Ansiedad ayer, hoy, mañana y siempre

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¿Cuándo terminará la cuarentena?, ¿será que si va a terminar?, ¿qué vamos a hacer ahora?

Para nadie es un secreto que los momentos que estamos viviendo han generado un sin número de síntomas, trastornos y hasta síndromes referentes a la esfera mental. Pero también es necesario ubicarlos en un contexto mayor, histórico horizontal y no solo vertical.

Hoy desde esta postura quisiera que abordáramos la ansiedad y algunas recomendaciones o apuntes para lograr continuar con nuestras vidas de la manera más funcional posible. La ansiedad puede ser una respuesta normal como mecanismo de alerta en búsqueda de la sobrevivencia.

Sin embargo, se torna patológica o anormal en la medida en que supere nuestra capacidad de respuesta e interfiera con el desarrollo de la vida cotidiana.

Cuando por ejemplo tenemos un motivo para estar siempre preocupados y en disgusto consigo mismo y/o con los otros, cuando no podemos o sufrimos en extremo ante eventos en público (en una entrevista, en una evaluación académica, en una exposición, entre otros), cuando se tiene miedo de salir a la calle o concurrir a un sitio con gran afluencia de personas o por el contrario miedo a estar en sitios cerrados como un ascensor o incluso nuestra propia casa (cuarentena?), cuando se tiene la sensación de muerte inminente con una gran activación, sudoración, frialdad, agitación, respiración rápida o falta de aire, dolor de cabeza, náuseas, vómito y pensándose que se está sufriendo un infarto cardíaco.

Estoy seguro que en estos momentos muchos hemos sentido lo descrito anteriormente, pues lo he podido ver en mi ejercicio profesional a diario con las personas a quienes he podido valorar, acompañar y retroalimentar mutuamente.

Y aquí es donde vale la pena, como primer apunte, saber que a quien le esté pasando no es un bicho raro, no está loco, no es un débil o flojo, pues realmente está ocurriéndonos a muchos ante un panorama donde la incertidumbre se mantiene y crece al igual que su respuesta: la ansiedad.

Y ocurre porque no estábamos preparados para esto, no estábamos obligados a quedarnos en casa y menos a aceptar esta medida sin saber una fecha de terminación.

Vendría bien, como segundo apunte, poder tener en cuenta que mucho podemos hacer también por nosotros mismos.

Aplicando el conducto regular de la vida y de las estrategias de respuesta ante cualquier desastre (que quede claro que la Pandemia que vivimos es realmente un desastre en todos los sentidos, desde lo conceptual y de significancia): primero la autoayuda/autocuidado, luego la ayuda/cuidado mutua y entonces sí, de último, la asistencia externa (gubernamental o no gubernamental). Y lo podemos hacer en dos sentidos, convendría hacerlo simultáneamente.

A nivel cognitivo, la forma de pensar, donde preocuparnos por querer controlar lo que escapa a nuestro control, por ejemplo la fecha de terminación de la cuarentena, realmente trae un sin sentido y absurdo que aumenta innecesariamente nuestra ansiedad.

Realmente solo tenemos control de nuestros propios pensamientos, palabras y actos; más no de aquellos de los demás. Sería un tercer apunte. Así que de la fecha de terminación de la cuarentena que se ocupe el Gobierno, no lo puedo controlar pues escapa de mis competencias directas e inclusos posibilidades reales e inmediatas.

Nosotros ocupémonos de las actividades que podamos realizar en casa mientras dure la cuarentena y luego al retorno de nuestras labores al terminar la cuarentena.

En unas u otras, definitivamente no hay marcha atrás, vivimos en una nueva realidad y aceptarla como adaptarme a ella me prepara, fortalece y resulta más adecuado que seguirme resistiendo, rechazando y/o viviendo en la nostalgia del ayer, en el sufrimiento y la no tolerancia a la frustración.

A nivel conductual, el pararnos frente a esta realidad por medio de las acciones o comportamiento, convendría pasar de la queja y la angustia a las acciones del autocontrol y del saber cuándo pedir y dar ayuda. Sería nuestro cuarto apunte.

Vendría bien en esos momentos de ansiedad y angustia utilizar una técnica de relajación, el hidratarse permanentemente (al menos 8 vasos de agua en el día), el realizar ejercicios sobretodo de equilibrio, el respirar profundamente y despacio de manera repetida, el concentrarse en un punto fijo durante unos segundos, el escuchar una canción de su agrado y que al recordarle algún evento de su vida le de tranquilidad, el hacer cambio de temperatura tomando una ducha de agua fría o caliente, tomando un vaso de agua fría o un café/agua de panela/té/mate/jugo frío o caliente.

Entre muchos otros que bien pueden consultar y aplicar adecuadamente pues abundan en las redes sociales y son de acceso libre.

En lo personal antes de lo anterior me funciona muy bien y me es suficiente, la oración; más que como técnica, como filosofía de vida y como comunicación con Dios, Quien realmente todo lo puede, Quien tiene el control de todo, incluida mi vida y a Quien puedo confiar y entregarme totalmente para que Él se haga cargo y me ayude a llevar esas pequeñas cruces (para mi grandísimas), eso sí, siempre acordándome que nadie se resiste al pedido de una madre, así que con Ella siempre en mi vida y contando pepitas, haciendo el Santo Rosario.

Como Consagrado y Misionero de Lazos de Amor Mariano no puedo dejar de decirlo e invitarlo amigo lector a conocer las maravillas en su vida el buscar la gracia de la conversión y el anhelo de ser santos. Que sea esta invitación el QUINTO apunte.

Si nada de lo anterior resulta ser suficiente o aunque ayuden no bastan, antes de ahí y también ahí tenemos una posibilidad más: acudir al Psiquiatra y/o al Psicólogo, ojalá incluso, al equipo de salud mental. Porque no es el tiempo de la Psiquiatría, es el tiempo de la salud mental. Porque no es el tiempo del Psiquiatra, es el tiempo del equipo de salud mental.

Donde desde esa multidisciplinariedad e interculturalidad necesitamos vernos no como pacientes y profesionales sino como personas que compartimos una nueva realidad y que podemos ayudarnos unos a otros así como dejarnos ayudar unos por otros. Como sexto apunte También se incluyen los psicofármacos en esta posibilidad, a los que no podemos tenerle miedo pero tampoco de los cuales debemos abusar.

No se puede negar lo útil y maravillosos que resultan en lo agudo de la ansiedad psicofármacos como las Benzodiacepinas (Clonazepam, Alprazolam, Lorazepam, Diazepam…) pero usados correctamente (indicados por el competente, en tiempo, dosis y según cada caso) pues no existe medicamento mágico y por el contrario su mal uso si puede traer consigo consecuencias no deseadas como abuso, dependencia, tolerancia, abstinencia, pérdida de memoria, cefaleas, intoxicaciones, daño hepático, daño renal, entre otras.

Por último como conclusión, y si me aceptan como séptimo apunte, la ansiedad es una realidad nuestra hoy, mañana y siempre; la diferencia entre unos y otros, estará en la manera en que nos paremos frente a ella y por tanto convivamos con ella.

De ahí que: algunos podemos pensar que la ansiedad no me puede afectar pues soy fuerte y eso es para débiles; otros podemos pensar que aunque me afecte lo importante es seguir como si no me afectara pero creo poder ayudar a otros que si se afectan; y, otros podemos pensar que me afecta y que por tanto debo hacerle frente para ayudarme y así mismo poder ayudar a otros que puedan estar pasando por lo mismo.

Los dos primeros grupos no resultan ser funcionales y tarde o temprano si nos paramos en estos nos tropezaremos con la realidad de hacer síntoma y de sufrimiento extremo al causarse agotamiento y/o daño a sí mismo o a otros; mientras el último grupo es el único funcional, y ubicarnos en este, nos hace verdaderamente resilientes, estando a la altura del desafío que nos presenta este tiempo.

Por: David Andrés Cangrejo Torres
Médico colombiano en Psiquiatría en Argentina
dactmed@gmail.com   – Whatsapp (+57)3133652794
Twitter: @davidcangrejot

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