«Detéctelo temprano; nosotros lo atendemos tarde»

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19 de octubre, Colombia se viste de rosa mientras sus pacientes esperan – La EPS se viste de rosa y la paciente se viste de paciencia.

Hoy, Día de la Lucha contra el Cáncer de Mama, Colombia volverá a ponerse el lazo rosado. Habrá edificios iluminados, funcionarios con discursos sensibles y entidades de salud recordándoles a las mujeres que un diagnóstico temprano puede salvarles la vida. Todo impecable. Solo falta que conseguir ese diagnóstico no sea una prueba de resistencia.

La contradicción es cruel, el sistema les exige a las mujeres consultar a tiempo, pero puede recibirlas con una agenda cerrada. Les recomienda estar atentas a cualquier cambio en sus senos, pero les exige paciencia cuando lo encuentran. Les habla de prevención mientras convierte una sospecha de cáncer en una peregrinación administrativa.

“Consulte oportunamente”, dice la campaña. “No hay disponibilidad”, responde la ventanilla.

En el papel, Colombia sabe qué hacer. La Resolución 3280 de 2018 contempla detección temprana, búsqueda activa ante resultados sospechosos y gestión administrativa de la biopsia. Las rutas integrales prometen conectar la sospecha, el diagnóstico y el tratamiento. El recorrido está trazado; la paciente no debería tener que abrirlo a punta de acciones constitucionales.

Pero una ruta dibujada no equivale a una ruta transitable. Una mamografía pendiente de lectura, una biopsia que no se agenda y una consulta oncológica aplazada no se resuelven porque alguien haya escrito “atención integral” en una presentación institucional. El tumor, lamentablemente, no lee resoluciones. Tampoco suspende su crecimiento mientras se renegocia un contrato.

Las barreras no son una invención del descontento. Investigaciones colombianas han documentado obstáculos administrativos y desigualdades de acceso entre mujeres con cáncer de mama. Hace años conocemos el problema. Nos hemos vuelto extraordinariamente competentes para describirlo y bastante menos eficaces para impedir que se repita.

La integración vertical merece estar en el centro de esta discusión. Cuando una EPS participa en la propiedad de los prestadores hacia los cuales dirige a sus afiliadas, la promesa es coordinar mejor la atención.

Esa coordinación debe demostrarse en citas oportunas, capacidad resolutiva y continuidad. Si la red vinculada no responde y, aun así, se mantiene a la paciente esperando dentro de ella, la integración se convierte en encierro y en negocio.

El conflicto aparece cuando pesa más conservar la atención dentro del circuito empresarial que garantizarla donde pueda prestarse oportunamente. Una red propia sin capacidad suficiente no puede convertirse en una sala de espera obligatoria. El vínculo económico entre instituciones jamás debería tener más fuerza que la necesidad clínica de una mujer.

Qué peculiar concepto de integralidad, las empresas integradas y la paciente desintegrada entre autorizaciones, sedes y contratos.

La integración vertical, por sí sola, no explica todas las demoras. También cuentan la escasez de especialistas, las distancias, las fallas diagnósticas y los problemas financieros. Precisamente por eso resulta inaceptable añadir obstáculos administrativos a dificultades que ya son enormes. La obligación de organizar la atención pertenece al sistema; trasladársela a quien tiene una sospecha de cáncer es una forma de abandono, las autoridades no pueden limitarse a ejercer de notaría del incumplimiento.

El Ministerio de Salud y la Superintendencia Nacional de Salud suscribieron la Circular Externa 019 de 2025, que ordena eliminar autorizaciones en la atención del cáncer de adultos y prohíbe trasladar a los usuarios las cargas administrativas señaladas en ella. La instrucción existe y también prevé sanciones.

La pregunta incómoda es cuánto vale esa orden frente a una paciente que sigue esperando. Porque entre expedir una circular y garantizar una biopsia hay una distancia que no se mide en folios, sino en días de incertidumbre y oportunidades de tratamiento.

El país acaba, además, de adoptar un nuevo Plan Decenal para el Control del Cáncer 2026–2035. Pero ninguna paciente debería necesitar diez años para comprobar que esta vez las promesas llegaron hasta el consultorio.

El Plan Decenal solo tendrá sentido si la ruta de atención logra su propósito, conectar la detección temprana con un diagnóstico oportuno y un tratamiento continuo, antes de que la enfermedad avance y se reduzcan las posibilidades de curación. Una ruta que identifica una sospecha y luego abandona a la paciente entre trámites es apenas un itinerario del abandono. El éxito se mide en oportunidades de vida preservadas, no en documentos publicados.

Por eso resulta tan injusta la frase “consultó tarde” cuando borra el recorrido previo de una mujer que buscó ayuda y encontró puertas cerradas. Antes de escribirla habría que preguntar cuándo pidió la primera cita, cuánto esperó el examen y cuántas veces fue devuelta.

La paciente no diseñó el aseguramiento. No escogió los mecanismos de contratación. No decidió integrar empresas ni fragmentar servicios. No causó la disputa entre quien paga y quien presta. Sin embargo, termina financiándola con pasajes, jornadas laborales perdidas, ahorros familiares y tiempo de vida. Y todavía le pedimos que sea una guerrera.

A una mujer con cáncer no debería exigírsele, además, ser abogada, mensajera, auditora y experta en contratación para conseguir atención. Su valentía no puede seguir funcionando como excusa para nuestra incompetencia institucional.

Este 19 de octubre, las EPS deberían rendir cuentas sobre tiempos reales de atención. La Supersalud, sobre la corrección efectiva de las barreras. El Ministerio, sobre resultados que puedan verificarse más allá de los documentos. Y los entes de control, sobre las consecuencias de incumplir obligaciones que protegen vidas.

El lazo rosado cabe perfectamente en una solapa. La responsabilidad exige bastante más. Porque el cáncer no pide autorización; la vida de una paciente tampoco debería necesitarla.

P.D.: A las EPS y a las autoridades que hoy publicarán su lazo rosado: antes de recordarle a una mujer que consulte a tiempo, comprueben que ustedes no la estén atendiendo tarde. La campaña puede esperar a que aprueben el diseño. La biopsia, no.

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Por: Faiver Augusto Segura Ochoa
X: @faiver_segura

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