El jueves pasado, después de subir lo que parecieron mil escalones hasta llegar a la loma de San Antonio (sitio turístico de Cali, donde se consiguen desde obleas y mazorcas hasta caricaturas y artesanías), cual viento de la Rosa de Guadalupe, me llegó la inspiración para la columna de esta semana.
“Bienvenida reina, siga mi amor… le tengo el ajuicia maridos y el agarra novios, para que le planchen, le laven y la mantengan contenta, siga, siga… bienvenida a Hippichape”.
Me tocó detener a ese buen hombre quien afanado me mostraba toda su colección de manillas, llaveros y aretes, porque ya mis ojos no podían abrirse más, cada palabra que decía me iba despelucando de a poquitos, ni el gel más determinado hubiera impedido que se me pusieran los pelos de punta.
¿Será qué tengo cara de andar buscando marido? Se nota que no ha leído mis columnas. Pues gente querida… yo no había terminado de preguntarme eso cuando apareció otro rebuscador caleño, de esos regados desde La Guajira hasta el Putumayo, (si no sabe de geografía significa que están a lo largo y ancho del país), persuadiéndome de comprar su mercancía con un –se le tiene mi amor ¿qué buscaba?, le tengo la manillita para que ponga a suspirar a ese hombre que le quita el sueño, usted se la amarra y pide un deseo, venga le ayudo… hágale, páseme la manito ¿por qué tan tímida linda?-. Yo no sabía si salir corriendo, reírme o ponerme a escribir, ¡en serio!
Terminé comprando un anillo de tagua por unos módicos cinco mil pesos, para el recuerdo y para el corazón (o sea el dedo de la mitad, donde me los pongo todos).
En todo caso la situación no podía ser más irónica, ya que fui a un encuentro en la Subsecretaría de Equidad de Género de Cali, con organizaciones sociales increíbles como la Ruta Pacífica de Mujeres, para terminar comprobando que el sexismo vende y está por todos lados, ¡hasta en la loma de San Antonio! Porque de este mal de la cultura, ni “lo alternativo” se salva.
La buena noticia para el país del rebusque, es que hay mil formas de ser una persona entradora o de hacer marketing, con las que no necesitan echar mano de expresiones o ideas que dan por sentado qué quiere, piensa o necesita una clienta como yo por el hecho de ser mujer: eso es cortarnos con la misma tijera.
Y una bien pompa por cierto, porque está mandando a recoger que lo que más nos trasnocha es conseguir marido… a las nuevas generaciones primero nos quita el sueño viajar, estudiar, aprender idiomas o hasta ver una película de terror, que consagrarnos a la sagrada institución del matrimonio. Y yo personalmente me antojo más fácil de lo que me quiera vender si no me busca novio ni me agarra la mano sin mi permiso.
La cereza en el pastel sin embargo no fue esa, porque mi tierrita linda de Neiva y sus personajes tampoco se salvan. Dos días después me vi a mi misma en el Festival Internacional de Narradores de Historias de Casa Teatro (espacio cultural muy conocido en el municipio) viendo y oyendo un derroche de sexismo en cuanta cosa recitaban un par de hombrecillos. Mi incomodidad se transformó en trauma cuando su anfitrión llevó al público a los tiempos de su adolescencia, a sus 14 o 15 años para ser exacta.
Muy campante y dicharachero, contó jocosamente cómo sus amigos se repetían hasta el cansancio los unos a los otros la expresión: “concrétela, concrétela”. La versión antigua del “pídaselo”, según la lumbrera de artista. ¡Cómo para haberlo conocido, qué belleza!
Y como siempre todo puede ser peor… para cerrar de manera magistral, dijo cuál era la frase ganadora para “concretar” (o pedírselo) a las mujeres de ese entonces: “Acompáñame hasta debajo del puente, para que yo te muestre como es que se hace la gente”. ¿Aplausos? No creo ¿tomates? ¡Sí, y deme una tonelada!
Qué haremos pues con un mundo de artistas de la madera y del verso, tan preocupados porque no se nos vaya el tren ni el marido o por maquillar hasta la mojigatería las tácticas masculinas cuando lo único que se quiere es obtener sexo y, así la aprobación de los machos alfa.
Yo quiero vivir en un país donde berraquísimo no sea quien “nos concreta”, sino quien se atreva a hacer humor, contar historias o vender cosas sin caer en todos estos clichés ¿usted no? A no ser que tengan la creatividad temporalmente fuera de servicio.
—
Por: Claudia Álvarez – claudialbaricoque@gmail.com
Twitter: @cmalvarezh



