Aunque haya distractores, el planeta sigue en peligro

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Por estos días volví a hojear una de esas obras literarias que, aunque fueron escritas hace décadas, parecen empeñadas en recordarnos que algunas advertencias terminan convirtiéndose en realidad. Me refiero a Un mundo feliz, de Aldous Huxley, publicada en 1932.

Huxley imaginó una sociedad en la que los seres humanos habían sacrificado buena parte de su libertad y de su capacidad de cuestionar a cambio de comodidad, entretenimiento y satisfacción inmediata. Una sociedad en la que pensar demasiado resultaba inconveniente y cualquier malestar podía ser anestesiado con alguna forma de placer.

Casi un siglo después, no vivimos exactamente en el mundo que imaginó Huxley. Nadie nos obliga desde un laboratorio a aceptar dócilmente el sistema. No hace falta. Hoy tenemos algo mucho más sofisticado: una maquinaria capaz de mantenernos permanentemente ocupados, entretenidos y consumiendo.

Nos dice qué comprar, qué desear, qué mirar, qué odiar, qué admirar y, quizá lo más preocupante, qué debemos considerar importante.

Vivimos atrapados en una cultura que convirtió el consumo en una forma de realización personal. Comprar, estrenar, reemplazar y desechar parecen haberse convertido en actos naturales de nuestra vida cotidiana.

Las cosas duran menos porque así están diseñadas; las modas, todavía menos. Y aquello que ayer parecía indispensable hoy termina en la basura porque apareció algo nuevo que lo reemplaza o, simplemente, porque alguien consiguió convencernos de que ya no lo necesitamos.

Entonces surge una pregunta incómoda: ¿Qué estamos desechando realmente? No solamente objetos; también recursos, bosques, agua, biodiversidad y oportunidades para quienes todavía no han nacido.

El problema es que buena parte de esas consecuencias no aparece en la factura que pagamos. El precio ambiental de lo que consumimos suele quedar lejos de nuestros ojos y, por eso mismo, lejos de nuestra conciencia.

Compramos un teléfono nuevo, pero no vemos los recursos utilizados para fabricarlo. Compramos ropa que quizá usaremos unas cuantas veces, pero no vemos el agua y la energía que demandó producirla. Desechamos un aparato porque dejó de ser atractivo, aunque todavía funcione, y rara vez pensamos en el lugar donde terminará.

Nos hemos acostumbrado tanto a consumir que hemos dejado de preguntarnos cuánto cuesta realmente aquello que compramos.

Y aquí aparece otra paradoja de nuestro tiempo: nunca habíamos tenido tantas herramientas para informarnos y, sin embargo, pareciera que cada vez tenemos menos disposición para detenernos a pensar.

Las pantallas nos entretienen, las redes sociales nos mantienen ocupados y los algoritmos conocen buena parte de nuestros gustos. Mientras discutimos durante horas por una publicación, una declaración desafortunada o la última polémica política, asuntos mucho más trascendentales avanzan silenciosamente.

No es que esas discusiones no importen. El problema es que pueden terminar ocupando todo el espacio de nuestra atención. Y la atención, hoy, es uno de los bienes más disputados.

La verdad es que el planeta no necesita convertirse en tendencia para estar en peligro. El cambio climático no desaparece porque dejemos de hablar de él. Los océanos no se recuperan porque nuestra atención se concentre en otro asunto. Los bosques no dejan de desaparecer porque una nueva controversia ocupe las primeras páginas. Y la contaminación no entiende de algoritmos, tendencias ni número de “me gusta”.

Tal vez ese sea uno de los grandes distractores de nuestra época: confundir lo urgente con lo importante. Nos ocupamos de aquello que reclama nuestra atención durante unos minutos, mientras dejamos de lado lo que compromete nuestro futuro durante décadas.

En Un mundo feliz, el poder no necesita imponerse únicamente mediante la fuerza. Basta con mantener a las personas satisfechas, ocupadas y entretenidas; con eso se castra la posibilidad de un pensamiento abierto y un análisis crítico de lo que sucede en realidad.

Por: Hugo Fernando Cabrera – hfco72@gmail.com
X: @Hufercao04

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