La Alcaldía de Neiva y el mito del segundo

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La mentira que Neiva tiene que derrotar

En Neiva nos han querido vender una idea peligrosa: que el que queda de segundo en las elecciones es, casi automáticamente, el próximo alcalde. Lo repiten como si fuera una ley natural, como si la democracia fuera un trámite y no una decisión ciudadana. Pero digámoslo sin rodeos: eso no es un análisis político, es una mentira conveniente y útil para una campaña desesperada.

Las cifras reales de las últimas elecciones desmontan ese cuento. El segundo lugar, ocupado por Héctor Javier Osorio Botello, apenas superó el 11% de los votos, y muy cerca, respirándole en la nuca, quedó Jorge Andrés Géchem con poco más del 9%. No hubo dominio, no hubo arrase; lo que hubo fue una ciudad fragmentada, dividida en múltiples fuerzas, sin un liderazgo claro que lograra imponerse con contundencia.

Esa fragmentación no es una debilidad, es una oportunidad. Es la evidencia de que Neiva no tiene un rumbo definido y de que hay espacio real para construir una mayoría distinta. En ese escenario, Jorge Andrés Géchem no solo compitió: se posicionó como una alternativa que puede crecer, sumar y consolidar el liderazgo que la ciudad no encontró en esa elección. Esto nos invita a no quedarnos en el pasado, sino a trabajar en el presente para construir el futuro.

En ese contexto, surge una pregunta inevitable: ¿de dónde sale la idea de que quien quedó de segundo ya tiene asegurada la próxima elección? No viene de los resultados ni de una ventaja real, viene de una costumbre mal entendida, del conformismo político y de una narrativa que busca evitar la competencia. Pero hay que decirlo con claridad: quedar de segundo no es garantía de nada, en democracia, las elecciones no se heredan, se ganan.

Porque ese mito no es inocente. Sirve para desmovilizar, para hacerle creer a la gente que todo está definido, que no vale la pena intentar, que el resultado ya está escrito. Pero Neiva no está definida, Neiva está abierta, y ahí es donde algunos no quieren mirar: en la realidad incómoda de que entre el segundo y el tercero no hay una distancia insalvable, sino una oportunidad gigantesca.

Jorge Andrés Géchem, no representa una cifra del pasado, representa una posibilidad real hacia el futuro. Mientras otros se aferran a un segundo lugar débil y sobredimensionado, aquí hay una candidatura que puede crecer, sumar y romper la inercia política de la ciudad. Porque hay algo que sí es cierto: las elecciones no las gana el que quedó mejor posicionado en el pasado, las gana el que logra convencer las mayorías ciudadanas en el presente.

Hoy el verdadero debate no es quién quedó de segundo, sino si Neiva va a seguir repitiendo mitos o si se va a atrever a cambiar su historia. Seguir creyendo en ese cuento es resignarse; romperlo es tomar una decisión. Y esta vez, Neiva tiene con qué hacerlo, porque no hay nada más poderoso que una ciudad que deja de creer en mentiras y empieza a creer en una alternativa real.

Y sí, esa alternativa existe. Y sí, puede ganar. Pero solo si dejamos de actuar como si todo estuviera decidido.

Por: Hugo Arciniegas

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