Un artefacto explosivo fue detonado frente a la sede de la cooperativa Coonfie, ubicada en el parque principal del municipio de Gigante, Huila, en la madrugada del miércoles 4 de junio.
La fachada del edificio se vio afectada. Hasta el momento, las autoridades locales no han emitido un pronunciamiento oficial sobre los hechos.
Este nuevo ataque se suma a una preocupante cadena de atentados contra entidades cooperativas en el municipio. El 17 de enero fue atacada la sede de Coofisam y el 6 de marzo la de Coocentral, también con artefactos explosivos. En los tres casos, los atentados se han perpetrado en horas de la noche o madrugada y, aunque no se han reportado víctimas humanas, los daños materiales son evidentes y el impacto psicológico en la comunidad es creciente.
La población de Gigante ha comenzado a expresar con fuerza su alarma e indignación ante esta serie de atentados que parecen tener un blanco común: las cooperativas que sostienen buena parte del tejido económico local. Estas instituciones no son simples entidades financieras; representan formas organizativas solidarias que han impulsado el crédito rural, apoyado a pequeños productores y garantizado el acceso a servicios para miles de familias huilenses.
Algunos testimonios señalan que detrás de los ataques podrían estar grupos armados que buscan someter a las cooperativas mediante extorsión. La negativa a pagar las llamadas “vacunas” podría estar generando represalias en forma de explosivos.
La impunidad de estos hechos permite que se repitan, y la falta de respuestas institucionales mina la confianza en el Estado.



