Actualmente, se ha venido presentando unos fenómenos desestabilizadores que están afectando la salud económica de la sociedad, que están afectando el bienestar de las familias y por ende, están colocando en jaque el manejo macroeconómico del país.
Lo informábamos en el editorial de la semana anterior, que cuando creíamos que las cifras de contagios y fallecimientos provocados por el Covid estaban decreciendo, la sociedad colombiana empezó a generar unos niveles de escepticismo por los anuncios de las autoridades sanitarias, que estamos ad-portas del inicio del cuarto pico de la pandemia, producto del incremento de casos confirmados y muertes por este mortal virus.
Muchas de las fatalidades son personas no vacunadas, mientras que otro gran porcentaje son de mayores o gente con comorbilidades. Y para completar este panorama incierto, es que existe una proporción alta en la población mundial que se resiste a la aplicación de la vacuna contra este virus mortal, obligando a los gobiernos de algunos países, a implementar medidas severas.
La nueva cepa del coronavirus sigue golpeando la economía, provocando que la divisa norteamericana puede superar en los próximos días, la barrera de los $4.000, inclusive se prevé que llegaría a superar la cifra de los $4.200.
En vísperas de la temporada navideña, esta es una mala noticia para los consumidores que comprarán sus regalos navideños importados, en tiendas online extranjeras o que planean sus vacaciones en el exterior.
Algunos expertos estudiosos del mercado de valores están observando en el mercado de capitales, un incremento en la aversión al riesgo generado por el temor de la nueva variante de coronavirus, lo cual ha obligado que se están vendiendo activos de riesgo como acciones, comodities y divisas emergentes y se están comprando activos refugio como los tesoros americanos, oro y dólar.
En lo corrido de 2021, el peso colombiano se ha devaluado 14,38%, lo que la convierte en la tercera moneda emergente con la mayor caída, después del peso argentino (-16,46%) y la lira turca (-39,85), según el índice de Bloomberg.
Este fue un año que empezó muy bien para el sector productivo del país. La industria tuvo un primer trimestre muy bueno con un aumento en la demanda, que en general, creció todo el año. Con el paro, salió afectada y todavía está sufriendo las consecuencias.
Se han incrementado los costos de energía, logísticos y de transporte, que junto con la reforma tributaria aprobada hace tres meses, se trasladan al mercado de bienes y servicios. Los precios se están incrementando al consumidor, generando un aumento de la inflación.
Y para completar la crisis, la cabalgata inflacionaria que experimenta la economía no es exclusiva de Colombia; el mundo vive una auténtica resurrección del costo de la vida ocasionado por la destorcida postpandemia de los precios de las energías, la demanda de containers y la disparada de los fletes de transporte.
Las tarifas altas no son buenas para nadie, ni para los productores, ni para los consumidores; es una tendencia que parece se va a instalar hasta bien entrado el primer trimestre del próximo año, situación que obligará a los bancos centrales a subir las tasas de interés para ir desinflando la variación al alza de los precios.
El elevado costo de vida, medido por las canastas familiares o las cestas de precios, está protagonizado especialmente por los alimentos que dependen de materias primas, abonos, químicos, fungicidas y transporte para ser producidos.


