La Nación de los titulares y el país del debido proceso

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Treinta años salvando niños, un día para convertirlo en titular.

Durante más de tres décadas, el doctor Nelson Ramírez Plazas, ha dedicado su vida profesional al cuidado de los niños del Huila y de la región surcolombiana. Como pediatra y especialista en hematología y oncología pediátrica, ha acompañado a cientos de pacientes y familias en algunos de los momentos más difíciles de sus vidas: el diagnóstico de cáncer, las enfermedades hematológicas complejas y la incertidumbre propia de tratamientos prolongados y dolorosos.

Quienes conocen su trayectoria saben que su labor no se ha limitado a la consulta médica. El doctor Ramírez Plazas ha sido un defensor permanente de los niños con cáncer y enfermedades de la sangre, un profesional comprometido con mejorar su atención y una figura fundamental para el desarrollo de la hemato-oncología pediátrica en esta región del país. Así lo recuerdan numerosos pacientes, padres de familia, colegas y profesionales de la salud que han trabajado a su lado.

Como médico hematólogo-oncólogo pediatra vinculado a la planta de personal del Hospital Universitario Hernando Moncaleano Perdomo de Neiva, se ha destacado por su lucha incansable contra el cáncer infantil y por promover la incorporación de nuevas tecnologías y herramientas diagnósticas dentro de la institución. Estas iniciativas han estado orientadas a fortalecer la detección temprana de la enfermedad, facilitar intervenciones oportunas y mejorar el pronóstico y la calidad de vida de los niños atendidos en el principal centro hospitalario de referencia del sur colombiano.

A esta labor asistencial se suma su compromiso con la formación de nuevas generaciones de médicos. Como docente de la Universidad Surcolombiana, ha participado durante años en la enseñanza de pediatría y hemato-oncología, transmitiendo no solo conocimientos científicos, sino también una manera humana y responsable de ejercer la medicina. Muchos médicos formados en esta universidad han encontrado en él un referente académico, clínico y ético.

Su trayectoria también comprende actividades de investigación, asesoría académica y participación como experto en iniciativas relacionadas con el cáncer infantil. Su nombre aparece vinculado a trabajos universitarios, estudios clínicos y guías de práctica clínica nacionales. Este recorrido demuestra una vida profesional construida alrededor del conocimiento, la docencia y la atención de los niños.

Por eso causa profunda preocupación la manera en que el periódico regional La Nación presentó en su página principal al doctor Ramírez Plazas como presunto implicado en la muerte del niño Kevin Arley Acosta Pico. La muerte de Kevin es una tragedia que debe ser esclarecida con rigor, transparencia y respeto por su familia.

Las autoridades tienen el deber de investigar las posibles fallas del sistema de salud y establecer las responsabilidades individuales que correspondan. Pero investigar no es condenar, y una citación a audiencia de imputación tampoco equivale a una declaración de culpabilidad.

Hasta el momento, la audiencia de imputación ha sido aplazada y no existe una decisión judicial que declare responsable al doctor Ramírez Plazas. Además, se han publicado versiones contradictorias sobre su verdadera vinculación con la Nueva EPS y sobre su actuación como médico tratante. Mientras algunas informaciones lo presentaron como auditor o gerente regional de esa entidad, él ha manifestado que nunca ocupó tales cargos y que su intervención se limitó a atender al menor como hematólogo pediatra y ordenar el tratamiento que requería.

El periodismo tiene el derecho y el deber de informar sobre los procesos judiciales de interés público. Sin embargo, esa responsabilidad exige precisión, contexto y equilibrio, especialmente cuando una publicación puede comprometer el buen nombre de una persona antes de que los hechos hayan sido esclarecidos. Un titular destacado puede instalar ante la opinión pública una condena anticipada mucho más difícil de revertir que cualquier rectificación posterior.

La trayectoria profesional no concede inmunidad frente a la justicia, pero tampoco puede ser ignorada al presentar una información todavía sometida a investigación.

El doctor Nelson Ramírez Plazas tiene derecho a la presunción de inocencia, al debido proceso y a que su nombre no sea reducido a un señalamiento judicial que aún no ha sido debatido ante un juez.

Kevin y su familia merecen verdad y justicia. El doctor Nelson Ramírez Plazas merece garantías, respeto y un tratamiento informativo responsable. Defender ambas cosas no es contradictorio, es precisamente lo que corresponde en una sociedad que cree en la dignidad humana, en la justicia y en el ejercicio serio del periodismo.

P.D. El cáncer exige rigor; el periodismo también.

Por: Faiver Augusto Segura Ochoa
X: @faiver_segura

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