PISA también llegó al Congreso

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Los resultados de PISA 2025 deberían preocuparnos mucho más allá de los colegios. Colombia obtuvo 399 puntos en lectura, frente a 409 en 2022. La OCDE considera que la variación reciente no es estadísticamente significativa, pero el panorama de largo plazo sí es inquietante; el desempeño actual está significativamente por debajo del observado en 2018 y, desde 2015, aumentó en 12 puntos porcentuales la proporción de estudiantes que no alcanza el nivel mínimo de lectura.

La cifra dramática es que apenas el 46% de los estudiantes colombianos alcanza el nivel 2 o superior en lectura, frente al 69% de la OCDE. Dicho de otra forma, más de la mitad tiene dificultades para identificar ideas centrales, relacionar información y reflexionar adecuadamente sobre lo que lee.

Solo 1% alcanza niveles avanzados, aquellos que permiten comprender textos complejos y distinguir hechos de opiniones utilizando incluso señales implícitas de las fuentes.  Quizás PISA no esté describiendo solamente a nuestros adolescentes, tal vez esté retratando a la sociedad que construimos. Basta recorrer X, Facebook o los comentarios de cualquier periódico.

Se insulta antes de leer, se responde al titular sin abrir la noticia, se confunde opinión con evidencia y se interpreta cualquier argumento contrario como una agresión personal. Hemos convertido la incapacidad de comprender un texto en combustible para la polarización.

Y lo verdaderamente grave ocurre cuando ese déficit alcanza a quienes toman decisiones públicas.  Esta semana, el representante a la Cámara Daniel Briceño publicó en X los “vergonzosos resultados de Colombia” y utilizó inicialmente una gráfica cuyo encabezado señalaba claramente “OECD average” para sustentar conclusiones sobre el desempeño colombiano y responsabilizar a Fecode.

Tras ser cuestionado, publicó posteriormente la gráfica correspondiente específicamente a Colombia. El episodio es casi una prueba PISA en tiempo real; leer la fuente, identificar qué representa una gráfica, distinguir promedio internacional de resultado nacional y evitar sacar conclusiones que los datos no permiten.

Lo preocupante no es equivocarse, todos podemos hacerlo; lo preocupante es construir sobre una lectura incorrecta una narrativa política y, desde allí, proponer evaluación docente por resultados, vouchers educativos y expansión de colegios en concesión. Cuando primero aparece la conclusión ideológica y después se buscan cifras para justificarla, dejamos de hablar de análisis y entramos en el terreno de la manipulación.

Tampoco sería intelectualmente serio culpar exclusivamente a Fecode. La propia OCDE advierte que parte del deterioro aparente colombiano está relacionado con algo paradójicamente positivo, más jóvenes de poblaciones históricamente marginadas están accediendo a la educación secundaria y, por tanto, están siendo incluidos en PISA.

Colombia necesita discutir educación pública, evaluación docente, calidad, financiación y participación privada. Todo puede debatirse; lo que no podemos normalizar es hacerlo falseando, confundiendo o seleccionando datos según convenga.

PISA nos deja una advertencia más profunda que un puntaje; un país que no comprende lo que lee es extraordinariamente fácil de manipular. Y cuando quienes deberían legislar tampoco leen bien las gráficas, el problema ya no está solamente en las aulas, está sentado en el Congreso.

Por: Adonis Tupac Ramírez Cuéllar
adonistupac@gmail.com
X: @saludempatica

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