Eran las 5:00 a.m. y me corrió afán, pues cuando se anda en bicicleta y haces parte del grupo de personas que lideradas por el alcalde Rodrigo Lara, convocamos a toda la sociedad neivana a no usar el carro ni moto y utilizar medios alternativos de transporte, la responsabilidad no es mínima y todo debe estar preparado, el día de la bicicleta es una invitación a la realización de una acción colectiva, de esas acciones pedagógicas que mi maestro Antanas Mockus, promovió en Bogotá y que hoy lo tiene en el pedestal de ser uno de los líderes más reconocidos en cultura ciudadana en el mundo.
Lo primero. Llevar a mi hijo al colegio en su bicicleta, no niego que da miedo, pues los procesos culturales pasan por una enorme resistencia al cambio y por temores fundados o infundados que lo quiebran a uno a la hora de experimentar, máxime cuando un ser querido está de por medio; pero como si existieran un pacto con San Pedro, la mañana fue fresca, pero el hecho de encontrar las calles inundadas, hace que el ciclista trate de evadir los charcos y de paso exponerse a ser arrollado. En muchas ocasiones serví de escudo humano para que mi hijo pudiera pasar tranquilo y evitar que los carros, que no eran muy solidarios, le hicieran daño. Al tomar la recién creada ciclo ruta todo cambió, la naturaleza se hizo más palpable y la confianza regresó al punto que mi hijo me dejó tirado.
Ya entrando al colegio, se presentó un pequeño dilema, la seguridad de la bicicleta; pues no existen parqueaderos para las mismas y tocaba dejarla al aire libre, con la advertencia del celador de “que por aquí ya se han llevado algunas”, en fin, nos tocó confiar y dejarla en esas condiciones.
Salí para el Centro de Atención a los jóvenes del Sistema de responsabilidad para adolescentes de la Fundación FEI, cuando me encontré a un amigo que venía con su hijo en la parrilla de la cicla para el colegio, el compartió igualmente sus miedos, y manifestó que a pesar de que su hijo tenía cicla, el hecho de mirar la agresividad de algunos conductores le impidió tener la seguridad de traerlo en su cicla y prefirió venir en una sola bicicleta.
Cuando llegué al Centro de Atención me detuve en la entrada a tomar una fotografía para hacer registro del establecimiento y un agente de policía me llamó airoso cuestionando tal actuación, le expliqué que era para mi trabajo e insistió en que no podía hacerlo, nuevamente le dije que tenía una cita y que como Secretario de Gobierno simplemente estaba haciendo mi trabajo, y una vez ya supo el cargo me dejó hacerlo sin problema, mi intuición me dice que si hubiese llegado en carro y con escoltas, muy seguramente esto no hubiese sucedido. La bicicleta contrario a lo que debería ser para muchos, es sinónimo de personas de poca importancia, pobres y no implica ningún grado de reconocimiento social, que como servidor no necesariamente merecemos, pero sí como personas con iguales derechos y obligaciones.
Luego de la maravillosa experiencia de conocer el trabajo de los responsables de la fundación FEI y de sus muchachos, salí deprisa para el Parque de la Música donde estaba previsto la realización del foro “Neiva la ciudad de la bicicleta”, la experiencia fue enriquecedora, cuando se anda en bicicleta, se siente a las personas, se comparte con ellas y se mira el paisaje de una forma diferente, no saben el gusto que sentí cuando me encontré a otros que estaban haciendo lo mismo, una mirada sonriente y un siga usted “parcero” de un ciclista para darme la vía, fueron uno de los tantos intercambios sociales que me permitió este día memorable.
Ya en el foro, como estaba previsto, asistieron más de 500 personas y nuestro alcalde Rodrigo Lara Sánchez, se fajó una ponencia sobre lo que la ciudad está pensando en torno a la cultura de la bicicleta, más de 60 kilómetros de ciclo rutas, bicicletas públicas, parqueaderos y como Neiva hace parte del programa ciudades emergentes y sostenibles de la ONU, así como la experiencia de su reciente viaje a Holanda, hicieron parte del menú de este exquisito foro que me llenó de ganas de no renunciar a montar en mi bicicleta.
Los ponentes no fueron inferiores, uno a uno me llenaban cada vez de más argumentos para no bajarme de la bicicleta, Jaime Monje de la Universidad Surcolombiana, por ejemplo, presentó una cadena de planteamientos que justificaban el uso de la bicicleta, la salud y el buen estado físico y psicológico, es parte de ejercicio diario y la bicicleta es el ingrediente para combatir enfermedades no transmisibles como la diabetes, hipertensión y el tan nombrado estrés.
Me causó curiosidad el cuadro comparativo de como la bicicleta le aporta a la economía del hogar, mientras un carro tiene como costo $500.000 al mes en mantenimiento y costos de gasolina; una cicla exageradamente cuesta $12.000.
Gloria Esperanza Narváez, orgullosamente neivana e investigadora de la Universidad Nacional de Colombia, nos demostró como el uso de transportes alternativos contribuye significativamente a la disminución de la emisión de CO2 y por supuesto, a la no contaminación ambiental, ella misma vio con esperanza que su tierrita se esté abriendo paso a este tipo de iniciativas y manifestó su voluntad de acompañarnos en el proceso.
Natalia Piñeros, encargada del programa de Ciudades y Movilidad Sostenible en la Embajada del Reino de los Países Bajos de Holanda, nos descrestó, mostrando como los holandeses desde el primer ministro Mark Rutte, hasta el más común ciudadano de Holanda, va en bicicleta a su trabajo, mas del 60% de los holandeses se transportan en bicicleta, y este fue un proceso que arrancó en los años 70’s luego de constantes protestas como producto de las altas tasas de accidentalidad, los muertos y lesionados que se generaban.
La armonía del uso del espacio público es parte del éxito de los holandeses, peatones, ciclistas y conductores de vehículos circulan armónicamente sin ninguna dificultad. Obviamente, esto fue un proceso de más de 40 años, que hoy celebra sus frutos convirtiéndose en el país de la bicicleta, sostenible y amigable con el medio ambiente.
Me dirigí nuevamente hacia otro sitio de reunión, esta vez en la Policía Metropolitana, donde se celebraba el Día del Niño; la pendiente del parque de la música fue un reto que puso a mil mi corazón, pero la satisfacción de llegar a la cima fue inmensa, en un semáforo me encontré a una amiga con la que tenemos proyectos en conjunto y allí concertamos una cita.
La experiencia con los niños fue mágnifica, sobre todo porque el alcalde les realizó varias preguntas sobre el tema del medio ambiente y todos respondieron positivamente al unísono, lo que nos permite deducir que el chip del medio ambiente los niños ya lo tienen incorporado.
Regresé a la casa, ya con el cuerpo un poco golpeado por el trajín y por el inclemente sol del medio día, pues se me olvidó la necesidad del uso de los guantes y una camisa manga larga para evadir los rayos solares.
Ya en la tarde acompañé a mi esposa a tomar el servicio público de transporte, y pensé en seguir el colectivo a ver quien llegaba primero, en el primer y segundo semáforo siempre los alcancé, mientras que compartía con ella una sonrisa con sus hermosos ojos, de hecho los podía haber pasado, pero en el tercero, mi bicicleta se me varó y me tocó buscar en la Carrera 7 un taller para arreglarla, el diagnóstico, un pedal averiado y la necesaria realización de unos ajustes, se vino a mi memoria los 2 millones de pesos que pagué hace algún tiempo por la reparación de mi vehículo, y la prosa característica de los mecánicos que con su lenguaje terminan ‘dándole a uno en la cabeza’. La cicla estaba arreglada, el mecánico extraterrestre me dijo “son $1.000”, y salí del taller enormemente agradecido.
En la tarde, me desplacé a Las Ceibas EPN, en donde tenía una cita para hablar de unos temas de infraestructura, y llegando le pregunté a la portera dónde podía parquear mi bicicleta, y ésta en tono burlón y con la aprobación de otros, me dijo que en un parqueadero, le insistí que trabajaba en la Administración y que me colaborara, pero fue imposible, hasta que no hablé con un funcionario que me conocía, quien me permitió guardarla.
Luego de la reunión nuevamente tomé la Carrera 6 y me encontré a exalumnos de la universidad quienes me saludaban con sorpresa y alegría al verme en mi medio transporte.
Finalmente, pasé de nuevo a recoger a mi esposa a quien abracé y besé como nunca, pues me sentí como en nuestros días de noviazgo, cuando pasaba a pie a recogerla, bueno, este día fue en bicicleta, procedí nuevamente a seguir su bus, llegando en el mismo tiempo a la casa.
La bicicleta llegó para quedarse en mi vida, y este día será memorable para muchos, me siento orgulloso de pertenecer a este equipo de trabajo que con Javier Aragón, Faiver Segura, Gloria Gómez, Cristian Polanco, Jimmy Puentes, Liliana Ocampo y Raúl Rivera, entre otros, logramos que esta semana sea recordada como un intento más de mejorar la cultura ciudadana en nuestra hermosa ciudad.
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Por: Alfredo Vargas Ortíz – @Alfredovargaso
Secretario de Gobierno de Alcaldía de Neiva





