Transporte público: La culpa es de la vaca

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Toda ciudad moderna y desarrollada tiene entre sus fortalezas un servicio de transporte público eficiente, el cual satisface las necesidades de movilidad de la mayoría de la población. Eficiente significa digno, con tiempos de recorrido aceptables, seguro, y con un costo razonable de funcionamiento, el cual se transfiere directamente al usuario. También debe ajustarse a las condiciones  ambientales y culturales de la región, esto garantiza el éxito o puede condenar al fracaso millonarias inversiones.

El caos en el transporte y su consecuente incremento en los tiempos de movilidad en países de América Latina, son una gran preocupación de gobiernos locales. Ante el reto de mejorar la movilidad, en Colombia, y enfocado en ciudades intermedias como Neiva surgieron por iniciativa del Gobierno Nacional los Sistemas Estratégicos de Transporte Público SETP. Con poca o nula socialización con las comunidades interesadas en los proyectos, se destinaron miles de millones de pesos para ofrecer una solución a la movilidad. Varios de ellos en actual construcción, pero con serias dudas y debilidades en cuanto a la sostenibilidad de los mismos. Por esta razón, el Departamento Nacional de Planeación decidió adelantar estudios que serán la hoja de ruta en cuanto a transporte urbano en el país, los cuales se presentarán ante el Consejo Nacional de Política Económica y Social (Conpes), de donde se espera salga una luz y el desatasco de estos proyectos en Colombia.

Uno de los problemas planteados que van en contra de la sostenibilidad del proyecto, es la creciente informalidad en el transporte público. La solución propuesta ha sido condenar el uso de la moto como medio de transporte. Si bien las motos no son consideradas en el Código Nacional de Tránsito como un vehículo de transporte público, y por lo tanto la legalización del mototaxismo tal y como lo conocemos no resulta viable, la moto resulta ser un medio de transporte económico y eficiente, para muchas personas y empresas. Entonces, la batalla no es contra las motos.

Para darle salida a esta problemática, se debe partir de la implementación de un servicio de transporte público eficiente, que le pueda competir a la informalidad y a las motos. Campañas destinadas a promover un transporte rápido, seguro y ambientalmente responsable y a un costo justo, podrían ser parte de la estrategia a implementar para desestimular la ilegalidad. Tarifas preferenciales para niños, estudiantes y adultos mayores, incentivarían su utilización.

De no lograrse reinventar el transporte público en ciudades como Neiva, innovar en el mismo, pensar en distintas modalidades de transporte, su desarrollo y sostenibilidad financiera estarán amenazadas, y seguiremos pensando como en el libro famoso  “La culpa es de la vaca” en donde le echaban la culpa a la vaca por la falta de competitividad de la industria del cuero, que la culpa es de las motos. Fácil respuesta.

Por: Rodrigo Lara Sánchez – @Rodrigo_LaraS

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