¿Saben ustedes lo que se siente regresar al país que te vio nacer después de casi tres años de ausencia? Creo que solo los que hemos migrado conocemos esa respuesta.
Salir de tu país de origen nunca será fácil, ya que no solo dejas atrás a tu familia y seres queridos, sino también porque renuncias a tu carrera y te vas a empezar una nueva vida en un lugar desconocido, donde te retas en todos los aspectos, floreces de muchas maneras, y creces.
Planeé mi viaje a Colombia desde hace aproximadamente dos años. Al final, nada resultó como lo imaginé en el momento que partí; pensé que regresaría pronto, que tendría suficiente para comprar casa, carro y tantas cosas que se fueron desmoronando con cada pedazo de realidad que trae consigo la migración, sobre todo en países donde realmente no te llenas de plata, pero sí de vivencias. Fui muy feliz al regresar a mi tierra, reencontrarme con mis seres queridos, ver cómo estaba todo (aunque no ha cambiado mucho, específicamente Neiva), compartir con viejas amigas y reunirme con Teo, el nuevo integrante de la familia.
Qué puedo decir… cuando estás lejos valoras todo con mucha intensidad, detalles que antes eran insignificantes o quedaban en un segundo plano, como hacerte las uñas, ir al odontólogo, recibir un masaje, comerte un buñuelo, se vuelven lujos que no puedes permitirte tan seguido en el exterior, yo no, al menos por ahora, Todavía recuerdo el día que me fui, no me gustaba el tamal ni el sancocho, y cuando estuve, más de uno pasó por mi paladar.
Leí por ahí que irse de Colombia es como divorciarse estando todavía enamorada. Cuánta verdad en esas palabras, porque yo amo mi país: sus colores, sus montañas, el bocadillo, las empanadas, la alegría de la gente y, sobre todo a mi familia. Sin embargo, a pesar de todo eso junto, hace unos años tomé esta decisión y, por ahora, mi objetivo es ahorrar para mi siguiente viaje por tierras colombianas. No existe hay nada como regresar después de desearlo tanto y tomarte un juguito de cholupa.
Nunca dejaré de decir lo hermosa que eres, Colombia; de apreciarte desde la distancia y añorarte cada día de mi vida. Tierrita, lo tienes todo y no lo reconocemos mientras vivimos allí. Jamás me cansaré de decir que soy orgullosamente colombiana, y sí, me molesta cuando me dicen que no parezco de allá, porque yo me siento profundamente patriota, me enaltecen mis raíces y me alegra poder gritarlo a los cuatro vientos. Siempre le diré a todo el mundo, desde el otro lado del «charco», que vayan, que es muy bonito, que es peligroso, sí, pero no es tanto como lo pintan; toca tener cuidado y ya.
Me fui sin voz de mi Neiva querida, lo que para nosotros los colombianos significa que la pasamos bueno. Mi tierra me dio nuevamente lo que tanto me faltaba: el calor del hogar, el sabor de su comida y las maravillas que guarda. Ya sueño con volver, abrazar a todos los que amo y decir otra vez: aquí estoy, pero bueno, ya sabemos que para eso aún falta un buen tiempo.
Es increíble cómo los que salimos del país lo añoramos como si nunca hubiéramos estado allí, o tal vez, solo soy de ese tipo de personas que se emociona viendo videos de otros regresando, viajando, llorando al reencontrarse, y me da esperanza de pensar que algún día, quizás en algunos años, volveré al país que me vio nacer, porque la tusa es muy brava.
Después de los gloriosos, llegaron los dolorosos. Despedirme de mi papá y luego de mi mamá, me hizo reflexionar sobre ese adiós, que no estaba en mis cálculos, claro, pensé en el paseo, el restaurante, el cine, el mar, pero no en el adiós, y ese sí que dolió. Migrar es un constante decir adiós, porque en el momento que te vas por primera vez, empieza una cadena de despedidas que no se detiene, ya sea cuando vuelves o cuando te visitan, y siempre acompañadas de un sinfín de emociones, ya que, aunque quieres estar allá, tu vida la estás construyendo lejos. Qué nostalgia.
P.D. Es bien conocido que por cada final hay un nuevo comienzo, entonces, como hay un adiós interminable en la migración, igualmente pueden existir muchos nuevos comienzos: retomar la rutina, adaptarse al horario, abrazar a quienes tenemos cerca en esta aventura y planear la siguiente visita, que si bien no son tan frecuentes como quisiéramos, a mí me llenan de ilusión. Así que, Ma, Pa, Teo y familia, este no es un adiós, es un hasta pronto cargado de amor. Mucha fuerza a quienes, como yo, están por fuera del país, somos unas guerreras y guerreros.
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Por: Daniela Muriel Trujillo
X (Twitter): @danielamuriel25

