre las dos naciones.
Francisco Santos que está a punto de pasar a la historia de la diplomacia colombiana como uno de los más ineptos y torpes embajadores del que se tenga memoria, acaba de reconocer en Estados Unidos que el gobierno colombiano subestimó la capacidad de Nicolás Maduro de aferrarse al poder.
Recuerdo que hace poco más de un mes, fue noticia, opacada por el paro y la movilización social, que a nuestro embajador en EEUU. lo habían grabado con la actual canciller, debelando imprudentemente sus opiniones, no solo sobre el gobierno de Iván Duque, sino también sobre la oposición venezolana y sobre el Departamento de Estado de Trump, escandalo que le valió duras recriminaciones de medios tan importantes como el New York Times y el Washington Post.
No tengo dudas que la grabación fue filtrada a medios de comunicación por el mismo Gobierno de Colombia para tratar de ocultar un error diplomático gigantesco e inexcusable.
El error consiste en haberse alineado con un sector de la oposición venezolana que comprometió a Colombia con la improbable causa de tumbar al Chavismo del poder en Venezuela.
Hace unos días, Orlando Avendaño Linares, escritor y periodista venezolano, editor del Panam Post, en una entrevista pública dada en Estados Unidos, en presentación de un libro de su autoría titulado “Días de sumisión”, respondió ante una pregunta relacionada con el problema de la dictadura en Venezuela, y en particular, del fracaso del ingreso de la ayuda humanitaria a Venezuela en febrero de 2019:
“Yo estuve en Cúcuta esos días y de este lado (es decir Colombia) ellos tenían la certeza de que ese día iban a lograr algo, confiaban en un supuesto proyecto que habían armado con militares del otro lado y estaban seguros de que iba a pasar la ayuda humanitaria y que eso iba a generar un efecto en que Caracas iba a ser sacudida. El cálculo era sumamente desproporcionado y sumamente ingenuo, pues fíjate lo que pasó. Y además fue patético; yo estuve en una sala situacional improvisada que armaron y la frustración con el presidente interino, la frustración con el proyecto que se había esbozado era gigantisima, porque a Colombia se le dio la certeza de que ese día iba a pasar la ayuda humanitaria. Todo estaba centrado en tienditas y como a las tres de la tarde enviaron a más de veinte mil personas a irse para sus casas. Fue una catástrofe estratégica terrible, que mina la confianza de los aliados”.
Hace poco más de un mes, fueron noticia a nivel mundial (acá estábamos pendientes del paro), las serias denuncias de Humberto Calderón Berti, embajador de Guaidó en Colombia, referidas al mal manejo de recursos de ayudas humanitarias, al punto que este embajador no solo renunció a su cargo, sino que dijo en otra entrevista también en Estados Unidos, que hacía meses no hablaba con el Presidente Interino de Venezuela.
Y es que no estamos hablando de la opinión de dos periodistas, son versiones de al menos un testigo directo que demuestra que el Gobierno Duque se metió en un conflicto diplomático casi imposible de resolver con Venezuela, por dar un apoyo político a un sector de la oposición venezolana.
Para los que seguimos el desastre venezolano es menester recordar que Juan Guaidó es el Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, en representación de un partido de oposición llamado Voluntad Popular, que no ha logrado hacer coalición con otros partidos opositores, pues no son considerados representativos en ese país.
¿De dónde sacaron Iván Duque, Holmes Trujillo y Francisco Santos, que ese partido tenía a las fuerzas militares del vecino en su poder? ¿Es que no se dan cuenta que sí la oposición tuviera el apoyo de las fuerzas militares de Venezuela el chavismo se hubiese caído del poder hace ya bastante tiempo? ¿Será que no han visto miles de notas periodísticas y documentales que han denunciado la forma como las fuerzas militares han sido completamente ideologizadas desde que Hugo Chávez Frías subió al poder en 1999?
Recuerdo al canciller Holmes Trujillo a principios de este año, asegurando a los demás países de la región y de Europa que la oposición asumiría el poder en Venezuela. Hoy sabemos, que esa promesa se fundaba en la quimérica y fanática visión de una parte de la oposición venezolana, que no reside en Caracas, pues está posicionada en New York, pero sobre todo en el Estado de la Florida. Sector exiliado de la política venezolana, caracterizado por su fanatismo de derecha, que no es querido en el país vecino.
Y Estados Unidos, que ha manejado junto con Rusia y China la diplomacia de este planeta desde la segunda guerra mundial, actuó con sublime inteligencia. El país del norte ni siquiera usó a Colombia.
Dejó que Duque y su gobierno en forma torpe acogieran las promesas de ese sector de la oposición venezolana, y brindó un apoyo lejano y difuso, advirtiendo desde el principio que no habría intervención militar. No la necesitan, hoy a pesar de toda la parafernalia y sanciones a uno que otro chavista, el principal comprador del petróleo venezolano sigue siendo Estados Unidos.
Al punto que Michael Kozak, el encargado de Latinoamérica en el Departamento de Estado declaró públicamente hace menos de una semana «Nuestro apoyo ha sido a las elecciones democráticas de Venezuela, no a Juan Guaidó como persona, sino como presidente electo de la Asamblea Nacional y, por tanto, por la Constitución, como presidente interino».
Y este gobierno de extremos, de opiniones conspirativas, que no se acuerda que la diplomacia no es para bobos y que por supuesto no puede ver la realidad, pensó que Iván Duque iba a ser el adalid de la libertad y sería el héroe que tumbaría el régimen chavista. A cambio de ese sueño, digno del cantante de baño frente al espejo, Colombia se alejó de más de doscientos años de tradición diplomática, que lo ubicaban como un país que en su actuar siempre respetaba las normas del derecho internacional.
Al estudiante de derecho Duque se le olvido que una de las primeras lecciones del derecho internacional es que no es lícito a un gobierno desestabilizar o intervenir en los asuntos de otro país, ni mucho menos patrocinar quiebres institucionales o desconocimientos del orden jurídico establecido. Eso, conforme al derecho internacional público no es otra cosa que una agresión.
¿El resultado?. Maduro sigue y seguirá en el poder, y si cae, lo cual además de improbable sería un milagro, no será por causa de Colombia, ni del gobierno interino de Guaidó. Ese sátrapa sabe, que Colombia está sola en su apoyo a un sector de la oposición venezolana y que después de semejante fracaso, Colombia está neutralizada frente a Venezuela.
Ningún país, ni siquiera Estados Unidos, oirán nuestros reclamos frente al régimen chavista, frente a los problemas de la frontera con la delincuencia, frente al amparo y protección al ELN y otros grupos irregulares, y por supuesto, frente a la migración venezolana. ¿Por qué? Porque los errores diplomáticos en este mundo se pagan. Y con intereses.
Lo más dramático y triste para los que amamos la democracia, es que el año entrénate, en junio de 2020, cuando termine el periodo de la actual Asamblea Nacional Venezolana, el venezolano que aguanta hambre y no tiene salud, ni educación, no perdonará este nuevo fracaso de la oposición venezolana, y muy seguramente el Chavismo consiga mayorías en el legislativo. Preferirán el régimen actual, a una oposición que no hace nada, que no logra nada, y sobre todo, que no soluciona nada. Poco importara que la oposición alegue fraude en las nuevas elecciones. Ningún país volverá a montar ese caballito de batalla.
¿Y Duque? Bueno, al menos no podrán decir que ese error inexcusable lo cometió en medio de las piernas de una despampanante venezolana.
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Por: Juan Pablo Murcia Delgado – murciajuanpablo@gmail.com

