La propuesta hecha por el alcalde de Neiva Rodrigo Lara Sánchez ha generado especial polémica en diferentes sectores de la comunidad capitalina opita porque rompe con la tradicional costumbre de ir a almorzar a la casa y reposar un poco mientras se toma el alimento en compañía de la familia.
La gran saturación de vehículos ha hecho que en esta ciudad la movilidad se haya convertido en un denso problema de desplazamiento que día a día se complica más y hace más difícil llegar a nuestros destinos, ya sea hogar o lugar de trabajo, además de la dificultad que existe para conseguir parqueaderos.
Las propuestas que van encaminadas a generar cambios en ciertas costumbres de la población generalmente no son bien vistas o bien recibidas, toda vez que llegan reformando abruptamente algunas maneras de vivir o de hacer las cosas, pero en realidad lo que buscan verdaderamente es la solución a problemáticas latentes que se generan a raíz de los fenómenos comerciales y de desarrollo económico de las urbes.
Hace un par de décadas en Bogotá no se pensaba en una reglamentación de pico y placa que permitiera un flujo menos congestionado de automotores por las calles de esta metrópoli, sin embargo la invasión de carros de todo tipo fue dándose de manera acelerada y fue precisamente en el primer gobierno de Enrique Peñalosa, en el año 1998, cuando se dio inicio a esta norma de tránsito que impone una restricción de circulación obligatoria en el área urbana a vehículos privados tipo automóvil y de servicio público en horarios «pico».
Inicialmente se hizo un proceso pedagógico y de adaptación de la ciudadanía y poco a poco, mientras se iban acomodando a la medida, se fue ajustando y haciendo de esta una norma de obligatorio cumplimiento a la cual ya están acomodados todos los residentes en esta gran ciudad.
De todas maneras, siendo muy respetuoso con la propuesta del alcalde, pienso que existen maneras de mejorar el flujo vehicular exigiendo a las empresas de transporte urbano mejores condiciones para que las personas se puedan desplazar de manera más cómoda y segura a sus destinos en esta ciudad que aunque está creciendo vertiginosamente aún es pequeña.
Por ahora recibimos los dicho por el ejecutivo como una salida a los problemas generados por congestión vial, la cual seguramente estará sometida a estudios y análisis a profundidad, midiendo impactos tanto sociales como económicos en la población y revisando qué tan benéfica podría ser desde los mismos puntos de vista.
De cocinarse dicha proposición y volverse realidad tendremos que salir en la mañana de nuestras casas diciendo a nuestra esposa e hijos: bueno familia, que Dios los bendiga, nos vemos por la noche.
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Por: René Cantillo Álvarez – renedcantillo1@hotmail.com



