Los colombianos una vez salgamos y superemos esta gran crisis de la pandemia del Covid-19, se nos presentarán unas grandísimas oportunidades.
Debemos decidir qué clase de Nación queremos, la que tenemos hoy, pobre con un ingreso per-cápita de US$6.000 dólares año, o un país rico para todos.
¿Qué hace la diferencia?
La pobreza la conseguimos si no cambiamos. Según las cifras más recientes del DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), 13 millones de colombianos sufren la “pobreza monetaria”, es decir, que no disponen de un ingreso suficiente para atender sus necesidades básicas.
Esto equivale al 27% de la población. En la pobreza extrema, o sea en el estado en que no pueden satisfacer necesidades básicas vitales como alimento, agua potable, techo y sanidad, están otros, 3,5 millones de personas que representan el 7,2% del total.
¿Pero que necesitamos para salir de la trampa de la pobreza y enriquecer nuestro país?
Primero. Crear instituciones inclusivas, ¿cuáles son esas? Las incluyentes, democráticas, modernas y transparentes, que dan libertad de oportunidades y acceso a todos los colombianos.
Debemos eliminar las instituciones extractivas, que nos encadenan en el círculo vicioso de la pobreza. La correlación entre la pobreza y la corrupción es directa.
Un ejemplo de institución colonial y extractiva, es el gremio FEDEGAN, cuyos directivos y director consiguieron “a dedo”, coronar la captura del botín parafiscal del Fondo Nacional del Ganado, después de haberlo llevado a ley 1116 y defraudar compañías como Friogan.
Las instituciones deben ser diáfanas y transparentes, debemos eliminar la corrupción no solo en el gobierno si no en todas las entidades de economía mixta y gremios.
El segundo requisito es la cultura de la disciplina del trabajo.
La única forma de enriquecernos y enriquecer a la sociedad, es la creación de valor, en la industria manufacturera y en la actividad agropecuaria que debemos priorizar y privilegiar es el trabajo.
Está haciendo carrera en las tres últimas décadas, el populismo, o paternalismo asistencialista del Estado de los denominados “subsidios de Familias en Acción”, que para estos casos excepcionales son un remedio, pero a largo plazo con Petróleo a menos de US$30 por barril, son incosteables.
Además, la historia reciente nos enseña qué las regiones que más se empobrecen son las que reciben más subsidios y limosnas, África, Venezuela y Argentina, mañana Colombia, por oposición los que han escapado de la pobreza son asiáticos y todos aquellos que han educado su población, han puesto a raya las conductas corruptas y han generado meritocracias y disciplinas ganadoras.
El profesor de economía, Eduardo Sarmiento Palacio, tiene una propuesta, visión colectiva de futuro, con la cual coincido, qué es la que él llama “modelo propio”, una visión estratégica, para apostar por la industria y los sectores agro-pecuarios (de la ganadería de carne leche y genética), porque a partir de 1990 se privilegiaron los sectores mineros, de hidrocarburos y de servicios, qué si bien han generado recursos, no generan empleos ni puestos de trabajo.
Consistiría en que el Estado asumiera, vía subsidio al trabajador informal, el faltante, para formalizar a todos los trabajadores colombianos informales, (en la actualidad la actualidad más del 50% lo son), privilegiando el trabajo colombiano.
Debemos erradicar la subcultura traqueta, del enriquecimiento fácil, de los golpes de la suerte y apostar por una cultura del ahorro, pensando en grande y a largo plazo.
Por último, tenemos que superar el factor geográfico, está demostrado que Colombia como país tropical presenta una gran debilidad a enfermedades que nos limitan y son una gran amenaza para nuestra población, su progreso en productividad y eficiencia algunas noticias tales como la Brucelosis, la Leptospirosia, la Tuberculosis y otras como el Dengue el Zika, el Chikunguña, la Malaria y la Fiebre Amarilla, qué también matan, pero no han tenido el despliegue mediático del Covid-19.
No puedo olvidar una limitante de tipo cultural y político y es que desaprovechemos nuestros ríos y su navegabilidad, tales como son el Magdalena, el Atrato, el Meta, el Orinoco y el Amazonas, que nos darán la conectividad fluvial, la más económica y rentable que el país necesita.
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Por: Alberto Castillo Losada
Ganadero huilense

