Durante el aislamiento preventivo obligatorio, debido a la pandemia COVID-19 y con la oportunidad privilegiada de vivir este tiempo desde mi labor como médico colombiano, en Psiquiatría en Argentina, quiero aportar un poco a la descripción de lo que vivimos.
En nuestras clínicas privadas los pacientes internados cada día aumentan más sus niveles de ansiedad, su insomnio, su agitación; que llevan a tener variabilidad en la evolución de sus cuadros de base.
De un momento para otro no pudieron recibir visitas, no pudieron salir con sus acompañantes terapéuticos ni a otras actividades terapéuticas en diferentes dispositivos. Además tuvieron que guardar la distancia, no tocar, no abrazar.
Tuvieron que vernos con tapabocas todo el tiempo; y si atendiendo a un paciente al ver un familiar con su cara cubierta tipo pasamontaña, pensé en los terroristas que había visto en las películas, puedo imaginar todo lo que puede pasar por la cabeza de ellos: terroristas, extraterrestres, fantasmas…; cualquier cosa, pues sé que en realidad “no se puede evaluar la locura desde la cordura”, pero también sé que como seres humanos también ellos tienen imaginación, creación, eso sí, a su modo y eso es claro desde la neurobiología.
En sus casas, los pacientes psiquiátricos ya conocidos y los que empezamos a conocer, no escapan a esta dolorosa nueva realidad. También les ha venido mal porque perdieron el contacto con sus médicos de cabecera, con sus equipos tratantes, dentro de ellos, con su psiquiatra tratante.
Tuvieron que abrir las puertas de su casa a personas nuevas ya sean familiares, cuidadores o médicos que no estábamos antes. Abundan los cuadros de desorientación, depresivos, ansiosos y las personas que tan solo quieren nuevamente su receta ante la terminación de sus medicamentos; todos los casos con un mismo trasfondo, la necesidad de ver y escuchar a alguien diferente a su núcleo familiar que cada vez se vuelve más hostil, poder recibir noticias del afuera, poder recibir palabras de aliento, cariño y esperanza en medio de tanta tensión, incertidumbre y conflictiva intrafamiliar.
Es que de hecho los familiares también hacen parte de esto que vivimos. Abundan las familias depositantes pero también las contingentes y todas descubriendo que se ven abrumados ante la demanda de sus familiares pues ellos (los familiares) generalmente son seres humanos que no han sido formados para dar cuidado a otro y de repente se han tropezado de frente con el cambio de su dinámica diaria y con las realidades que agobian a sus familiares pero que antes veían desde la distancia física en algunos casos y emocional casi siempre.
Finalmente, debo decir que es realmente complicado para todos lo que vivimos pero para ellos (pacientes, familiares y cuidadores) aún más, si tenemos en cuenta que muchos de ellos tienen alteración de su juicio y/o capacidad de crítica ya sea por psicosis, trastornos neurocognitivos o retrasos del nacimiento, crecimiento y desarrollo; como de sus dinámicas familiares disfuncionales.
Ahora que nos estamos reconociendo y visibilizando, es hora de darnos cuenta que no estamos solos en esta nueva realidad y que llegó el momento de saber pedir ayuda y dejarnos ayudar, pues vendrán tiempos mejores pero serán todo un reto para nuestra salud mental.
Pdta: Un gran abrazo y saludo a todos los colegas del área de la salud que siguen entregando sus vidas al servicio de los demás, por favor protéjanse. Y los demás quédense en casa.
—
Por: David Andrés Cangrejo Torres
Médico colombiano en Psiquiatría en Argentina
dactmed@gmail.com – Whatsapp (+57)3133652794
Twitter: @davidcangrejot

