“La obligación de los seres humanos no consiste solamente en acogerse a las leyes, sino en la toma de conciencia colectiva para mantener la sostenibilidad del planeta”
En las últimas décadas, gran número de empresas alrededor del mundo han tenido que adaptar sus operaciones a una situación actual de mayor compromiso, no solo con el medio ambiente sino también con la sociedad en su conjunto. La búsqueda solamente de un beneficio económico, ha tenido que ceder lugar al desarrollo de nuevos objetivos en el campo de la responsabilidad social, del cuidado del medio ambiente y la preservación de los recursos naturales, pasa desde un enfoque estratégico netamente económico a uno cada vez más social y ambiental, en un alto grado de compromiso con la sostenibilidad y con los diferentes grupos de interés.
Absolutamente todas las acciones que realizamos los seres humanos al momento de producir un bien o entregar un servicio genera un impacto sobre el medio ambiente, dicha situación modifica el equilibrio de los ecosistemas y posteriormente el entorno sufre un sin número de alteraciones que se denominan: impacto ambiental. Este impacto puede ser positivo como negativo, pero normalmente es negativo pues todo proceso industrial tiene fuertes repercusiones medio ambientales por la extracción y explotación de materias primas, su posterior transformación en bienes o servicios, el consumo de energía muchas veces no renovable, así como recursos perecederos y finalmente los residuos de los productos o servicios comercializados por parte de los consumidores.
La responsabilidad social no puede ser dejada a un lado. Los continuos cambios del mercado, de los consumidores, la contaminación, la escasez de recursos y materias primas favorecen la búsqueda de nuevas maneras para preservar lo que actualmente tienen las empresas en la realización de sus operaciones comerciales. La responsabilidad social también exige de los empresarios una capacidad de adaptación y flexibilidad al propiciar nuevas estrategias comerciales y de producción en pro del mundo y la preservación del mismo.
A lo largo de mi trayectoria profesional he tenido la fortuna de conocer y trabajar con varios empresarios y directivos, y de mantener largas conversaciones sobre su visión de futuro, a muchos de ellos les he escuchado todo tipo de razones, más bien excusas para ignorar la importancia de integrar la responsabilidad social y la sostenibilidad en la estrategia de la empresa y su cultura corporativa. ¡Gran error!
Si una empresa es socialmente responsable, será bien percibida y resultará mucho más atractiva para los grupos de interés, mejorando así su reputación, impacto y retorno de las inversiones. En definitiva, contribuir de manera positiva a la sociedad y al medio ambiente, gestionando el impacto de la actividad empresarial sobre el entorno, puede aportar beneficios directos, para garantizar la competitividad de la compañía a mediano y largo plazo.
La Agenda 2030, los 17 ODS y sus 169 Metas representan la concreción práctica de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas que, sumada a muchas otras iniciativas nacionales e internacionales en materia social y de protección del medio ambiente, constituyen el marco general de actuación en materia de desarrollo sostenible. Bien puede servir a las empresas de guía de acción y fuente de inspiración en su ejercicio de adquirir un mayor compromiso con la sociedad y el medio ambiente.


